viernes, 21 de enero de 2011

Lissie in jerkland.






"Escribe algo inteligente, elocuente. Escribe una historia sobre gilipollas"

Y lo estuve pensando. Durante mucho tiempo. ¿No era acaso la idea más genial de todas? ¿A quién se le habría ocurrido? Sólo a mí, y a esa mente que me aconseja en segunda persona.

Verás, es que gilipollas hay en todos lados. No es como inventarse un protagonista tomando como punto de referencia cosas que te gustan, todo lo contrario, es escribir precisamente sobre todo lo que odias. Y mira que yo con los años me he ido volviendo más y más imbécil. Es más me he vuelto como ellos. Totalmente, y por eso mismo debo hacerlo.

Recuerdo aquella época, dónde allí estaban, miraras por dónde miraras, por todas partes, parecía que llevaran la palabra escrita en la frente, un luminoso enorme. Juventud, divino tesoro. ¿Qué les hacía diferentes? Supongo que nada, eran todos iguales, una panda de soplapollas sin rumbo fijo, solo que sin saberlo.

Y qué palabra tan divertida, y prohibida. Acuérdate de cuándo tenías unos nueve años y tu madre te echaba la bronca por proferir insultos que llevaran incorporada la palabra tabú. Era genial. Como luego con el tiempo, cuándo te vas dando cuenta de que todas las personas a que has ido etiquetando a lo largo de tu vida tienen encaje bajo un mismo nombre, todos responden a la misma llamada : Gilipollas. Já. No podría resultar mejor.

¿Pero sabeís? No es tan sencillo. Es decir..podría escribir tantas historias...¡por supuesto! alguien como yo, cien veces más crítica que cualquiera. Sobre aquél compañero que se sentaba al lado mío en clase y me escribía poemas, o aquella niña, que además tenía una pierna más corta que la otra, la de aquél conductor que prefería no saludarte a tí de entre todos los que conformaban una pequeña multitud porque ahí estaba él, el más tonto de todos los tontos y le habías caido en gracia. Pero no se lo merecen. Ni siquiera se merecen la mención. Segundo já. Por supuesto no son todos los que están, pero están todos los que son. Faltaría más.

Y además era una idea genial. Un éxito asegurado. Por supuesto, no podía fallar. Tantas personas que alguna vez todos nos hemos sentido insultados, maltratados, humillados por esos todos esos eternos gilipollas juntas por buen fín. Todos dedicando un instante a odiarlos en silencio y regodearnos en su miseria mental. Bella estampa, sin dudas.

Pero lo más divertido era el final. Siempre con moraleja. Desconcertante. Todos con su momento de gloria, tantos imbéciles reunidos. Una "cena de los idiotas" a gran escala. ¿Y sabeís ? Yo estaba detrás. La más gilipollas de todos. Eso es lo mejor, cuándo crees huir de algo y te topas de frente con lo que más odias. Touché. No se. Como escupir hacia arriba.

"Escribe una historia sobre gilipollas" "Escribe una historia sobre la humanidad". Así es. No se salva nadie. Escribir sobre tanto era muy complicado.

¿Pero Sabeís qué? Aquella noche me fui a la cama más contenta que unas castañuelas. Al fín, despues de años, había descubierto la esencia del hombre.

2 comentarios:

CaperucitaRosa dijo...

Joder...Me encanta tu blog. Te sigo a partir de YA.


:)

Buscando un lugar dijo...

cuando eres chiquilla crees que los gilipollas se reformarán, o que desaparecerán de tu vista. MEC. FALSO. gente gilipollas te vas encontrando a lo largo de toda la vida, en la universidad, el trabajo, los vecinos... incluso nosotros mismos caemos sometimes en esa oleada de gilipollez- aunque prefiero pensar que pocas xD-. el odio une, por cierto, y escribir sobre lo que odiamos es terapeútico.