domingo, 8 de marzo de 2009

Reconstrucción



El día era perfecto, no se le podía pedir más: con los primeros rayos cálidos de sol, la brisa fresca de la mañana y tu sonrisa resplandeciente. Tenía que empezar a ver más allá de ese revoltijo de sensaciones dolorosas que no querían borrarse de mi mente, aprender a convivir con ellas porque ya no se irían jamás. Ese pequeño simulacro de felicidad me había dicho muchas cosas, me había dado algo que valorar, en aquel momento tan duro y estaba decidida a hacerle caso, sin olvidarte nunca.

1 comentario:

Anónimo dijo...

claro, así debe ser.

Claire_fisher.