lunes, 29 de abril de 2013

Llueve.




Tu trenca azul, mi vestido amarillo. Nada pegaba tan bien como nuestros corazones en la letra de aquel estribillo. Las canciones a veces se terminan demasiado pronto. Empiezan tan rápido que es difícil darte cuenta de que se están consumiendo. Como nuestros minutos. Esos que nacieron con una vocación de eternidad y se quedaron en meros intentos ridículos. Como aquellos pensamientos que no llegaron a nacer y las buenas intenciones que se quedaron enredadas en el orgullo innecesario. Ójala volver atrás fuera tan sencillo como entonar las notas de una canción que se ha acabado.

Anoche me enamoré de un escarabajo


Resulta curioso, como un viaje al pasado.
Mientras suenan esas canciones se desata una extraña nostalgia en tu interior, que resulta imposible de entender, pues te evade a una época que jamás viviste y que pareces conocer bien, como la palma de tu mano.

Es una curiosa sensación de pertenecencia a un pasado que crees mejor, como si lo poco que has visto, en imágenes o documentos, te sirviera para saber que es ahí, en ese momento, en ese lugar, dónde debieras estar y no en el ahora, lo que te provoca una tristeza inmensa. Pensar que nunca podrás volver a ese lugar al que perteneces y en el que nunca has estado y que ya nunca podrás conocer a esas personas que admiras de corazón es triste, como fingir ser otra persona, la impotencia resulta agotadora, demasiados límites para un solo ser humano.

Pero lo peor de todo viene después, cuando te das cuenta de que no es tan simple como un mero capricho pasajero, y que en parte esa admiración ha conseguido que te enamores perdidamente de un ser maravilloso, pero que ya no existe, porque envejeció lo suficiente como para resultar aún más inalcanzable y lejano de lo que ya de por sí era. Y es complicado, porque su voz sigue sonando igual que cuando tenía veinte años y todo un futuro por delante, como si por él no hubiera pasado el tiempo, sigue conservando ese flequillo revoltoso, esa sonrisa y el espíritu rebelde de la juventud y sus ojos brillan de la misma forma cuando son captados por la cámara. Es entonces fácil de ver que te has enamorado de una ilusión, de un mito, que formará parte de tí siempre, a pesar de los años que pasen, a pesar incluso de su desaparición, no será el paso del tiempo quien logre borrar los efectos de esas canciones que seguirán haciendo latir a tu corazón desbocado durante toda la vida, pues esa es la principal virtud de la música, su magia, tan ligada a la nostalgia inicial, capaz de tantas cosas buenas, y a la vez malas.

Y bueno, nadie dijo que fuera fácil convencer a tu mente de que esa persona no existe, es complicado enamorarse de un sueño, inalcanzable, intangible y que tempranamente se extinguirá y renunciar a él, pero los amores platónicos son encantadores, y el nerviosismo y la excitación provocados por la ilusión de esa sensación de pertenencia te hacen sentirte viva, lo que te demuestra que él sigue cumpliendo con su misión, te merece la pena, las mariposas en tu estómago son reconfortantes.

Aún hoy casi más de treinta años después, a muchos países de distancia y varias generaciones por delante, aquel personaje sigue creando sueños, esperanzas, ánimos e ilusiones, te arranca sonrisas, alguna lágrima. ¿Quién dijo que no fuera merecedor del privilegio de esa admiración? Por algo aquel ser fue único y para mí, siempre será especial.

.El final del mundo.



Esta historia la escribí en Septiembre, o por ahí. Con el corazón muy roto y la vida a medias. Pero no por ello podía dejar de subirla. Porque es preciosa, la historia de algo que fue y ya no será nunca. Mi historia.




-Antes de empezar a escribir esta historia yo ya sabía que estaba avocada a morir, al fracaso. Antes incluso de la historia misma, todo parecía indicar que aquello no podría funcionar. Porque lo que no puede ser, no podrá ser nunca.
Por supuesto que lo que quiero contar es una historia de amor, casi de esas de cuento de niños, que precisamente no tuvo un buen final. Una de esas cosas que quieres gritar para arrancártela de dentro, aunque ahora ya sepas que no es posible y te va a perseguir como un estigma durante toda tu vida. La esencia misma de la infelicidad.
La primera vez que le ví, le odié profundamente. O quizá eso quería pensar. Hay personas con un carisma enorme y una fuerza atrayente que no dejan a nadie indiferente, y precisamente él era una de esas personas. Tenía la personalidad más poderosa del mundo, o al menos para mí. Quizá precisamente porque yo soy débil y poco llamativa, alguien al que cualquier manifestación de confianza o poder parece el acto más admirable del mundo. Y así empezó.

Su físico era especial. Alto, fuerte, manos grandes, un ojo de cada color. Al principio me parecía invisible, uno de esos bichos raros que siempre están de más en los lugares que no se adaptan a ellos y tampoco ponen de su parte para mejorar las cosas. Me parecía muy mayor para mi porque de aquellas yo no tenía 19 años, tan exagerada era mi visión que tampoco me explicaba su presencia en mi misma facultad lo que me generaba una curiosidad exacerbada.

Quizá porque la percepción que tienes de las personas va cambiando según las conoces, para mi Alfredo ha sido muchas personas distintas, todas ellas de mil rostros. Todas ellas con una sonrisa enorme y sincera que solo invitaba a cosas buenas. Hay gente que cuándo sonríe lo hace de verdad, tan llenas de vitalidad y optimismo que contagian ese amor aberrante a la vida a cada paso que dan. Conmigo no fue tan fácil, quizá porque soy más dura que el resto de personas o porque creo que ya me han pasado demasiadas cosas malas. Fuí un hueso bastante duro de roer, quizá la mayor tirana.

Recuerdo sobre todo su aspecto desaliñado y sus frases, cortantes y duras a veces. La desconfianza que a veces irradiaba por todos sus poros, la vulnerabilidad.  Era de esperar que en cualquier momento terminara loca, perdida entre mil pensamientos grotescos e imágenes que no pegaban nada con alguien que quizá no me convenía, al que quizá no convenía yo. Tardé pocos meses en caer en esa espiral de la que tan poco cuesta salir a muchos y tanto a otros. Sobra decir que yo me aturullé en ese agujero negro insondable para siempre y que jamás lo superaré. Hay personas que te tocan, y no lo hacen en balde, desgraciadamente.

La diferencia de edad, las ideas distintas, las peleas exageradamente pasionales y mi puta debilidad nos llevaron a un punto sin retorno. ¿Sabes esa persona que siempre imaginas que vas a conocer y nunca aparece? A mi me pasó al contrario, el llegó y no era para mí, nos hacíamos daño, nos matábamos por dentro a pesar de tanto, tanto amor -a veces sin demostrar- Todo esto me da igual porque yo se que jamás querré a nadie tanto como le quiero a el. Me resulta imposible concebirlo.

Era muy especial, lo es, lo sigue siendo y eso duele. Lo será siempre pero ya no para mi. Aferrarse a su tronco era la mejor sensación del mundo. Olía siempre bien y era un poco bruto, manifestaba su hombría constantemente. Era tan dulce su falta de tacto a veces que ni me lo creo. Me decía "te quiero" todos los días, aún después de que lo peor hubiera pasado, y tenía el sentido del humor y la ironía tan agudos como un punzón. Yo creo que es la persona más divertida que he conocido nunca, y es imposible que jamás, por muchos años que pasen, encuentre algo parecido. Era un caso semejante al de la aguja en un pajar. Único.

Y recordar esto no es fácil. Tantas cosas malas, tanto sufrimiento y que aún así me importe una mierda todo, lo bueno era diez millones de veces mejor. Madurar cuesta mucho. Y además, por cada recuerdo malo, uno bueno, una risotada tan amplia como te puedas imaginar. Un dolor profundo en lo más hondo de mi corazón cuándo recuerdo tu ausencia. Dejarte fue tan fácil como quererte. Olvidarte imposible.Y la gente, esa gente a la que le gusta tanto aconsejar, te dice lo mismo de siempre. Que te quedes con las cosas buenas y mires para adelante, que pases página. Y por supuesto lo haces, o te engañas e intentas hacerlo, por inercia, debilidad humana, por la fragilidad de un alma que ya no sabe muy bien por dónde va pues su brújula apunta a todas las direcciones. La mayor putada del mundo es amar.


Y me empeño en recordar nuestra primera vez, mi primera vez, mi primer todo. Con aquella luna ridículamente romántica y prototípica como testigo. Los dibujos de una novela de Saint Exúpery, las miradas y risas nerviosas de los espectros vigilantes. Esos besos que no sabías si debías dar porque había empezado algo nuevo que no era fácil definir. Estabas tan feliz como el día que lo dejamos. Así de sencillo es finalizar un ciclo. Respirar y volver a la vida que empezó y terminó a la vez un doce de Julio de 2008: con nombre apellidos y una historia a medio dibujar.

¿Olvidar? Que olvides te dicen los protagonistas de historias mediocres, que no conocen la fuerza y el poder que se experimenta con los verdaderos sentimientos. Que son muertos cenantes. Esa frase de Gondry que dio para tanto en nuestra relación. Siempre nos parodiabas, por lo que no puedo evitar sonreir a la vez que escribo esta línea.

Debajo de toda nuestra capa de maquillaje todas las personas llevamos a nuestro Alfredo, que solo era un niño asustado. Que nos hizo fuertes, nos enseñó a querer y que lo absurdamente fácil no es divertido y a veces lo políticamente correcto no es lo mejor, que la confianza va y viene tan rápido como se va la vida y que las relaciones se consumen si las estiras mucho.

Para ti, para el, que ha sido mi gran amor, es el epílogo de mi vida. Porque me has llevado a ser lo que soy hoy, aunque no esté para ver en lo que me he convertido. No importa, porque tampoco te gustaría lo más mínimo y yo seguiría con las mismas ganas de besarte, allí, en la cima de parquecito donde pasean los mirones, durante toda mi vida. Eres mi recuerdo favorito para siempre.

Los últimos renglones los dejo para otro día, en el que quizá te odie. Por olvidarme, por dejarme ir, por no perdonarme. Como en todo. Como en esta turbulenta montaña rusa de emociones que ha sido este viaje, del que te agradezco cada segundo. The world keeps moving, even without you.



PD: Te llevo dentro para siempre.


lunes, 22 de abril de 2013

Contigo




Yo sólo quiero la receta para vencer al miedo, y no temer nunca a nada más. Ahora veo que no merece la pena. Mirarte a los ojos sin despegar la mirada, porque es lo único que importa. Amanecer todos los días del resto de mi vida pegada a tu abrazo y soñar que los besos puedan ser infinitos para no separarnos nunca. Quererte por siempre, como en los cuentos, esos que te gustan tanto. Vivir tus sueños. Un bucle infinito contigo.  Amarte y no volver nunca atrás porque lo verdaderamente importante, está por llegar.