martes, 21 de mayo de 2013

Our last summer




Matías agarró suavemente su dedo y lo humedeció entre sus labios mientras la miraba fijamente. O quizá eso hubiera querido ella. Detrás de ese espigado niño de madre argentina, había mucho más de lo que podía verse, y subido a aquella especie de puente que separaba dos piscinas pequeñas, con aquel bañador azul de tamaño enorme, era quizá lo más bonito que había visto nunca.

-¿Puedo decirte una cosa? -Preguntó  al rato.
-Pues no, ahora mismo estoy con  Mónica. - Que miedo le daba lo que querían revelar para ella aquellas palabras que llevaba esperando escuchar tanto tiempo. El mismo miedo que nos produce escuchar lo contrario a lo que queremos mientras morimos por dentro. El banco en el que estaba sentada de repente se volvió mucho más frio.
-No pasa nada, no es tan importante. - Sonrió- Y aquello es lo último que recordaba de el.

A la vuelta, muy mojados, con la ropa de la piscina todavía puesta, compartieron sitio en el coche, al calor de una intimidad inventada. El deslizó, quizá a sabiendas, quizá no, su dedo cariñosamente por la pierna aún sin depilar de la niña regordeta que jamás podría gustar a nadie. Menos a el. El que sería su primer amor platónico.

¿Qué querría decirla? Jamás lo sabremos. Fue la última vez que se vieron. Hace dos años por la calle -el se marchó a Madrid- le vio en la distancia. Su corazón se desbocó salvajemente.