domingo, 27 de junio de 2010

Max

Franz observaba sus pies colgando en la parte trasera del camión, que rebotaban armoniosamente con el traqueteo del vehículo. Parecía alegre,jovial pues lucia una hermosa sonrisa y no hacía más que garabatear lo que parecía una especie agenda con dibujos curiosos, aunque a su lado Max no parecía entusiasmado con el rumbo que habian dado los acontecimientos.

-Piedras, miro las piedras. -Dijo de repente sin levantar la vista del sitio-. Y aunque nadie le había preguntando, la profunda mirada marrón del joven escritor, asediaba claramente su nuca. Era difícil no percatarse con unos ojos de semejantes dimensiones.

Franz acabó su botella antes de decir nada, pues aunque cualquier persona en su sano juicio hubiera preguntado algo sobre aquella cuanto menos curiosa afirmación, este conocía a su amigo y sabía que antes que todo prefería el silencio, aunque no tanto claro como soportar aquellas desafiantes miradas indecisas. Qué amarga estaba aquella cerveza.

-¿Tú Crees que... a Lara le gustaran las visitas? Vamos, si podré ir a verte -Dijo de repente con indecisión, apurando un pequeño sorbo. La evidencia de que jamás pisaría Praga, resonaba duramente tanto en su mente como en el pequeño cubículo en movimiento-

-Pero...Max..por supuesto. A nadie en sus cabales no le gustan, ¿Qu´w voy a hacer yo en una ciudad mezquina sin ellas? No tendría derecho a decirme que no.- Dijo intentando quitar hierro al asunto, cuando resultaba imposible. Lara alegre, dispuesta,amable, siempre atenta, no permitiría las visitas de aquel individuo zarrapastroso y conflictivo, con ideas medio crueles. Si él fuera ella, le mantendría bien a raya. Desgraciadamente para todos, la vida estaba hecha de escalas, preferencias, jerarquías. Siempre hay un momento en el que elegir. Max solo intentaba despedirse a su forma, ya había pasado su turno. Como cuándo pasas página.

-¿Recuerdas cuándo nos vimos por primera vez, Franz? Estabas en un banco del colegio, escribiendo todas aquellas notas, dibujos tenebrosos, ajeno a la vida que había a tu alrededor, todo en tí resultaba pretencioso, hasta esa aureola escalofriante tan bohemia. Siempre supe que eras diferente. Ahora mírate...¿Cuánto ha pasado? ¿Veinte años? Sigues igual, con ese aspecto soñador, tu mirada perdida en el infinito, tus cuadernos con notas. Por fin has cumplido tus sueños.

- Yo ya me habia fijado antes. Fíjate, todas esas marcas son de aquella epoca. Qué poco apego tenías a la vida, por aquél entonces, -sonrió ocultando viejas heridas, como si nunca hubiera dolido. Nadie podria entender la significación de aquella exaltada amistad, que habia retenido en el mundo a Max durante decadas despues de tantos fallidos intentos de muertes absurdas. Nadie al menos sin un amigo en las mismas circunstancias. "Tendrás suerte tu tambien, compañero."


El traqueteo aminoró, y el destino, su destino antes borroso, se veía en la distancia. Los frascos de botellas vacias yacían en el suelo como cadáveres abandonados del pasado. El conductor seguiría su camino, con Max dentro.

-Solo para emergencias- dijo Franz, soltando un sobrecito de contenido desconocido en la magullada palma de su amigo y bajó de un solo salto, sin dudar ni mirar atrás. ¿Sabes que te echaré de menos, verdad?- En la mano derecha, un dibujo. Dos personas que ya no existían. Más que tiempo habian pasado vidas desde aquel momento. Ya no eran los mismos.

-Más que a nada.- Contestó su amigo, aunque no se oyó- y arrugó el papel con fuerza. Y a la vez que su amigo se ponía un ancho sombrero, el vehículo se empezaba a marchar poco a poco, sediento de nuevos destinos, hasta que la figura de Franz no fue poco más que una mota de polvo al final del largo camino. Pero al menos se habian despedido como era debido. Uno no le dice adios a un amigo todos los dias, asi que..¿qué mejor acto que acompañarlo y recordarlo por siempre así, eternamente joven, como aquel escritor de ojos vivarachos e ilusión incontenible?. Sabía que lo suyo con Lara no duraría, aunque no sería el quién rompiera su ilusión, sino los años y la rutina, como en todos los casos.

Pasarían décadas, quizá, muchos años hasta que volvieran a verse. Pero no hubo obra de Franz que no llevara el nombre de su amigo, en todo personaje principal o secundario tendría espacio aquel buen hombre. Tiempo después ya muerto, puso su nombre a todos y cada una de sus grandes creaciones, pues nunca se arrepentiría bastante de darle aquel sobre y no volverle a ver. Le habia dado lo que más queria.

Con el tiempo, sus nombres se borraron, con la historia. Ya nadie recordaría a aquel escritor frustrado ni a aquel suicida de fugaz nombre que parecia una cometa errante, siempre perdido, solitario y triste, pero a ellos les daba igual, habian emprendido un nuevo viaje. Alli en otra vida, buscaban nuevos horizontes, con errores aprendidos, se les habia dado una segunda oportunidad. Aprovecharian.

viernes, 25 de junio de 2010

When H. Met Bobbie













¿Y si un día te dicen qué vas a conocer a tu ídolo? Lo primero que pensarías es que si no es imposible porque hay una probabilidad entre millones, como muchos son los habitantes de la tierra, después supongo que te daría igual, la gente subestima ese tipo de cosas porque no son primordiales en tu vida y no suelen pasar, es decir..¿Qué más te da -dicen-o porqué dedicas parte de tu vida a pensar en una persona que no existe para tí cuando hay cosas más importantes? Pero yo nunca he sido de ese tipo de personas y de hecho he malgastado miles de ensoñaciones absurdas en personas imposibles y cientos de neuronas que no volverán, pero es así, supongo que para mí, esas absurdeces nimias son importantes, qué viva la frivolidad y el gusto que producen las cosas banales e intrascentes que no te dan miles de quebraderos de cabeza.

Recuerdo un tiempo, antes de que el indie fuera un fenomeno de masas -o quizá si, en ciernes-y de que franz ferdinand fueran los reyes de esa pequeña secta de borreguillos con playeras de lona y sin un ápice de personalidad, cuando empecé a fijarme en un chico, a decir verdad uno de tantos, un tanto inalcanzable e irreal.

Bob Hardy, con entre medias un nombre de lord inglés, era un bajista escocés, gordito y rubio cuál querubín que tocaba en un grupo que me robaba muchas tardes de entretenimiento, y con el que fantaseaba a menudo embutido en una cabeza de tiburón, tal y como reflejaba aquella instantánea kodak tan molona que aún conservo grabada en el recuerdo. Si, Bob Hardy era probablemente el mejor tío sobre la faz del planeta, pero desgraciadamente y como siempre suele suceder, era imaginario, es decir si existía sí no era como esos amigos imaginarios que tenía John Nash, pero existía de esa forma, única y exclusivamente en mi marginada, en mi irreverente y fantasiosa imaginación. No os podríais imaginar la cantidad de veces que pensaba en el, que imaginaba el día en que nos conoceríamos, es decir, un hecho muy probable entre mí y un tipo poco anónimo del cotarro musical inglés, pero así era: En un autobús, en un bar, en una calle de Escocia, en una cama no porque el chico tenía un encanto tímido que revelaba alguna parte de su anatomía, pero de tantas formas... Tantos y tantos patéticos pensamientos que se hubieran podido invertir en cosas más valiosas, y que sin embargo estaban ahí, eran importantes, eran eso, un puto placebo, vive tranquilamente e imaginate cómo será el día en que conocerás a esa estrella del rock, si, probablemente te la tirarás y será tu Pete Doherty, calcado, la mente humana es frívola y poco romántica. Pero ualquier cosa con significado en tu vida de una y otra forma, siempre es importante, hace ilusión, conforma el pasado. Robert era guay


Y un día, a decir verdad un apático día nada extraordinario, llegó la noticia: Iba a conocer a Franz Ferdinand, o lo que es lo mismo teniendo en cuenta mi nivel de fanatismo de la época, el grupo que más oía, la foto de mi carpeta, el retrato de detrás de mi móvil, los cuatro nombres más pronunciados de todos los tiempos, los Ewan McGregor del scottish rock and roll. ¿De verdad eso podría pasarle al ser más gafe de la tierra? Pues sí, el mundo ya me había quitado demasiado, ahora tocaba premiar, con algo banal pero contundente.

Y las horas previas temblaba, y los minutos de antes y los segundos me había convertido en otra persona, pero cuándo entré todo se paró. Recuerdo que solo veía aquella mata de pelo ensortijada y dorada que cubría las ojos más blancos de la historia de la humanidad, como si no fuera una persona normal y estuviera muchas escalas jerárquicas en importancia por encima, en madurez, belleza...en todo ¿Y qué sería yo para él? Una más de muchos trámites a cumplir, de esas locas que se llaman fans que sin pudor son capaces de entregarse a cualquiera, que el peso de la fama es eso, un peso, un coñazo verdadero que implica enseñar los dientes -blanquecinos impecables- a la primera payasa que se te cruza, pero bueno, para esa en concreto era un ser importante.

Pero cuándo le vi darse la vuelta, eso no es precisamente lo que pasaba por mi cabeza. No pude reprimir aquella frase instantanea y manida de admiradora barata, "Eres mi favorito" dije con un estúpido inglés de parbulario, y el mundo por un instante fue más real, la imagen, la instantánea, sus mejillas rosadas.

Todo aquello me reveló que la verguenza que siempre imaginaba en los encuentros casuales de mi mente era real, que era un tímido nato, y por su aspecto un soñador bohemio poco conformista con las exigencias de ese estúpido mundo de famosos y fanáticos, nadie cambia por hacer lo que le gusta. Tantas y tantas horas imaginando como sería, para que al final, fuera infinitamente mejor. Y pensar que de todas las personas que hay en el mundo, miles, millones, infinitas, tuve la suerte de verle a él, al osito Robert Byron Hardy. Tantas tardes, noches, mañanas de gloria con su imagen en mi retina...

martes, 22 de junio de 2010

Air


Todos los dias la misma sensacion mezcla de miedo, cansancio y desesperanza, que se repiten inexplicablemente, el sabor de la rutina y el autoengaño que incendian un paladar sediento. No es normal tanta ansiedad, tanta angustia, tanto dolor acumulado en un recinto tan pequeño , no es normal no saber equilibrar, calibrar,buscar el punto exacto que de un pequeño respiro a tu atormantada alma. Pero no importa lo que sea normal, no ahora.

Pero la gente no te comprende, y tampoco buscas comprension, desde lejos se ve todo de color diferente y profundizar a nadie le interesa. Sabedora de tu exito, -un exito poco buscado- lo sabes, nada eso te importa cuando todo esta del reves y tus propositos son otros,pero el mundo solo vera tus quejas poco fundadas, banales, el mundo exige gravedad, muertes, panico, destruccion. Calla pues hasta tener un motivo real que camufle tus inquietudes, a nadie le importa, cada uno tiene sus propias heridas abiertas.

Sueña, sueña, eso se te da bien porque te lo han inculcado desde siempre. Consuelate recopilando ensoñaciones baratas que ayudan a que se nuble menos el alma. Olvidate, abre los ojos. Aunque el consejo resabiado se resista a aposentarse en tu entendimiento, no imagines lo que seria cuando aun no has conseguido siquiera ser.

Lucha, eso si, por abrir los ojos y sacar los demonios fuera, por reanimar a tu alma, por exterminar un panico que de poco servira cuando no haya mañana y de poco haya servido llorar.

Olvida, entiende, busca dentro y encuentra.

No, no hay salvacion, solo pequeños descansos, pura autoproteccion. Y que mas da si al final estamos todos condenados.