lunes, 29 de abril de 2013

.El final del mundo.



Esta historia la escribí en Septiembre, o por ahí. Con el corazón muy roto y la vida a medias. Pero no por ello podía dejar de subirla. Porque es preciosa, la historia de algo que fue y ya no será nunca. Mi historia.




-Antes de empezar a escribir esta historia yo ya sabía que estaba avocada a morir, al fracaso. Antes incluso de la historia misma, todo parecía indicar que aquello no podría funcionar. Porque lo que no puede ser, no podrá ser nunca.
Por supuesto que lo que quiero contar es una historia de amor, casi de esas de cuento de niños, que precisamente no tuvo un buen final. Una de esas cosas que quieres gritar para arrancártela de dentro, aunque ahora ya sepas que no es posible y te va a perseguir como un estigma durante toda tu vida. La esencia misma de la infelicidad.
La primera vez que le ví, le odié profundamente. O quizá eso quería pensar. Hay personas con un carisma enorme y una fuerza atrayente que no dejan a nadie indiferente, y precisamente él era una de esas personas. Tenía la personalidad más poderosa del mundo, o al menos para mí. Quizá precisamente porque yo soy débil y poco llamativa, alguien al que cualquier manifestación de confianza o poder parece el acto más admirable del mundo. Y así empezó.

Su físico era especial. Alto, fuerte, manos grandes, un ojo de cada color. Al principio me parecía invisible, uno de esos bichos raros que siempre están de más en los lugares que no se adaptan a ellos y tampoco ponen de su parte para mejorar las cosas. Me parecía muy mayor para mi porque de aquellas yo no tenía 19 años, tan exagerada era mi visión que tampoco me explicaba su presencia en mi misma facultad lo que me generaba una curiosidad exacerbada.

Quizá porque la percepción que tienes de las personas va cambiando según las conoces, para mi Alfredo ha sido muchas personas distintas, todas ellas de mil rostros. Todas ellas con una sonrisa enorme y sincera que solo invitaba a cosas buenas. Hay gente que cuándo sonríe lo hace de verdad, tan llenas de vitalidad y optimismo que contagian ese amor aberrante a la vida a cada paso que dan. Conmigo no fue tan fácil, quizá porque soy más dura que el resto de personas o porque creo que ya me han pasado demasiadas cosas malas. Fuí un hueso bastante duro de roer, quizá la mayor tirana.

Recuerdo sobre todo su aspecto desaliñado y sus frases, cortantes y duras a veces. La desconfianza que a veces irradiaba por todos sus poros, la vulnerabilidad.  Era de esperar que en cualquier momento terminara loca, perdida entre mil pensamientos grotescos e imágenes que no pegaban nada con alguien que quizá no me convenía, al que quizá no convenía yo. Tardé pocos meses en caer en esa espiral de la que tan poco cuesta salir a muchos y tanto a otros. Sobra decir que yo me aturullé en ese agujero negro insondable para siempre y que jamás lo superaré. Hay personas que te tocan, y no lo hacen en balde, desgraciadamente.

La diferencia de edad, las ideas distintas, las peleas exageradamente pasionales y mi puta debilidad nos llevaron a un punto sin retorno. ¿Sabes esa persona que siempre imaginas que vas a conocer y nunca aparece? A mi me pasó al contrario, el llegó y no era para mí, nos hacíamos daño, nos matábamos por dentro a pesar de tanto, tanto amor -a veces sin demostrar- Todo esto me da igual porque yo se que jamás querré a nadie tanto como le quiero a el. Me resulta imposible concebirlo.

Era muy especial, lo es, lo sigue siendo y eso duele. Lo será siempre pero ya no para mi. Aferrarse a su tronco era la mejor sensación del mundo. Olía siempre bien y era un poco bruto, manifestaba su hombría constantemente. Era tan dulce su falta de tacto a veces que ni me lo creo. Me decía "te quiero" todos los días, aún después de que lo peor hubiera pasado, y tenía el sentido del humor y la ironía tan agudos como un punzón. Yo creo que es la persona más divertida que he conocido nunca, y es imposible que jamás, por muchos años que pasen, encuentre algo parecido. Era un caso semejante al de la aguja en un pajar. Único.

Y recordar esto no es fácil. Tantas cosas malas, tanto sufrimiento y que aún así me importe una mierda todo, lo bueno era diez millones de veces mejor. Madurar cuesta mucho. Y además, por cada recuerdo malo, uno bueno, una risotada tan amplia como te puedas imaginar. Un dolor profundo en lo más hondo de mi corazón cuándo recuerdo tu ausencia. Dejarte fue tan fácil como quererte. Olvidarte imposible.Y la gente, esa gente a la que le gusta tanto aconsejar, te dice lo mismo de siempre. Que te quedes con las cosas buenas y mires para adelante, que pases página. Y por supuesto lo haces, o te engañas e intentas hacerlo, por inercia, debilidad humana, por la fragilidad de un alma que ya no sabe muy bien por dónde va pues su brújula apunta a todas las direcciones. La mayor putada del mundo es amar.


Y me empeño en recordar nuestra primera vez, mi primera vez, mi primer todo. Con aquella luna ridículamente romántica y prototípica como testigo. Los dibujos de una novela de Saint Exúpery, las miradas y risas nerviosas de los espectros vigilantes. Esos besos que no sabías si debías dar porque había empezado algo nuevo que no era fácil definir. Estabas tan feliz como el día que lo dejamos. Así de sencillo es finalizar un ciclo. Respirar y volver a la vida que empezó y terminó a la vez un doce de Julio de 2008: con nombre apellidos y una historia a medio dibujar.

¿Olvidar? Que olvides te dicen los protagonistas de historias mediocres, que no conocen la fuerza y el poder que se experimenta con los verdaderos sentimientos. Que son muertos cenantes. Esa frase de Gondry que dio para tanto en nuestra relación. Siempre nos parodiabas, por lo que no puedo evitar sonreir a la vez que escribo esta línea.

Debajo de toda nuestra capa de maquillaje todas las personas llevamos a nuestro Alfredo, que solo era un niño asustado. Que nos hizo fuertes, nos enseñó a querer y que lo absurdamente fácil no es divertido y a veces lo políticamente correcto no es lo mejor, que la confianza va y viene tan rápido como se va la vida y que las relaciones se consumen si las estiras mucho.

Para ti, para el, que ha sido mi gran amor, es el epílogo de mi vida. Porque me has llevado a ser lo que soy hoy, aunque no esté para ver en lo que me he convertido. No importa, porque tampoco te gustaría lo más mínimo y yo seguiría con las mismas ganas de besarte, allí, en la cima de parquecito donde pasean los mirones, durante toda mi vida. Eres mi recuerdo favorito para siempre.

Los últimos renglones los dejo para otro día, en el que quizá te odie. Por olvidarme, por dejarme ir, por no perdonarme. Como en todo. Como en esta turbulenta montaña rusa de emociones que ha sido este viaje, del que te agradezco cada segundo. The world keeps moving, even without you.



PD: Te llevo dentro para siempre.


1 comentario:

mariapiacs dijo...

Guau!!!!! Me he emocionado!!!!!! Que bonito lo que escribiste!!!!
Un beso!