miércoles, 19 de agosto de 2009

Lo suyo no tiene nombre



¿Es un pájaro? ¿Es un avión? No,es otro maldito chiste manido, cómo nos encanta citar a Hollywood para todo, de verdad. Pero a lo que vamos,que no, no es superman, es Santi Capote. El del concierto, la entrevista,el del vídeo,el que suena cuando entras si, ese. ¿Y por qué lo pongo? pues porque me da por ahí fíjate, porque hace mucho tiempo adoro su música y aupongo que porque no hace falta decir que soy defensora acérrima de su grupo y piadosa practicante de mi particular primer mandamiento, ese "amarás a ellos sobre todas las cosas" con el que tanto os aburro y que cumplo a rajatabla ,y bueno sobre todo porque desde hace tiempo, con la casa azul son mi grupo favorito (No olvidemos que el segundo es No tomarás el nombre de Milkyway en vano)

Y el caso es que parecerá absurdo, pero a mi la música siempre me ha ayudado mucho, no se porqué, es mi bálsamo contra la realidad, mi vía de escape. Ya lo decían en "Alta fidelidad": "¿escuchaba música pop por que estaba deprimido, o estaba deprimido por escuchar musica pop?" pues en mi caso lo primero. Puede resultar estúpido o difícil de entender pero durante algún tiempo, lo único bueno de mi semana era aquel momento IPOD en el autobús en el que oía sin parar "Ni hablar", como una posesa. Rodeada de gente, con una hora de viaje por delante y yo solo oía esa canción como hipnotizada, o porqué no, colocada. Supongo que ésto mejorará mi ya de por sí buena imagen de chica equilibrada de apabullante vida social, pero ahí queda.

Las chicas, y digo las chicas porque no conozco ningún caso de chico que también lo haga, tenemos una absurda tendencia a identificarnos con todo lo que se mueve. Búscamos un patrón determinado, ya sea personaje de ficción, real, canción o película, y nos creemos él. Y como yo no iba a ser menos pues me pasó. No se porque extraña razón, o qué estupidez pasaría por mi cabeza pero yo me sentía como el chico de aquella canción que no dejaba de sonar, como el chico de ese vídeo que no miraba nunca a la cámara y parecía tan tímido. Y una siempre se siente mejor cuando se identifica con algo. Misterios de la ciencia, o de la psicología, pero funciona, no le deís más vueltas.

Y gracias a ello, a mi nueva obsesión he tenido momentos muy buenos. Los momentos previos a los conciertos, repasando las letras con la carne de gallina y la euforia propia de un adolescente. Conocer a la gente de Madrid, gente estupenda por cierto. Hacer de periodista por un día. Ver el vídeo de camela. Acosar al pobre Santi Capote (xD).En fin, momentos buenos, todos.

Y Soy una obsesiva compulsiva con mucho tiempo libre y mucho aburrimiento encima, si. Pero aún así sigo siendo agradecida. Así que escribo esto para dar gracias por las canciones, que evaden, alegran, te hacen olvidarte por un momento de que la vida es una mierda, o casi. Por los conciertos, en los que saltas, bailas y por un momento dejas de estar en este mundo, o incluso en los que recibes miles de patadas de modernos petardos que te quitan el sitio en el escenario pero a los que no odias, no, casi. Gracias por los videoclips, e incluso por los discos firmados, aunque las firmas resulten algo rancias :P.

Y por supuesto una especial mención a dios por hacerme una maníaca musical, no se que hubiera sido de mi si en vez de obsesionarme con la música me hubiera dado con otras cosas.
Sí, quizá ahora fuera Robbie Williams. O Christian Slater. O Paris Hilton.


Glubs.



Así que a dios pongo por testigo de que serán uno de mis grupos favoritos por siempre jamás, o al menos mientras sigan concediendo entrevistas como éstas, la de la discordia y componiendo temas como éste . Larga vida a Ellos.

martes, 18 de agosto de 2009

Asleep





De repente todo se vuelve blanco, no negro como cuando te mareas o te sientes mal, blanco, inmaculado, puro. Y Alrededor de esa sensación etérea casi celestial, empiezan a sonar muchas melodías juntas, conformando un universo particular, todas las que a lo largo de tu vida han logrado significar algo bueno para tí, entretejidas con momentos especiales de tu existencia, todas ellas conformando la canción que pone banda sonora a tu triste intento de vida.

Por un instante,solo sientes paz, mucha, un alivio estremecedor que hasta asustaría si pudieras asustarte, porque no es felicidad sino un estadio superior, en el que se entremezclan sufrimiento, agonía y todo lo bueno que existe en el mundo, fundando una sola sensación de soledad austera, en la que solo estás tú , sin que ello importe. Y es extraño, porque todos los buenos sentimientos junto con los que desde luego no no lo son tanto solo crean una gran tranquilidad, como fundiéndose en una sola cosa y olvidando su naturaleza, como si por un momento nos quisieran hacer ver que realmente nada importa, todo es superable, todo se olvida, incluso las personas, o como si simplemente borraran nuestra capacidad para decidir lo que nos duele o lo que no. A fín de cuentas, es agua pasada.

Pero entonces por un segundo te dan una tregua, o algo así. Sientes que cesa la melodía y necesitas desaforadamente que ésta siga acompañándote, aunque sepas que eso no va a pasar. Pero no la misma, otras nuevas, otras que definan momentos posteriores que aunque pueden resultar importantes o salir rana no han tenido aún la posibilidad de ser juzgados, y te parece tan injusto, y tú te sientes tan rastrera, que por fín, cuando abres los ojos, y respiras, piensas que nunca esa sensación había sido tan satisfactoria, mientras que todo lo demás te parece una minúscula nimiedad, en comparación con la posibilidad de poder seguir sintiendo, sintiendo un beso, el arañazo de un gato, el sonido de sus risas. Y ves lo absurdo de todo.

Y es que al final resulta que nunca estamos tan solos como pensamos, ni somos tan buenos, ni tan malos, ni estamos tan locos. Todo depende del rasero con el que midamos nuestros actos. Pero al final, siempre queda algo que nos salva.

viernes, 14 de agosto de 2009

Y al final, ganó






Era taciturno y perspicaz, buen jugador,de él se decía que era un gran orador y una buena persona, y su mordacidad era su seña de identidad. Llevaba una Corbata gris, y sus rizos engominados ya canosos desde su juventud le daban personalidad.Estaba envuelto en una cortina axfisiante de humo en medio de una partida interminable de poker, rodeado de aduladores, con su sonrisa sardónica y su serio semblante, ajeno al odio que se dejaba entrever en su mirada. Era el ser más desgraciado, ruín, pérfido y lamentable de todo el universo, escondido entre tanta cotidianiedad.

Le miraba de soslayo, mientras prestaba una atención fingida a las personas que se sentaban al lado suyo, de conversación mediocre y ánimos afectados, que le contaban sus cuitas cotidianas, mientras en su fuero interno luchaba por contener las ganas de apretar el gatillo de la pistola que guardaba en el bolsillo de su chaqueta. El frío del metal casi impregnaba sus huesos, era difícil concentrarse con algo así entre manos.

Pero era demasiado fácil, rápido, limpio, un crimen cuasiperfecto. En aquel antro de perdición repleto de maleantes y seres indeseables hubiera sido uno más de tantos incidentes silenciosos . Y además, lo más grave era la impotencia, ¿cómo podría una simple bala infligirle una décima parte del dolor que el que sus cruentas palabras le había causado a ella? Ni mil explosiones nucleares podrían emular en ningún caso la sensación que había experimentado, no había nada equiparable.


Se concentró en la jugada.Relajó los músculos, la tensión era casi más molesta que la atmósfera cargada de humo,y soltó el arma que cayó sin estruendo al fondo de su birkin, entre toneladas de prozac y Clomipramina. Dio un sorbo a su copa de vino, prendió una cerilla y tiró su alianza al suelo, la pisoteó. No era el momento de andarse con remilgos conyugales innecesarios. Dejó las cartas sobre la mesa, la victoria fue suficiente para acallar sus ansias de venganza, sobre todo cuando las cantidades apostadas eran las que eran. Había herido su orgullo, y no solo eso. En unas horas comenzaría a sentir el efecto del veneno que había derramado en su copa, no lo suficiente dañino como para acabar con su vida, pero si lo bastante como para hacerle arrepentirse de todos sus males y hacerle ver las cosas.

Se levantó, dejó de escribir, cerró el diario. Rebuscó entre las hojas que había tirado aquella mañana a la basura y las extendió sobre el baúl, leyéndolas de nuevo. Apagó el móvil y no volvió a contestar a ninguna de sus llamadas durante toda la semana, era demasiado importante no dejarse influir por su opinión. No podía dejar que nadie estropeara sus sueños, menos cuando todo atisbo de vergüenza desaparecía en el papel, ahí no tenía porque demostrarle nada a nadie. Le había bastado para escupir todo aquel dolor, se sentía un poco más aliviada.

Y aquella doble vida no estaba del todo mal, aquella noche durmió como un bebé. Por la mañana despejada, abrió la puerta de su editor, ésta era la definitiva.

domingo, 9 de agosto de 2009

Love means never having to say you're sorry






La sensación de pertenencia, de llegar a una casa vacía en el fín del mundo pero sentir el vínculo estrecho que de alguna manera te une con otra persona, esa es la clave. La necesidad desesperada de dar un abrazo y prolongarlo hasta el infinito, de tener a alguien entre tus brazos y que no exista nada más. El sabor de un beso, la esperanza, los planes de futuro, la añoranza.