jueves, 12 de noviembre de 2015

M.


Me pregunto si en ese lugar en el que estás no existe el tiempo. Y entonces, aunque hayan pasado siete años, para ti solo hayan sido como tres minutos y aún no te haya dado tiempo a echarnos de menos, y estés feliz, simplemente esperando para volver a vernos. Solo espero una cosa. Que sonrías. Mucho. Y que tu sonrisa siga curando almas. Te echo de menos todos los días de mi vida, mamá.

jueves, 24 de septiembre de 2015



Esta historia es puramente ficcional. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.


El viento arreciaba esa mañana. La falda voló por encima de su cabeza y las risas no tardaron en llegar. Es hilarante ver un culo gordo exponiéndose sin pudor a merced del aire. Dejó las llaves encima de la mesa nada más entrar en casa, se puso los leggins más cutres que encontró, y empezó a hacer deporte con el wii fit como si le fueran, la vida, y las calorías en ello. Después, cuando ya no podía más, se comió seis cajas de donuts y disfrutó culpablemente de alguna serie americana mientras se obsesionaba con la forma ridículamente perfecta del trasero de Oscar Isaac. Tenía mucho que celebrar.

-Dice Emma que el otro día en el autobús había una chica con el culo gordo y la empezaron a gritar culona. Que se preocupa de que te pase a ti cuando salgas a la calle. Ya sabes, todos los días. Que sería normal. Le dijo su hermana que salió de repente de alguna habitación.

-La gente no tiene otra cosa que hacer. Contestó. Aunque era mentira. Aún recordaba aquella vez que un borracho la había invitado a subir en su moto y cuando ella le dijo que no con tono crecido, la recordó amablemente dónde habría acabado su moto de haber posado en ella sus posaderas. De todas las cosas amables, seguro que la mejor de ellas, era ser asociada a una chica gorda a la que insultan en un autobús. Otra que te digan que podrías aplastar una moto. El mundo es un lugar plagado de gente maravillosa.

Empezaba a estar un poco hasta los cojones de los comentarios destructivos de esa señora. La misma, que la semana anterior la había obligado a ir a la peluquería para parecer "menos calva". Y es que todo había empezado ahí, todos sus problemas.su culo no había crecido de un día a otro, es obvio,pero ahora, además,lucía un peinado de yonki. Si, Carey Mulligan lo había puesto de moda, pero ella era Gordi de "Los goonies".

La semana pasada también le había dejado su novio. Por llamarlo de alguna manera. Se habían visto tres veces en dos meses y ella había tenido que pagar en todas las ocasiones. Sospechosamente emigraba al servicio cuando los camareros se acercaban, Así que empezaba a ser una situación bastante cojonera.
 El mensaje se lo había retransmitido una amiga común. "Dila que lo dejamos. Total no nos vemos y ahora mismo estoy intentando tirarme a esa camarera. Es tan fea que me excita". Le había dicho Aristóteles. Su amiga tampoco había escatimado en delicadeza y detalles, la verdad.

Pero aquello no era lo peor de todo. No. No bastaban un culo gordo, un casco cartaginés y un corazón un poco descompuesto. La guinda del pastel fue descubrir que aquel individuo orondo y bastante desprovisto de inteligencia -emocional o de otro tipo- había intentado seducir a su hermana secretamente¿¡El mundo es un lugar cruel y horrible a veces no creéis?

-¿Como voy a salir contigo si has salido con mi hermana? . "Si  le pica, que se rasque". Había dicho Romeo. Ni Shakespeare en sus mejores momentos habría escrito un discurso de amor semejante.

Se acabó el último donut. Apagó la videoconsola-¿Para qué?- y empezó a escribir. El repiqueteo de la teclas era bastante liberador. Aquello, pese a todo, era bastante divertido. Cuando se durmió aquella noche, se notó más ligera. Y no era su culo, precisamente. Librarse de aquel perdedor es lo mejor que le había pasado. Aunque solo se daría cuenta después.












miércoles, 12 de agosto de 2015




¿Veís? No todo es terrible.





Las personas se mueren. Las hojas se rasgan. Las palabras vuelan. Sobre todo si son mediocres. Y aunque perdurasen...¿De que nos servirán cuando nos hayamos ido? Los recuerdos son un espejismo en el que se refleja nuestro egoísmo.

Future and past



Tenía el pelo muy corto y desteñido, como una Audrey Hepburn sin modales. La ropa, impoluta, y bien elegida. Yo tenía la mia destrozada, sucia, el pelo revuelto y la mirada triste. Pero que importaba esa envoltura externa cuando algo más personal, más intimo, más propio, estaba tan roto que tintineaba a cada paso, cada vez más firme. ¿Acaso tenía alma?

Yo la miraba y sentía orgullo, porque a mi siempre me han dado miedo los bucles, las cosas infinitas, pero ella andaba y andaba, y no temía en absoluto ese camino interminable que se abría ante ella y que terminaba cincuenta, o más, años después.
Observaba sus decisiones, más o menos cuestionables, mejores o peores, pero suyas, Yo temía las mias y dejaba que por mi, decidieran los demás. Me dejaba llevar, olvidándome de mi propia existencia, de mi misma esencia.

 Nos encontramos un día, a mitad de camino, y ella, más crecida y sabia, me advirtió del paso del tiempo y de sus consecuencias, me hizo sacar la cabeza de la tierra por un momento y descubrir lo absurdo de todo lo que nos rodea. Así, como si tal cosa. No le hicieron falta dos frases, tan solo la mirada de unos ojos, que eran los mios, solo que más viejos y arrugados.

Me reí un buen rato, con ganas, a pesar de ese tortazo. El  que me daban los meses, horas, días perdidos, todas las personas que no había conocido, los países a que no había viajado,y las cosas que no había escrito, quién sabe, incluso también los hijos que no había tenido. Y el dolor fue relativo, me calmó por dentro, por una vez.

A mitad de trayecto yo misma me respondí todas mis preguntas sin respuesta. Miré hacia atrás y sí, ví vacío, pero ya no me daba miedo porque el lienzo que ante mi se extendía era mucho más interesante y disponía de todos los colores necesarios para pintar un futuro, cada vez más brillante. Solo que hasta entonces no les había podido usar. No era el momento. Tampoco es que hubiera decidido mal, es que había elegido los colores que no eran.

Ella se marchó con su aspecto de película. No íbamos a volver a encontrarnos. Íbamos juntas. No éramos la una sino con la otra.


Rasgo todo. Lo quemo. Lo tiro. Lo hago trizas. Pero las palabras vuelven, brotan de algún lugar hondo que no logro localizar nunca. Me pregunto en que parte de nuestra alma se almacenan los recuerdos. Y cual es su tamaño. Tengo tantos que no se si cabrían en el universo entero.

sábado, 8 de agosto de 2015

K.

Cuando nos despedimos, apreté fuertemente su mano. Quizá no fuera la más convencional de las despedidas, pero siempre he sido muy insegura para todo. Desde luego no quería espantarlo. La noche anterior, había sido una de las noches más bonitas, pero también una de las más cortas de mi vida. La noche en que los minutos, se volvieron microsegundos borrosos. El hablaba mucho, incómodo, mientras atravesábamos la cuesta de una calle empedrada que ahora mismo no sabría localizar. -No deberías estar haciendo esto. Me dijo. Y sabía que era verdad. ¿Qué coño hacía yo con un tio tan mayor dando vueltas tan lejos de mi casa inventando una realidad paralela? Pero  necesitaba escapar y cuando tienes que escoger un compañero de viaje en tan poco tiempo, es reconfortante ver que has elegido bien. Yo no podía hablar, durante toda la noche, me limitaba a observar sin parar los hoyuelos que surcaban un rostro tan desconocido y a la vez tan familiar.Veníamos del mismo sitio, estábamos en la misma situación y personas así solo se encuentran una vez en la vida .Por primera vez, me dejé llevar, con alguien al que no había visto jamás. Solo dos o tres veces, dos días atrás. Y aunque nunca supe quién de los dos dió el primer beso, tampoco en que momento terminaron de llegar. -No deberías estar triste. Dijo, aunque balbuceaba bastante. Quizá ni siquiera sabía bien que decia. Yo sabía que no era verdad. No solo tenía que estarlo, me lo debía a mi misma después de todo, después de tantos años. Me senté en las escaleras frías y le pedí una foto de carné, y aunque no dudó en dármela, no titubeó a la hora de mostrar sorpresa. Desde luego no era habitual, aunque a mi me importaba bastante poco. Nunca en mi vida quería olvidar esa cara, que lejos de ser un error para mi ha sido siempre un bonito recuerdo. Por la mañana casi no podía moverme. Recordé vagamente que había querido llevarme a su casa. Jamás lo interpreté como un acto de poca caballerosidad sino al contrario, pero sabía que tenía que dejarlo marchar y lo contrario sería difícil. Hace tiempo me había enamorado como una jodida imbecil del amor y aquello era demasiado idílico. Yo era Keira Khnigtley y el era Guillaume Canet y efectivamente, aquella era nuestra última noche. Pero yo no quería irme de aquel pueblo perdido de la mano de dios sin decir hasta nunca. Yo, una puta cobarde de toda la vida, no podía olvidar aquel paso adelante en mi trayectoria, no quería irme y no volver a ver esos ojos azules intensos surcados por arrugas. Por aquellos entonces, ya tendría 39 años, yo 22. Aquel mensaje significó todo. Me despedí de una maleta inmensa que llevaba cargando años, no me importó el diógenes, a esas taras, hay que dejarlar marchar. Me acuerdo que yo llevaba unos pantalones vaqueros cortos y que el subía la cuesta despeinado corriendo. La verdad, no pensaba que fuera a llegar. -He estado poniendo excusas, que ayer ya bastante dimos que hablar. Era verdad. No podía parar de mirarle. El miraba y hablaba. Me besó durante minutos, que en esos momentos por cortesía de un bondadoso karma , duraron horas. No sabría cuando se fue. Ni que me dijo para despedirme. Quizá la conversación no finalizó nunca. Y lo cierto es que nunca se fue. Porque de vez en cuando, cuando me miro dentro y pienso en las cosas bonitas que tiene una vida que a veces queremos abandonar sin motivo, veo su sonrisa. Y sus ojos. Y sus ganas de vivir. Y recuerdo que durante dos días me eligió para acompañarle en un viaje bastante curioso. Y me siento halagada. Y vacía. A veces incluso vieja. Cuando le veo de lejos no puedo parar de recordar aquella historia. La de mi última noche en el mundo de los valientes.
5 años casi. Y me asomo a ese momento y parece que solo hubieran pasado cinco minutos. Recuerdo el tabaco y mis inútiles intentos de adaptarme casi camaleónicamente a un lugar al que no pertenecía. Al que sigo sin pertenecer. Casi no podía respirar y me temblaban las manos. Solo tenía un pensamiento en bucle repitiéndose en mi mente mientras contaba una quejumbrosa y aburrida historia. Cuando una persona mira a otra, a veces se ve así misma, y ese momento es único. Pese a todo, no veía claramente, ese día había bebido de más. Mi pelo estaba alborotado, llevaba la ropa de mi hermana. Cuando me abrazaste con tanta fuerza, sentí por primera vez que significaba algo. Me dijiste que te gustaban mis ojos cuando acariciaste mi flequillo. Que rara es la nostalgia.
Anoche, paseando por la playa, me encontré de frente con un recuerdo. Los recuerdos, pueden tener formas diversas y aparecer en cualquier momento, y en este caso, se me presentaba en forma de persona, de una persona desconocida, pero querida. De una persona a la que quise intensamente, al menos durante dos días de mi vida. Y aunque parezca poco, el amor intenso, en la memoria dura más. Le observé durante un buen rato, con su pelo largo rubio y liso casi cayendo sobre sus hombros, ajeno a mi interés. Sostenía un pequeño porro casi consumido, y un vaso de contenido granate, su mirada estaba perdida y parecía el último ser en el que alguien se fijaría, de no ser por el hecho de que yo no podía apartar la mirada de aquel lugar. Le había crecido mucho el pelo, y ahora tenía mucha barba. Por lo demás todo recordaba a esa foto pequeña que aún conservo en algún lugar secreto de la cartera. Me sentí durante mucho tiempo culpable del hormigueo que sentía en mi pecho y de mis ganas de llorar, que no parecían tener encaje. Las miradas no correspondidas, el no significar nada para alguien, siempre son motivos que nos alertan. Y es que esa persona, no era una cualquiera. Fue una balsa que encontré una noche muy tarde mientras navegaba en un océano revuelto. Fue la mano que me invitó a subir tambaleante a una tierra desconocida y estable, y me salvó uno de los días más tristes de mi vida, de mi misma.                                                           No sabría muy  bien explicar lo que me pasó ese día, tampoco se bien que supondría nuestro encuentro fortuito para el, pero el hecho de que mw hubiera olvidado dolía tanto, como seguramente duele que te arranquen una extremidad. Como que te traten de arrancar un recuerdo. Y en cierta forma me sentí egoísta, porque dentro de aquel recuerdo que se asemejaba en mi memoria a una isla extraña, el todo el rato miraba  el cielo, mientras que yo no podía parar de observar el fondo del mar. Para mi sus besos fueron un alivio que calmaba una honda tristeza, para el, una simple necesidad.                          
Aún así, no puedo parar de mirarle, pese a que cada mirada furtiva me haga sentir peor. Él para mi, es un día repleto de besos y paseos a oscuras, una intimidad inventada teñida de ficción, un viaje muy breve, pero intenso. Yo para el ya no soy nada.    


   Y os prometo, que ahí, en ese momento, pensando todas estas cosas, me doy cuenta de que quiero a alguien como no lo había hecho antes. Que ya no existe, ya no está ahí y al que sin embargo miro de frente. Quiero a esa persona que me ha devuelto ese recuerdo valioso, que me ha devuelto a mí misma. Pero el me ha olvidado, y no piensa en mi de la misma forma. O eso quiero creer. O miento y pienso que el también me recuerda y en sueños de vez en cuando me observa y me dice que tengo los ojos más bonitos que ha visto en su vida y que ójala nuestros dos días duraran siempre.                                          El, por supuesto no existe. Pero anda, vive y respira como una persona que me he querido inventar. Le veo de lejos, le sigo queriendo y le sigo inventando. De repente siento felicidad. Ójala el en algún momento me haya encontrado en algún lugar de su memoria. Aunque nunca lo sabré. En ese lugar me quedé perdida para siempre, seguramente, hace dos años.

domingo, 7 de junio de 2015

Os prometo que no siempre estoy deprimida. A veces -solo a veces- me acuerdo de lo mucho que me parezco a Michael Scott en la vida real y me entra una oleada de afecto propio. La vida no son las series, pero a mi la ficción muchas veces me da la vida. Es una droga muy efectiva contra la estúpida realidad.
Y ahora estoy feliz, y como Michael olvidó a Jan y encontró a alguien infinitamente mejor, tengo que olvidarme de todo lo malo que me ha pasado los últimos años. ¡Aunque me muera en el intento!. Que el hijoputismo, la maldad y la rabia ajena no determine nuestra vida, por favor. Que aunque haya personas malas, en la vida hay muchas más personas buenas que te incitan a seguir hacia delante. Pudiste hundirme pero ahora, aunque no olvido todo lo malo, te miro desde arriba y no te odio, pero me das pena. ¡Que felicidad da poder reirse con alguien que te quiere de verdad!. Que efectiva terapia es odiar por escrito. Las palabras lo hacen más real. Algún día, volveré a estar completa.

Mamá



Los sueños nos traicionan. Tan pronto nos devuelven momentos con personas queridas, como las hacen esfumarse sin motivo, al salir el sol. Cuando he abierto los ojos, ya no estabas... pero...¡que bonito recordar tu sonrisa serena! Te prometí que no iba a olvidarte y  ahora se que no lo haré nunca. Pueden irse las cosas simples,e incluso algunos detalles, pero el alma permanece. Está en todos los rincones de la casa.

Es bonito que a veces, me visites en sueños sin avisarme. Ójala sea porque sepas lo mucho que te quise.

domingo, 11 de enero de 2015




Esta noche, muy tarde, me has dicho que todo era mentira. Hemos caminado al sol por calles inventadas, pues los sueños no distinguen de horas y hemos recordado aquellos viejos tiempos que siempre quisimos creer eran de verdad.
"Nunca nada va a ser lo mismo, no puedo mentirme más" te he dicho balbuceante, cuando el paseo ha llegado a su fín.- Como terminan todas las cosas buenas.-
 Me has acariciado la cara. quizá apenado, y te has despedido con un suave beso. "No podemos, ni siquiera somos de verdad". Tus ojos multicolor enrojecidos, tu respiración entrecortada. Quizá tu tampoco quisieras decirme adiós para siempre.
No más palabras amargas, no más reproches. No con la ficción que yo imaginaba al principio, cuando todas las cosas iban bien.
 De repente te has desvanecido bruscamente y he abierto los ojos a la oscuridad. De verdad que ya no me encontraba por ningún sitio. Aunque te has llevado algo muy importante, todavía no se bien que es.

" Quizá no todo fuera tan malo", he pensado.
" Quizá siempre quede algo que agradecer."
Sea como fuere. Ha sido bonito despedirte.
Por segunda vez
En este lugar donde continúas siempre, con las cosas infinitas.