domingo, 24 de noviembre de 2013

Eres eternidad



Tengo miedo a la muerte y a la finitud, a las despedidas, las palabras mal dichas, los actos y los errores. Tengo miedo de haber seguido respirando, de haberlo conseguido, de haber estado cinco años así. De haber sido capaz de seguir caminando Sin tí. Del origen de esas fuerzas que me han impulsado a moverme estos últimos días. ¿De dónde salían? ¿Dónde se han marchado?
No supe comprender cuando te marchaste, que tu historia no se terminaba para siempre. Que no
saldría un fundido a negro en algún momento -hubiera resultado mejor- que no seguirías siempre aquí. A mi lado. Conmigo.
Pero en algún momento te volviste etérea. Te volviste eterna. Te convertiste en recuerdo y volviste a ser tú.
 La chica de ojos joviales y estruendo en la risa, el motor y la brisa, el hueco del sillón, la madre y la amiga, aquel club secreto cuyo nombre he olvidado y los abrazos infinitos que solo podían tener un único destinatario, la valentía y la melodía de tono que se apaga mientras mi hermana llora hoy me sonríen. Tus ganas de vivir eran contagiosas. No se van por mucho miedo que tenga, no me dejan sola ni un momento. No me abandonan aunque a veces sienta ganas de llorar.
Jamás podré expresar en palabras toda mi gratitud, mi agradecimiento por mis recuerdos. Nunca jamás estoy sola y ya no tengo miedo.

Eres infinita. Eres eternidad.

Angels



Dejé de escribir porque las letras se habían convertido en mi peor enemigo. Ya no me refugiaban y me daban calor, me recordaban, una por una, todo lo que había perdido y que no iba a volver. Pero viendo una foto de nuevo, las he necesitado. Ellas me recordaban que eras mi ángel y que la última vez que te ví, no pude parar de llorar porque tu sonrisa se esfumaba poco a poco. No era de esta tierra, se iba al cielo. Como tú.

Cold



Quería que me arreglaras y no me daba cuenta de que no estaba rota, sólo era frágil y temblaba porque de repente hacía muchísimo frío. Tiempo después ese frío persiste allá donde esté y me cala los huesos, me embriaga emocionalmente y me rasga, me he acostumbrado tanto a él que me gusta y me arropa tanto o más que tú. No puedes llegar dentro aunque creas que ya estás allí. Dentro estamos solos y somos nada, nosotros elegimos como queremos sentirnos y queremos estar frios porque acostumbrarnos al calor sería demasiado bueno.
Y las cosas buenas dan tanto miedo que espantan.

Propósitos de más.



Quizá no sea guapa por fuera pero lo soy por dentro. Quizá no debiera decirme esas cosas pero a veces no queda otra que empujarse para caminar. Quiero cambiar y no pensar que merezco menos por mi apariencia. Quiero cambiar y quererme para que me quieran los demás. Que se esfuercen por mi y teman perderme porque soy lo mejor que les ha pasado en su vida. Que no me den por hecho porque tenga el corazón roto y una dependencia extrema, por ese odio tan salvaje que me atormenta y no me deja respirar. Dejar de juzgarme tanto,de torturarme en base a un envase mutable y maleable.No pensar tanto que las personas van a dejar de estar porque merecen algo mejor que yo. Porque si es así, yo no quiero quererlas.

sábado, 26 de octubre de 2013

Anecdotario



Tendemos a sobredimensionar los recuerdos, a darles una importancia que en su momento no tuvieron y a glorificarlos por encima del futuro y del presente. A mi me pasa un poco eso cuando echo la vista atrás y me acuerdo de cuando empecé la carrera, con diecisiete años y una inocencia descomunal y las ideas que me metían en mi cabeza mis amigas sobre los amoríos, la primera vez , aquellos comentarios soeces sobre perder la virginidad con el profesor de derecho romano en la mesa de su despacho, que en teoría sería un hombre de escándalo y no aquel numerario que utilizaba demasiadas veces la palabra "Caracoles" y que sin necesidad de nada, me puso una matrícula. Esa persona que era en aquel momento, ahora no existe y por eso, como es lógico, la echo de menos, aunque quizá no sus decisiones.

Con los textos de la oposición encima de la mesa, me acuerdo con bastante nostalgia de las primeras lecciones de penal, con un profesor que se parecía a Grissom y que nos explicaba con rapidez el concepto de delito como " acción típica antijurídica y culpable"; conceptos que nos sonaban a chino mandarín y sinceramente nos importaban medio comino porque nosotros en esos momentos solo pensábamos en chuscar. No hay  facultad con mayor nivel de hormonación en la península. Me acuerdo de ese extraño híbrido que se sentaba delante de mi con un polo de Ralph Lauren y un tatuaje enorme en la espalda como si lo estuviera viendo ahora porque fue la primera obsesión de muchas: le llamábamos "Alex Ubago" y no había ninguna amiga mia que no quisiera tener relación con el, y no de pura palabra. Duró en la facultad cinco días. Aún hoy no entiendo como podía estudiar con semejante carga de hormonas a mi espalda. No entiendo como podía levantarme de la silla siquiera y llevar una vida normal, porque al evocar esos momentos, más que de leyes, me acuerdo de hombres y compañeros. Pero es lo normal, estábamos en la edad. Al menos yo, no se los demás.

Con los años, estoy convencida de que habría hecho mejor en estudiar otra cosa, cualquier otra que me hubiera gustado un poco más, pero no cambiaría ninguna anécdota. La mayoría de vosotros os acordaréis de "La lerda" que hacía honor a su buen mote, aquella niña, -porque era una niña mental-, que llevaba tanto pote naranja que cuando se le caía, en vez de lavarse la cara se lo cubría por encima e iba rellenando las grietas que se le abrían, como si fuera la obra de un albañil. Estoy convencida de que terminó la carrera con la misma base del primer día. Un día "la lerda",en tercero de carrera, apareció con su novio francés de diecisiete años, al que había engañado diciéndole que tenía la misma edad y que derecho era un instituto. Recuerdo la expresión de incredulidad del chaval cuándo observaba en la clase personas de entre veinte y cincuenta años y que concretamente a mí me echaba dieciséis. Como de aquellas yo ya llevaba la raya del ojo bien marcada, se fue pensando que era gótica y mi facultad un jeriátrico. Pero que le vamos a hacer.

También había un chico muy guapo que se sentaba al lado mio en civil de segundo. Todas las mañanas, le miraba de reojo (porque yo más que pensar en "obligaciones y contratos" me imaginaba como sería por debajo de ese chaleco rojo a lo Marty McFly -vocación creo que lo llaman-) y me alegraba la primera hora. Pasé un año entero enamorada de sus ojos verdes hasta que un día en el descanso se nos acercó para preguntar una duda absurda y me di cuenta de que, por muy raro que pareciera se había fijado en mi. A los pocos días le comentó a mi mejor amiga que le recordaba a la Virgen María y a Copito de Nieve -nunca se supo si la oveja o el mono- y que le gustaba mucho. Imaginad mi cara, la cara del pardillismo, de la inocencia, la inexperiencia y pensad en mis hormonas en plena evolución -Ellas ya lógicamente hacían una fiesta por mi futuro y mi vida sexual que seguiría siendo durante mucho tiempo igual que la de Lina Morgan). Le di mi móvil. El chico, a los dos días me acosaba a toques, mensajes y quería quedar a toda costa. Me seguía por la facultad y se presentó en mi ciudad el día de mi cumpleaños. Me dijo que tenía cáncer, poniéndoselo de estado en el Messenger con una carita triste y acabó metiéndose en el seminario y a opositor. Nunca jamás volví a confiar en el ser humano y mucho menos en las tácticas de ligue de los menores de veinte. Aún menos en mis amigas y sus consejos sobre las relaciones con profesores porque todo me salía rana. Y me seguiría saliendo bastante más tiempo...pero bueno.

Está visto que los compañeros más curiosos eran los perturbados. El paralítico que llevaba diez años en la carrera y pedía dinero a todo el mundo en el descansillo para acabar comiéndose unos bocadillos del tamaño de un estadio de fútbol a costa de todos en todas las cafeterias de los alrededores, aquel chico que siempre comentaba que en algún momento yo llegaría a la facultad y me cargaría a todos con una metralleta, el que se vestía del capitán pescanova, "Pertu", y el chico de la melena que repetía una y otra vez la frase..." Yo no sé nada. Tú sabes algo ? Alguien sabe algo?"...la lerda claro, y mi amiga la bisexual que oía siempre lo contrario que le decías -("Quiero ser abogado" ¿Qué quieres una mamada?")... Entre otros muchos. Resulta curioso que de entre tantos chicos y tantas obsesiones yo acabara saliendo con aquel que menos falta me hacía, pero eso es otra historia que ya contaré otro día. Para eso están las decisiones y el dolor tiene que formar parte necesariamente de nuestra vida.Porque lo mejor que me ha pasado nunca, es pasarme los cinco años de universidad soltera, obsesionada y enamorada cada día, cada año, de un chico o de una historia distinta. Y lo mejor  fue aquel chico de primero de carrera, de gafas y ojos azules, que amaba "El padrino" de Mario Puzo y me animaba con mi página web sobre Hobbits cuándo no tenía otra cosa en la que pensar. Porque me hizo escribir y me hizo crecer y darme cuenta de muchas cosas. De que al final lo del derecho era una excusa para pasarme veinticuatro horas pensando en relaciones amorosas y divagando eternamente, que a veces parece que no hay diferencia entre el amor y pensar con las partes íntimas, aunque claro que la hay y que algún día seré una versión menos elegante de Danielle Steel y Lena Dunham.

Y el resultado es la magnificación. Las clases, los compañeros, las anécdotas, el amor y hasta las primeras veces. A día de hoy no habría hecho ni la mitad de cosas y habría convencido a mis amigas de que me animaran a seducir a algún que otro profesor de civil pero el riesgo no forma parte de mi vida...que en líneas generales ha sido bastante aburrida. Pero en mi mente es todo mucho más bonito. Y cuándo todos estos recuerdos me embargan me sigo preguntando como pude acabar la carrera, o como pude siquiera estudiar, con tantos pájaros en la cabeza. Bendita inocencia, benditos recuerdos, benditos todos los que me distéis tanto en lo que pensar.

domingo, 18 de agosto de 2013

Dark.




Como es de esperar, todo brilla mucho a la luz del sol y se esconde cuando llegan las sombras. Del mismo modo que al alma humana le entra pavor cuando logra entrever la negrura de mis entrañas.

Fragile.




Cuándo te miro a los ojos siento el trémulo aliento de la ficción. Mi vida son sombras, las viñetas que dibujé se están destiñendo y nos ahogamos en la mentira. Todo es en vano, ya no importa.

Nothing.







Por la ventana observo cosas que jamás me pasarán: fantasmas del pasado, fantasmas de futuro. Me autofustigo por mi insuficiencia, por mi incapacidad de comprender al amar, por no poder hacerlo incondicionalmente. Todos somos egoistas.
Fácilmente se desdibujan las sombras de relaciones que en algún momento pude tener y que no llegarán, destruidas por el tiempo y por mi mente: la imaginación cuando escribe no utiliza tinta indeleble. Todo acaba, incluso eso. Nadie presta interés o quiere realmente y tú en algún momento decidiste olvidarme. Aún duele. Duele que te borren aunque sea suavemente y con tiempo. Duele repetir conductas y que pese a todo las heridas sigan sangrando con sangre infinita. Duele que nadie me llene pues sigo expectante, a la espera de ese punto en el que todos deciden dejarme ir. Y las escenas se siguen repitiendo en mi mente.

Fué un Sábado, siempre era un Sábado, noche. La tortura era tan exagerada como definirla como tal. La soledad me aqueja a partir de ciertas horas como recordatorio: "No te olvides que siempre estás sola en estos momentos" parece repetir. Esos días aún duele más. ¿Por qué nadie cuenta conmigo para lo bueno? También duele ser cruel y tener estos pensamientos. Semejante soledad no obstante es aún más insufrible que todo lo mal que parezco portarme con los demás. Duele que no estén para tí en esos momentos cuando tu lo harías, aunque sabes que es egoísta. Quizá el, ella, ellos no piensen en como te sentirás. Ese no ver más allá de nuestro propio ombligo nos fulmina a todos lentamente.

Y alguien me quiere pero no está. ¿Dónde? Todo acaba recordándome a los Viernes prohibidos, las partidas furtivas y la misoginia, aunque en esto no tenga nada que ver. Se olvida de que me da tanto que a veces estar sola me resulta insoportable, cuando nadie se acuerda de mí. Entonces las lágrimas corren libremente, como si no hubiera mañana y los surcos que dejan no se fueran a ver. Han erosionado mis mejillas, ya son muchos años. Y aunque no se pueda comparar...es lo mismo: cambian las formas.

Estás sola en los momentos clave frente al futuro, cuando tiemblas porque sabes que ya no existe. Quizá no haya un mañana y sea mejor. Todo son sombras.

sábado, 27 de julio de 2013

Emotional storm



En sus ojos había amor, pero más allá de eso descifrar cualquier otra cosa parecía imposible, por lo que quizá desde un primer momento hubiera estado confundida . Quizá me quisiera, ¿por qué iba a mentir?, quizá solo intentara llenar esa insondable sensación de soledad que nos viene un poco a todos a veces con una persona que parecía construida a su imagen y semejanza. Por supuesto para mi ninguna de las dos cosas era suficiente, yo lo quería todo: todo o nada. También tenía detalles, pero a mi tampoco me bastaban, necesitaba más y necesitaba que fueran de verdad, de esos que conmueven porque salen de dentro, pero que no se quedan a la mitad, escondidos en el tintero, falsos, novelescos. También tenía una necesidad desesperada de mi a veces, que me asustaba y me embriagaba, que me confundía por su novedad y me volvía loca, rematadamente, porque cuando necesitaba de su compañía que me brindaba gratuita y constantemente, no estaba conmigo, sino a millones de años luz de la tierra, en alguna otra galaxia bastante perdida que yo desconocía. Y así día tras día, acumulando dígitos en la fecha de un aniversario irreal que quizá no significaba nada para dos personas que fingían amarse locamente para evitar que el mundo se desmoronara poco a poco. Estábamos igual, solos y perdidos, pero jamás lo sabríamos.

sábado, 29 de junio de 2013



Llevo en el inconsciente un pasajero inquieto, que ha tomado la determinación de hacerme el viaje imposible y  robarme los mejores momentos.Viene de equipaje pero en realidad el carga conmigo, porque no se sabe en que momento del camino, hace ya unos meses, nos hemos vuelto inseparables y mi ausencia le aterraría terriblemente. Llevo en el inconsciente un pasajero inquieto que llora y gime, hace muecas, oprime los músculos de mi cara para no dejarme sonreir y sufre por dentro. Y aquí se queda, muy, muy dentro.

miércoles, 26 de junio de 2013

Nosbir.








Cabalgando en Epona atravesamos las interminables llanuras nevadas de Invernalia, protegidos con el calor de mis entrañables michelines -siempre presentes- que nos daban calor y nos resguardaban en las largas noches heladas. Fue un viaje intenso y trepidante a más no poder y la pobre yegua acabó tullida, no como consecuencia del trote acelerado del paseo sino del peso excesivo que tuvo que soportar conmigo encima: que la llevó a la cojera, a la depresión y a cogerse una larga baja suponemos, porque en tiempo no se la volvió a ver por los videojuegos de Zelda. Se dice que jamás se recuperó totalmente de aquel infierno y decidió que enfrentarse sola a Ganondorf hubiera sido un destino bastante más benévolo con su cuerpo equino, aunque ya era tarde para la nueva Bran Stark versión animal.

Después de abandonar a la pobre Epona a su suerte y dejarla inservible para futuros viajes de Link, nos dirigimos a la Comarca, dónde las agradables madrigueras hobbits no albergaban alimentos suficientes para mi amigo y compañero en el viaje, que dejó temblando las cálidas despensas de los ahora malhumorados medianos, que decidieron colocar un cartel con su cara en todas las posadas de las zonas colindantes para no tener que volverlo a ver nunca jamás. Las malas lenguas dicen que solo les dejó los tomates del huerto de Maggot, lo único que su insaciable estómago devorador no podría tocar, -básicamente porque no le gustaban,- y eso que los tomates hobbits tienen una  increible y merecida  fama en toda la Tierra Media. No como mi amigo, que desde entonces fue peor visto que los enanos, y ya es decir.

En el Moulin Rouge nos negaron la entrada y nos prohibieron volver jamás. Después de recorrer leguas de ficcionales territorios durante horas, llegamos a Paris para ver una representación de Satine: "El diamante en bruto", ya que la película de Luhrmann era de nuestras favoritas y las ganas de directo eran enormes. La emoción era tal que mi amigo y compañero no pudo aguantarse más y decidió interpretar visceralmente una de las canciones de la Banda sonora de la película, a voz en grito y sin cortarse un pelo. El pánico estaba servido. Las notas musicales devastadoras llegaron al camerino de Satine y la dejaron inconsciente súbitamente, murió en el acto mientras sangraba por las orejas. Como veís, allí por dónde íbamos hacíamos amigos por todas partes. De nuevo tocaba huir.

Ya dentro de las películas Disney se nos hizo muy difícil por cuál decantarnos, teníamos demasiadas favoritas en común y por motivos parecidos, así que las fuimos visitando todas poco a poco, tampoco con demasiado buen tino.Lo nuestro era mala suerte. Quizá tuviera que ver con las interminables y azucaradas muestras de amor y cariño -y otras cosas- que nos profesábamos mi amigo y compañero en el viaje y yo: algo tuvo que ser lo que llevó al total de personajes Disney a las películas pornográficas subidas de tono y los espectáculos bizarros, por razones que aún nosotros no conocemos totalmente. Que le vamos a hacer. Personalmente sigue conmocionándome el recuerdo de los carteles que anunciaban los shows eróticos de un tal "Nosbir" cuyo rostro recordaba vagamente de alguna de aquellas peliculas animadas, ahora corrompido por los años y la lujuria y supongamos las vueltas a la barra de un bar marrano, aunque mi amigo y compañero parecía disfrutar secretamente de esas imágenes que subía de vez en cuando a escondidas a su página personal de tumblr cuándo se creía que yo no miraba.No nos quedaba mucho más que ver.

Por último nos dirigimos a la fabrica de chocolate de Willy Wonka, donde apunto estuve de batir el record de obesidad mórbida mundial. Tantas chocolatinas y oompas loompas me dieron un dolor de estómago terrible y a punto estuve de morir de grasa, aunque logré sobrevivir, porque ya sabéis que mala hierba nunca muere.Ja,
 Fue un subidón de azúcar y la imposibilidad de encontrar transporte que nos llevara de vuelta a casa lo que nos hizó pensar que jamás perteneceríamos a ningún sitio. Estábamos solos, mi amigo y compañero de viaje, mis grasas y yo, hasta que recordamos que la guerra de las galaxias "se rueda" en el espacio y allí no importa nada eso de la gravedad y demás mierdas. Mi peso podría pasar desapercibido. O eso pensaba hasta que  El halcón milenario empezó a despeñarse lentamente por el espacio. No nos quedaban más sagas que destruir, pero estábamos juntos y felices.

L'amour.


FIN.





Only you.




Llegará un momento en que la tormenta pase, o en eso confío. Entonces de estos días solo me quedará el dulce recuerdo del movimiento lento de tus labios, el tacto de tu mano sobre mi espalda y el sabor de la felicidad que el miedo me intentó robar. Tus chistes tímidos y tus palabras, que salen con sacacorchos pero me llegan dentro. Tu voz. En definitiva, tú.

Gracias.

martes, 25 de junio de 2013



Te quiero cada día como que fuera el último. Así, el día que me despierte y me de cuenta de que todo esto ha sido un sueño, podré hacer más llevadera tu ausencia sin remordimiento.

jueves, 6 de junio de 2013

Thoughts






A veces me pregunto si sólo será una racha, un sentimiento que vaga, que dura un  un instante, una milésima de segundo y luego se marcha. Otras veces siento que te necesito y sólo lo se, estoy segura, pero todo en ésto resulta muy complicado. Quizá te conozca, quizá no, quizá vuelva a decepcionarme de nuevo. Sólo se que sueño todas las noches con ese momento.

Historia de un fantasma



La inspiración se perdió con tus besos, entre copas de vino y cigarros desgastados. A mi amor lo empujaron los años y lo hicieron viejo y adúltero, pero también más sabio. Tu casa se volvió más grande y curiosamente tu cama más pequeña, ya no había sitio para nadie más. Los cajones de aquella mesa ya no albergaban nada para mi. El cielo se volvió más gris y mis ojos dejaron de ver porque no había nada que les interesara. Ahora cuándo el perro ladra en la plaza de ese pueblo pequeño ya no me dan miedo los fantasmas. Estoy muy lejos.

Carta a todas mis catástrofes




Los recuerdos se pierden fácilmente, yo en cambio puedo presumir de conservarlos íntegros, casi mecanografiados mentalmente: una gran maldición. Todo ello a pesar de lo que estoy pasando últimamente, que no es poco.

A veces me da la sensación de que me quedé en 2009 y que todo lo presente no forma parte de mi; no en vano en esa fecha empecé a tejer los hilos de un futuro que nunca llegaría a consumarse. Y eso lógicamente duele. Como si me clavaran un punzón en el pecho. Algo así.

Y es que me mordiste, me mordiste y nunca podré llegar a olvidarlo. O quizá por eso lo escribo, para que nunca pase, porque no quiero, nunca jamás me volverá a pasar algo así. En aquella estación de tren, cuándo las siete de la mañana llegaban, después de una noche en tu casa, me mordiste en el abrigo y desde entonces he sido incapaz de desprenderme de esa trenca verde que lo significa todo. Me recuerda que alguna vez signifiqué tanto a alguien como para que me persiguiera durante un año entero, en aquel lugar donde el tiempo pasaba mucho más lento, y las vacaciones en un hotel se convertían en un suplicio sin tus palabras. No puedo evitar ser cruel echando de menos todos esos momentos y la persona que era cuándo pasaban, cuándo todo lo demás no existía, solo tu, yo y esa relación simbiótica tan extraña.

Y me has olvidado, aunque ni siquiera quiero que me recuerdes como antes.O no lo se. Aquella persona por la que tiraste encima un periódico al pesado de turno, por miedo a perderme, aquella a la que declaraste tus sentimientos a la puerta de un concierto, aquella a la que tocabas con miedo, como si se fuera a romper, a pesar de esa cierta brusquedad innata tuya. La misma a la que supongo engañaste al decir que seríamos eternos.

Y cuando ahora me abrazas el mundo se para. Volvemos a 2009. Ya no crees que vayas a besarme, solo te alejas a pasos agigantados como un desconocido, como si nunca hubiéramos dormido juntos tan pegados que daba miedo. como si nunca hubiéramos sido siameses a pesar de todo. Y a pesar de los rumbos diferentes que han tomado nuestras vidas siempre formarás parte de la mia. Porque un día, en alguno de esos recovecos que inventamos para llevarnos bien, te quedaste dentro. Siempre te dije que tenías un compartimento para ti y siempre lo seguirás teniendo.

Te echo de menos, pese a todo.

martes, 21 de mayo de 2013

Our last summer




Matías agarró suavemente su dedo y lo humedeció entre sus labios mientras la miraba fijamente. O quizá eso hubiera querido ella. Detrás de ese espigado niño de madre argentina, había mucho más de lo que podía verse, y subido a aquella especie de puente que separaba dos piscinas pequeñas, con aquel bañador azul de tamaño enorme, era quizá lo más bonito que había visto nunca.

-¿Puedo decirte una cosa? -Preguntó  al rato.
-Pues no, ahora mismo estoy con  Mónica. - Que miedo le daba lo que querían revelar para ella aquellas palabras que llevaba esperando escuchar tanto tiempo. El mismo miedo que nos produce escuchar lo contrario a lo que queremos mientras morimos por dentro. El banco en el que estaba sentada de repente se volvió mucho más frio.
-No pasa nada, no es tan importante. - Sonrió- Y aquello es lo último que recordaba de el.

A la vuelta, muy mojados, con la ropa de la piscina todavía puesta, compartieron sitio en el coche, al calor de una intimidad inventada. El deslizó, quizá a sabiendas, quizá no, su dedo cariñosamente por la pierna aún sin depilar de la niña regordeta que jamás podría gustar a nadie. Menos a el. El que sería su primer amor platónico.

¿Qué querría decirla? Jamás lo sabremos. Fue la última vez que se vieron. Hace dos años por la calle -el se marchó a Madrid- le vio en la distancia. Su corazón se desbocó salvajemente.


lunes, 29 de abril de 2013

Llueve.




Tu trenca azul, mi vestido amarillo. Nada pegaba tan bien como nuestros corazones en la letra de aquel estribillo. Las canciones a veces se terminan demasiado pronto. Empiezan tan rápido que es difícil darte cuenta de que se están consumiendo. Como nuestros minutos. Esos que nacieron con una vocación de eternidad y se quedaron en meros intentos ridículos. Como aquellos pensamientos que no llegaron a nacer y las buenas intenciones que se quedaron enredadas en el orgullo innecesario. Ójala volver atrás fuera tan sencillo como entonar las notas de una canción que se ha acabado.

Anoche me enamoré de un escarabajo


Resulta curioso, como un viaje al pasado.
Mientras suenan esas canciones se desata una extraña nostalgia en tu interior, que resulta imposible de entender, pues te evade a una época que jamás viviste y que pareces conocer bien, como la palma de tu mano.

Es una curiosa sensación de pertenecencia a un pasado que crees mejor, como si lo poco que has visto, en imágenes o documentos, te sirviera para saber que es ahí, en ese momento, en ese lugar, dónde debieras estar y no en el ahora, lo que te provoca una tristeza inmensa. Pensar que nunca podrás volver a ese lugar al que perteneces y en el que nunca has estado y que ya nunca podrás conocer a esas personas que admiras de corazón es triste, como fingir ser otra persona, la impotencia resulta agotadora, demasiados límites para un solo ser humano.

Pero lo peor de todo viene después, cuando te das cuenta de que no es tan simple como un mero capricho pasajero, y que en parte esa admiración ha conseguido que te enamores perdidamente de un ser maravilloso, pero que ya no existe, porque envejeció lo suficiente como para resultar aún más inalcanzable y lejano de lo que ya de por sí era. Y es complicado, porque su voz sigue sonando igual que cuando tenía veinte años y todo un futuro por delante, como si por él no hubiera pasado el tiempo, sigue conservando ese flequillo revoltoso, esa sonrisa y el espíritu rebelde de la juventud y sus ojos brillan de la misma forma cuando son captados por la cámara. Es entonces fácil de ver que te has enamorado de una ilusión, de un mito, que formará parte de tí siempre, a pesar de los años que pasen, a pesar incluso de su desaparición, no será el paso del tiempo quien logre borrar los efectos de esas canciones que seguirán haciendo latir a tu corazón desbocado durante toda la vida, pues esa es la principal virtud de la música, su magia, tan ligada a la nostalgia inicial, capaz de tantas cosas buenas, y a la vez malas.

Y bueno, nadie dijo que fuera fácil convencer a tu mente de que esa persona no existe, es complicado enamorarse de un sueño, inalcanzable, intangible y que tempranamente se extinguirá y renunciar a él, pero los amores platónicos son encantadores, y el nerviosismo y la excitación provocados por la ilusión de esa sensación de pertenencia te hacen sentirte viva, lo que te demuestra que él sigue cumpliendo con su misión, te merece la pena, las mariposas en tu estómago son reconfortantes.

Aún hoy casi más de treinta años después, a muchos países de distancia y varias generaciones por delante, aquel personaje sigue creando sueños, esperanzas, ánimos e ilusiones, te arranca sonrisas, alguna lágrima. ¿Quién dijo que no fuera merecedor del privilegio de esa admiración? Por algo aquel ser fue único y para mí, siempre será especial.

.El final del mundo.



Esta historia la escribí en Septiembre, o por ahí. Con el corazón muy roto y la vida a medias. Pero no por ello podía dejar de subirla. Porque es preciosa, la historia de algo que fue y ya no será nunca. Mi historia.




-Antes de empezar a escribir esta historia yo ya sabía que estaba avocada a morir, al fracaso. Antes incluso de la historia misma, todo parecía indicar que aquello no podría funcionar. Porque lo que no puede ser, no podrá ser nunca.
Por supuesto que lo que quiero contar es una historia de amor, casi de esas de cuento de niños, que precisamente no tuvo un buen final. Una de esas cosas que quieres gritar para arrancártela de dentro, aunque ahora ya sepas que no es posible y te va a perseguir como un estigma durante toda tu vida. La esencia misma de la infelicidad.
La primera vez que le ví, le odié profundamente. O quizá eso quería pensar. Hay personas con un carisma enorme y una fuerza atrayente que no dejan a nadie indiferente, y precisamente él era una de esas personas. Tenía la personalidad más poderosa del mundo, o al menos para mí. Quizá precisamente porque yo soy débil y poco llamativa, alguien al que cualquier manifestación de confianza o poder parece el acto más admirable del mundo. Y así empezó.

Su físico era especial. Alto, fuerte, manos grandes, un ojo de cada color. Al principio me parecía invisible, uno de esos bichos raros que siempre están de más en los lugares que no se adaptan a ellos y tampoco ponen de su parte para mejorar las cosas. Me parecía muy mayor para mi porque de aquellas yo no tenía 19 años, tan exagerada era mi visión que tampoco me explicaba su presencia en mi misma facultad lo que me generaba una curiosidad exacerbada.

Quizá porque la percepción que tienes de las personas va cambiando según las conoces, para mi Alfredo ha sido muchas personas distintas, todas ellas de mil rostros. Todas ellas con una sonrisa enorme y sincera que solo invitaba a cosas buenas. Hay gente que cuándo sonríe lo hace de verdad, tan llenas de vitalidad y optimismo que contagian ese amor aberrante a la vida a cada paso que dan. Conmigo no fue tan fácil, quizá porque soy más dura que el resto de personas o porque creo que ya me han pasado demasiadas cosas malas. Fuí un hueso bastante duro de roer, quizá la mayor tirana.

Recuerdo sobre todo su aspecto desaliñado y sus frases, cortantes y duras a veces. La desconfianza que a veces irradiaba por todos sus poros, la vulnerabilidad.  Era de esperar que en cualquier momento terminara loca, perdida entre mil pensamientos grotescos e imágenes que no pegaban nada con alguien que quizá no me convenía, al que quizá no convenía yo. Tardé pocos meses en caer en esa espiral de la que tan poco cuesta salir a muchos y tanto a otros. Sobra decir que yo me aturullé en ese agujero negro insondable para siempre y que jamás lo superaré. Hay personas que te tocan, y no lo hacen en balde, desgraciadamente.

La diferencia de edad, las ideas distintas, las peleas exageradamente pasionales y mi puta debilidad nos llevaron a un punto sin retorno. ¿Sabes esa persona que siempre imaginas que vas a conocer y nunca aparece? A mi me pasó al contrario, el llegó y no era para mí, nos hacíamos daño, nos matábamos por dentro a pesar de tanto, tanto amor -a veces sin demostrar- Todo esto me da igual porque yo se que jamás querré a nadie tanto como le quiero a el. Me resulta imposible concebirlo.

Era muy especial, lo es, lo sigue siendo y eso duele. Lo será siempre pero ya no para mi. Aferrarse a su tronco era la mejor sensación del mundo. Olía siempre bien y era un poco bruto, manifestaba su hombría constantemente. Era tan dulce su falta de tacto a veces que ni me lo creo. Me decía "te quiero" todos los días, aún después de que lo peor hubiera pasado, y tenía el sentido del humor y la ironía tan agudos como un punzón. Yo creo que es la persona más divertida que he conocido nunca, y es imposible que jamás, por muchos años que pasen, encuentre algo parecido. Era un caso semejante al de la aguja en un pajar. Único.

Y recordar esto no es fácil. Tantas cosas malas, tanto sufrimiento y que aún así me importe una mierda todo, lo bueno era diez millones de veces mejor. Madurar cuesta mucho. Y además, por cada recuerdo malo, uno bueno, una risotada tan amplia como te puedas imaginar. Un dolor profundo en lo más hondo de mi corazón cuándo recuerdo tu ausencia. Dejarte fue tan fácil como quererte. Olvidarte imposible.Y la gente, esa gente a la que le gusta tanto aconsejar, te dice lo mismo de siempre. Que te quedes con las cosas buenas y mires para adelante, que pases página. Y por supuesto lo haces, o te engañas e intentas hacerlo, por inercia, debilidad humana, por la fragilidad de un alma que ya no sabe muy bien por dónde va pues su brújula apunta a todas las direcciones. La mayor putada del mundo es amar.


Y me empeño en recordar nuestra primera vez, mi primera vez, mi primer todo. Con aquella luna ridículamente romántica y prototípica como testigo. Los dibujos de una novela de Saint Exúpery, las miradas y risas nerviosas de los espectros vigilantes. Esos besos que no sabías si debías dar porque había empezado algo nuevo que no era fácil definir. Estabas tan feliz como el día que lo dejamos. Así de sencillo es finalizar un ciclo. Respirar y volver a la vida que empezó y terminó a la vez un doce de Julio de 2008: con nombre apellidos y una historia a medio dibujar.

¿Olvidar? Que olvides te dicen los protagonistas de historias mediocres, que no conocen la fuerza y el poder que se experimenta con los verdaderos sentimientos. Que son muertos cenantes. Esa frase de Gondry que dio para tanto en nuestra relación. Siempre nos parodiabas, por lo que no puedo evitar sonreir a la vez que escribo esta línea.

Debajo de toda nuestra capa de maquillaje todas las personas llevamos a nuestro Alfredo, que solo era un niño asustado. Que nos hizo fuertes, nos enseñó a querer y que lo absurdamente fácil no es divertido y a veces lo políticamente correcto no es lo mejor, que la confianza va y viene tan rápido como se va la vida y que las relaciones se consumen si las estiras mucho.

Para ti, para el, que ha sido mi gran amor, es el epílogo de mi vida. Porque me has llevado a ser lo que soy hoy, aunque no esté para ver en lo que me he convertido. No importa, porque tampoco te gustaría lo más mínimo y yo seguiría con las mismas ganas de besarte, allí, en la cima de parquecito donde pasean los mirones, durante toda mi vida. Eres mi recuerdo favorito para siempre.

Los últimos renglones los dejo para otro día, en el que quizá te odie. Por olvidarme, por dejarme ir, por no perdonarme. Como en todo. Como en esta turbulenta montaña rusa de emociones que ha sido este viaje, del que te agradezco cada segundo. The world keeps moving, even without you.



PD: Te llevo dentro para siempre.


lunes, 22 de abril de 2013

Contigo




Yo sólo quiero la receta para vencer al miedo, y no temer nunca a nada más. Ahora veo que no merece la pena. Mirarte a los ojos sin despegar la mirada, porque es lo único que importa. Amanecer todos los días del resto de mi vida pegada a tu abrazo y soñar que los besos puedan ser infinitos para no separarnos nunca. Quererte por siempre, como en los cuentos, esos que te gustan tanto. Vivir tus sueños. Un bucle infinito contigo.  Amarte y no volver nunca atrás porque lo verdaderamente importante, está por llegar.

viernes, 8 de marzo de 2013




La felicidad estaba aquí mismo y tu no te dabas cuenta. En la sonrisa de tu hermano, en las risas de tu padre, en las charlas sin sentido con aquel chico que no quería llamarse tu novio y por el que te morías por dentro. Estaba ahí y tú, sin querer, la minusvaloraste y la dejaste escapar. Ahora se enfría lentamente.

jueves, 28 de febrero de 2013

Dónde el mar toca con el cielo.




-Verás, aunque parezca raro, allí al fondo, donde el mar toca con el cielo he logrado atisbar la solución a todas mis males. Fue un instante pero lo pude ver claramente. Aunque nunca sabré si seré lo suficientemente valiente para llevarlo a cabo, no me quedan fuerzas.

-¿Tú sabes lo débiles que son los sueños? Una simple negación los destroza en pedazos. Luego es imposible recomponerlos.

-Pero de las piezas que quedan, siempre conservaremos algo. A mi es lo que me consuela,esos fragmentos rotos me dan la vida Al menos no me abandonan, son parte de mí, son como yo.

miércoles, 30 de enero de 2013


Todo empieza hoy,o ayer, o quizá nunca si no has sido suficientemente valiente. La historia de nuestras vidas se encuentra en el punto en el abrimos los ojos a un nuevo día. Todo lo demás -desgraciadamente- son ya formas difusas. Y en alguna parte estás tú. Un ser humano anodino. Nada especial porque en el fondo, y aunque no sea deliberado, somos parte de un plan preconcebido perdido en alguna parte de un recuerdo. Nada trasciende realmente porque hasta de las mejores hazañas se olvida quién no tiene suficiente interés. Y si tuviera importancia se la daríamos, porque al fin y al cabo no tenemos tanto tiempo como para perderlo en estupideces.

Con veinte añitos...









Últimamente, y con el transcurrir de los años, mi colección de imperfectas manías (o nostálgicas, como dice la canción) se ha visto incrementada de manera bastante considerable.

He pasado de ser incapaz de hacer nada sola, a convertirme en un ser totalmente independiente a todos los efectos, he desarrollado un apasionado gusto por la literatura existencialista y los momentos de soledad, por los videojuegos facilones y los fantasiosos pensamientos y he creado una situación de dependencia especial con mi hermano pequeño,que se ha convertido en mi particular angel de la guarda, confidente y mejor amigo.

No puedo vivir sin ver mi flequillo bien puesto, tieso y recortado, sin las planchas a cuestas y un temor irracional a la humedad, sin las converse que me acompañan en mis carreras infinitas (nunca llego pronto a ningún lado) y mi principal seña de dentidad es mi eyeliner, siempre fiel a mi mirada maligna y mi pose emo.

Incapaz de refrenar mi pedantería mental, utilizo nuevas palabras totalmente cursilongas a lo largo del día de las que se deduce mi vocación literaria, utilizo el messenger cada vez con menor frecuencia porque sólo me trae problemas con seres que no saben cuando parar, contando sin embargo cada día con más y más páginas inservibles a lo myspace en las que expongo miles de detalles personales con pelos y señales. He convertido a Michael Scott en mi guía personal, a Guille Milkyway en mi consejero espiritual y he decidido dar una tregua a mi inutilidad y cumplir mi sueño de aprender a tocar la guitarra de una vez por todas.

Me he convertido en una, más que hortera, fashion victim, enamorada de pichis petos y camisetas grupis, sin los que no salgo a ninguna parte, ya no soy capaz de elegir vestuario de manera poco compulsiva, sin arrepentirme diez minutos después por sus imperfecciones, o de frenar el afán consumista que siempre tiende a aparecer por estas fechas y que ha acabado con mis compras de películas y discos para sustituirlas por cantidades considerables de dinero en trapos que generalmente se mueren de asco en mi armario compartido.


Siempre con algo en las manos, móvil, llaves u objetos que hacer volar, con los que distraer mi atención en momentos especialmente incómodos, he desarrollado una increible capacidad para decir la chorrada más inoportuna en el momento más inesperado o la frase más acertada en el momento más necesitado.

Si ya de por sí, era persona de grupismo desmedido, en los últimos tiempos éste ha adquirido tintes insospechables gracias a nuevas vías de acoso a mis pobres torturados, pasando de conciertuchos en las fiestas de la ciudad a movilizaciones en masa para ver a los ídolos de turno y convirtiéndome en una tirana de los sonidos del hogar, siempre contaminados de la música procedente de mi selección particular. Lo peor de todo es que me he convertido en una popera convencida de gustos nada recomendables y melodías discotequeras constantemente en mente con letras profundas, mucho más contenta bailarina y sonriente que en otras épocas. Y si, me he convertido en una fan histérica de primera línea.

Sin punto medio, puedo pasar de no ver ninguna película en un mes, a ver tres diarias o temporadas enteras en lugar de estudiar, de no escribir nada a llenar páginas enteras de borradores inservibles contenedores de miles de pensamientos trascendentes, de no tener ni idea de nada a un insaciable y eterno hambre de nuevos conocimientos, formas de vida y cosas que jamás salen de mi boca en la vida diaria y que sorprenderían a más de uno, de dos, y seguramente de tres.

He convertido a mi Ipod en mi instrumento de evasión de la realidad, he creado mi particular mono, totalmente homeriano, ante determinadas personas a las que generalmente no puedo escuchar y me he dado cuenta de que realmente no vivo en este planeta hace mucho y sobre todo, de que tampoco quiero hacerlo