viernes, 8 de mayo de 2009

Idiota







Me miro y sigo teniendo el semblante serio,no logro desembarazarme de la absurda sensación de desconsuelo que me embarga, una vez más. Las lágrimas fluyen libremente, sin querer, no logro retenerlas el tiempo suficiente cuando las cosas me duelen,no puedo evitarlo, y debo ofrecer un aspecto lamentable, porque detecto muchas de las miradas de la gente que deambula por la calle, fijas en mi rostro, que seguramente esté surcado por rasgos de maquillaje a punto de desaparecer, pero no me importa, ya no tengo nada que demostrar a nadie.

Cuando, no sin esfuerzo, logro ocupar el asiento que me corresponde, lo suficientemente alejado de los demás viajeros del autobús, las dejo brotar a su antojo, al fin y al cabo nadie ya puede verlas, ni sentir pena, compasión o vergúenza, y las posibilidades de recomponer el rimmel que se escurre entre mis pestañas son escasas, como las ganas de dejar de llorar.

En el trayecto la impotencia me envuelve, por tanta hipocresía, falsedad y mentira, y sobre todo por la mala baba o el mal tino del propietario de las palabras que me condujeron a aquel estado cataléptico, que no ayudaron en ningún momento a la contención. Antes había sentido una profunda pena, procedente de algún lugar extraño de mi cerebro, aquel en que se acumulaban los recuerdos de otras situaciones similares, rabia por mi estupidez y por la maldad ajena, presenciada de muchas y muy diversas formas y por mi soledad, que nunca se había manifestado tan intensamente.

La música suena muy alta, o todo lo alta que puede sonar después de romper el auricular derecho con la presión rabiosa de mi codo; pero ni el estruendo de las guitarras logra evadirme, solo oigo las malditas letras que resuenan fuertemente en mi interior. Las canciones solo hablan de amor, y eso es lo último que necesito escuchar, porque el amor ahora se asemeja en mi cabeza a la "nada" que luchaba por invadir Fantasía, en aquella novela de Ende que tanto me gustó años atrás o es más bien un concepto que he de redefinir nuevamente en mi vocabulario, después de una enrabietada lucha conmigo misma y mi idealización masoquista del concepto.


Al final del viaje no queda nada, lástima quizá, por el hecho de que mis lágrimas se hayan convertido en un problema del que todos quieren desentenderse, pero que no irá a más en mi firme propósito de callarme la boca por siempre jamás. Mejor pasar por muda, que por estúpida, que es a fín de cuentas lo que todos piensan, ahora, incluso yo.

2 comentarios:

Lourdes dijo...

jamas pense que fueses estupida sino todo lo contrario, animate!! y no te preocupes cada uno llora en el momento que lo necesita, llorar no nos hace estupidos demuestra que somos sensibles y eso jamas sera malo. Y si hay palabras que dichas por determinadas personas pueden doler mucho mas, pero se fuerte, seguro que no llevaban tanta maldad como ahora te crees!!

Anónimo dijo...

Eli! no hemos pensado nada de que seas como dice Lourdes estupida, todo lo que diga la gente que supuestamente hayas dicho tu , yo por principio no me lo creo!!!

Asique mucho animo, que las malas rachas se cambian por unas mucho mejores!

Ya sabes que para lo que necesites estaremos a tu lado!!!

MP