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¿Quién te va a querer?

Ni todos los villanos viven en castillos fúnebres, ni tienen todos espadas legendarias para hacer el mal. A veces la realidad es mucho más...

miércoles, 8 de julio de 2009


A veces la felicidad puede saturar, lo se, yo también soy de esa clase de personas que se contratula por no soportar y criticar a la gente constantemente feliz, sonriente, que nunca tiene un mal día y siempre con una frase de amor y alegría en la boca, más propia de homilía de Domingo o hippie loco que de chico normal y que de felices parecen sacados de "Pleasantville", y sobre soy de los que considera que siempre ha de haber un término medio, pues para valorar las cosas buenas obviamente hemos de pasar por las malas, ¿No? si no vaya gracia.

Pero el caso es que yo he caido en su juego, me he convertido en una de ellos, en uno de esos felicianos que se atreven a aconsejar cual manual de autoayuda a los demás y a valorar las virtudes de una vida con luz, color, y porque no, coronas de flores en la cabeza, porque como nos tiende a pasar a la mayoría de nosotros, muchas veces tendemos a convertirnos en aquello que más duramente criticamos. Vamos que hoy dígamos, en otras palabras, he dejado de comprender a los emos de manual.

Yo antes amaba la tristeza, me parecía hermosa, todo lo que inspiraba, todas esas frases, esas películas que conseguían hacerme llorar, ese mundillo ciertamente gris que me convertía en una chica triste que tampoco hacía nada por remediarlo, y que oía canciones que trataban sobre la muerte, el dolor, la pena...sensaciones que jamás había experimentado. Pero llegados al punto en que la tristeza realmente nos visita y nos da el golpe más fuerte de nuestra vida es cuándo nos damos cuenta de lo estúpidos que somos al ir de guays, desperdiciando horas de vida por todas esas chorradas que antes parecían bonitas, y que ahora si se pueden ahorrar pues mejor, que ya bastante tiene una con lo que tiene en la vida. Aunque quizá no haya que ser tan drástica, o si, nunca dije que tuviera razón, sólo lo que siento en estos momentos.

Y hoy cualquier cosa me parece buena, he aprendido a valorar hasta la aceituna que te ponen en el vermut, la mosca que revolotea sobre mi cabeza las mañanas de calor aciago, las disputas estúpidas y absurdas con cualquier persona, que nunca fallan, y sobre todo a tí, el amor puede ser muy traicionero. Y sí,el caso es que quizá decir todas estas cosas resulte más fácil al ver la vida de color de rosa, o rojo corazón, la gente enamorada puede ser muy cansina. ¿Y veís? Otra cosa, otro cambio, yo que siempre renegué del amor, defensora acérrima de la soltería, hoy soy una Danielle Steel en potencia, quizá porque nunca supe verdaderamente lo que es querer hasta ahora, después de miles de caprichos hormonales. Y ahora que lo se, también resulta duro, no os penseís, todo requiere esfuerzos, muchos más de los que se pueden entrever de las miles de películas amorosas que tan frecuentemente visiono, pero que si son por un fin superior, y en este caso lo son y con creces, pues valen la pena, o al menos eso creo yo. Porque además es curioso lo íntimamente relacionados que están ambos conceptos, o al menos lo ligada que va mi estabilidad emocional y mental al asunto, una cosa rara.

Vamos que al final todas mis palabras se han vuelto en mi contra, algo previsible si se tiene en cuenta que todo ésto guarda relación con mi particular proceso de crecimiento, porque últimamente me siento mucho más mayor y da gusto, aunque todavía queda, queda mucho, muchas fobias, muchos complejos, muchas gilipolleces. Y sí, puedo decir que soy feliz, a pesar de tener agujetas en partes de mi cuerpo que desconocía y la cabeza embotada después de la insolación sufrida, lo soy y mucho y espero que siga así durante tiempo infinito, y aunque ahora sea intransigente con lo que creí antes de todo ésto, siempre queda el recuerdo de la nostalgia, y sí, de la tristeza optimista, que muchas veces puede ser posible, y que me volvió más fuerte.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

La tristeza no es mala, te ahorra muchos disgustos, pero te da de bruces con otros. Supongo que es cuestión de temperamento, como todo. No viciarse de ella será la clave, supongo, o eso, o llenar bien el estómago, por eso de la serotonina...

Claire.

Buscando un lugar dijo...

he sido de esas niñas tristes y cabreadas, pero es que hace falta de eso para ser un poco crítica con el mundo que nos rodea. muchas cosas apestan y es normal que frunzamos el ceño cuando miramos a nuestro alrededor.

la sociedad nos obliga a ser un poco tristes, no hemos sido las guapas de clase, por lo tanto se han reido de nosotras, no hemos sido el estereotipo social, así que un tanto de lo mismo... y eso ha hecho que salte nuestra media sonrisa burlona y asqueada.

aún así yo siempre supe que había esperanza. y un puñado de gente que como yo miraba con distancia todas las cosas estúpidas que nos vende la televisión.

dicen en "casi famosos" que no hay nada más especial que lo que compartes con ese otro que tampoco es guay. en ese momento, cuando supe que habían muchas personas como yo, gente agradable con la que compartir buenos ratos, me dí cuenta que la niña triste también podía ser alegre.

y que mi negatividad no era sino símbolo de una rebeldía. rebeldía que conservo dentro, pero con tintes de experiencia vivida que consiguen que me ría un poquito más de todo.

así que tras este rollo xDDDD decirte que pequeña niña triste, habla cual libro de autoayuda, que te salgan corazones de la cabeza, y corretea como una hippy. aplaudo tu alegría, tus reflexiones, y que atrapes el momento y lo saborees.