domingo, 15 de noviembre de 2009

La pequeña muerte





Yo pensaba que morir era otra cosa. Pensaba en la muerte como un acto terrenal, físico, como un paso temido, como el dejar de respirar, el abandonar la tierra, una fase que está avocado a atravesar todo especimen que pueble la tierra. Pero estaba equivocada, porque no solo sucede así, porque hay personas que mueren en vida, mientras siguen respirando, mientras sus brazos se siguen agitando y sus mejillas siguen coloradas, mientras sus venas siguen pobladas de sangre. Y esa para mí es la muerte más temida.

El hombre muere lenta e indoloramente,cuando se abandona a su propia suerte,cuando se deja llevar, cuando se deja pisar, cuando se olvida que la vida no es para verla pasar impasiblemente. El hombre muere y no se da cuenta, sigue temiendo a su propia mortalidad sin darse cuenta de que el momento en que deje de respirar no será más que un mero trámite, como quedarse ciego cuando ya no se tenía aire. El hombre muere y sigue esperanzado, pero son esperanzas muertas depositadas en un falso intento de vida.

Y yo hace tiempo que no soy más que un sueño roto. Se acabó mi tiempo, me he extinguido, como la luz de una vela. Fue una pequeña muerte, ni siquiera fue sonada, tampoco lo hubiera merecido.

1 comentario:

Anónimo dijo...

La pequeña muerte de cada día. Pero al día siguiente, el despertador suena, y una/o se levanta.

Claire.