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Partículas de tiempo.

Se que durante años vagué sin rumbo, dándome cabezazos contra la pared, queriendo lo imposible. Te veía tan cerca, puro, tan de ver...

martes, 22 de diciembre de 2009

No sunlight



Nunca me gustó la lluvia.
Con la lluvia llega el mal humor, el pelo que se ondulada rebelde porque no tiene hueco debajo de la capucha -demasiado insignificante- las calles embarradas y los charcos molestos, los coches que derrapan por las avenidas mientras los limpiaparabrisas en una actividad frenética luchan contra la adversidad. Porque con la lluvia llegan los cambios, toda esa ropa mojada que se pega al cuerpo de una forma incómoda y pegajosa, todas esas calles que son imposibles de cruzar porque siempre están demasiado lejos. Porque la lluvia trae esa tristeza que se contagia de forma inexplicable de las lágrimas que vuelan desde el cielo hasta algún otro lugar lejano, y que ya no se secan, hasta tiempo después.

Pero hoy todo era distinto, la lluvia mojaba de una forma diferente. Y detrás de la paleta de grises en el cielo se escurrían miles de gotas coloridas, mientras al calor de muchos cafés se abrigaban nuevas esperanzas nacidas del tono de voz de un Paul que le cantaba a un amor imposible e idealizado, tan lejos de ser real que engrandecía el corazón. Detrás de la humedad había un nuevo horizonte, mucho más seco y abrigado, con nuevos olores llenos de propósitos y perspectivas, con una nueva visión y un cambio que se hacía patente, y la lluvia, por una vez, lejos de resultar insulsa, revestía un carácter vital mientras arrastraba lo innecesario a su paso. Hoy no llovía sin más,si no que cada gota traía un recuerdo en cada calle, cada conversación y cada espacio andado, detrás de todos los que estabas tú.

Y aunque hoy sigue lloviendo sin parar y probablemente lloverá también mañana, a mi ya no me importa mojarme.

lunes, 21 de diciembre de 2009





En el fondo del pozo se reflejaban sus siluetas, que bailaban. Los defectos parecían otros, de hecho, con la distancia se confundían y solo parecían eso, una más de tantas parejas de enamorados que daban largos paseos al sol en los parques mientras volaban los molinillos de viento. Pero todo era más complicado que aquello que solo adquiría una forma concreta ahí, al final de aquel hondo agujero negro que tanto brillaba con los rayos traviesos que se atrevían a desafiar las gruesas paredes de ladrillo.

Él la miraba con afectación a través de sus gafas, ella observaba la imagen que le devolvían las aguas mientras se agarraban fuertemente las manos, como si temieran ser separados en cualquier momento, hasta que al final una lágrima escurridiza rompió el silencio envolvente, al tocar aquel fondo dibujando unas ondas que crecían por momentos, como cuando los niños pequeños juegan a la rana.


El cielo se abrió y miles de sombras invadieron todo, incluso la brisa se calmó. Sus almas volaron junto a las briznas de hierba recién cortada, aquel era su momento, lo habían decidido hace tiempo. A él los días se le acortaban cada día más, a ella sin él no le quedaban días, ni meses, ni años, así que habían decidido mudarse a un lugar en el que no existiera una unidad temporal que delimitara sus encuentros, un lugar en el que expandirse plenamente y juguetear eternamente entre nubes de pensamientos sin destino. Partían juntos y eso es lo único que importaba, en aquél lugar no existía el miedo y solo tenían una idea fija,partir hacia otra dimensión, hacía el infinito, hacia más allá.

Y te hablo





Y me besas, y el tiempo se para, y las hojas de los árboles siguen cayendo despacio aquí arriba, donde no nos ve nadie. Los miedos persisten, no me abandonan ni por un instante, el hormigueo se extiende, incansable, por todas las partes de mi cuerpo que empieza a temblar, hay nubes en mis ojos pero las dudas se disipan poco a poco,como cuando se levanta la niebla. Siento frío, "no te vayas"-pienso-, agárrame la mano un poco más fuerte, cuando aprietas me duele menos el mundo y no siento temor. Las yemas de mis dedos se deslizan suavemente por tu espalda, mientras patinan mis ideas a la par que mis brazos. Y sigo hablándote, por dentro, susurrando esas palabras que jamás saldrán de ahí, son demasiado bonitas para un mundo corrupto, se partirían en mil pedazos.

Mientras se lavaba el pelo, minúsculas gotas negras se escurrían alrededor de sus ojos sin saber porqué, aunque no era precisamente el agua de la ducha la que desteñía su cara, algo a lo que concedió una importancia insignificante, era cotidiano y por tanto, de lo más habitual. Desde hacía un tiempo, las cosas no estaban como de costumbre, era como si estuviera viviendo otra vida totalmente diferente: los mismos rostros, las mismas localizaciones, pero al revés, un sinsentido mayúsculo en el peor de los momentos, que sin embargo no trataba de afrontar. Nunca había sido una luchadora y menos en aquél momento en el que no había nada por lo que hacerlo.

Pero aquella mañana todo era aún más extraño,millones de ideas pululaban desordenadamente por su cabeza, provocándola un dolor atroz en todas las partes de su anatomía. Probablemente fuera fruto de la cafeína que había consumido horas antes, que estimulaba plenamente su cerebro, como cuando tenía aquellos impulsos creadores que la llevaban a escribir durante horas tan productivos, pero lo cierto, es que aquello difícilmente podría atribuirse a una actividad cerebral desmesurada, todo daba vueltas alrededor de un mismo punto abstracto, no existía una dimensión detallada.

Y se echó a dormir, como de costumbre, para acallar preguntar inútiles,pero aunque no tenía sueño y no había siquiera cerrado uno de sus párpados, empezó a revivir una de sus pesadillas más recurrentes. La casa temblaba, cada vez más, haciendo resonar sus tripas furiosas, los seres humanos que en ella habitaban se revolvían nerviosos, tan inertes como de costumbre, impasibles para con el exterior, como muertos y tan solo había actividad en un exterior que parecía ser rechazado por su vitalidad y animosidad. Quedaba patente que la nada envolvente había vencido y nadie se había dado cuenta, ninguno tenía nada ya por lo que luchar, por lo que soñar, aquella rutina desganada se había convertido en su propia tumba y se llevaría a todos por delante, uno por uno.


Pero entonces comenzó a escribir sobre todo aquello, y el dolor comenzó a remitir, buscar una vía de escape al sufrimiento, aliviaba la carga que pesaba sobre ella tiempo atrás. Y comenzó a llorar, y no pudo parar, pero al menos conocía la procedencia de aquel llanto salado,pues se la había revelando una de tantas páginas sabias, en ellas sabría hallar la solución para acabar con él de raiz y seguir sonriendo, como cuando tenía una vida feliz.

No era una soñadora y no era luchadora, pero porque hasta el momento no había tenido algo por lo que luchar, la vida es ,mucho no, muchísimo más sencilla de esa manera, quejarse siempre de todo sin hacer nada es facilísimo para cualquier persona de a pie. Pero en ese momento descubrió que tenía que hacerlo porque se lo debía a ella misma, así como a todas las personas que desde ese "Exterior descuidado" luchaban por que ella se diera cuenta de que debía alcanzar la felicidad y abandonar la mediocridad del sufrimiento sobrevalorado e inútil, por acabar con el aletargamiento que se cernía sobre una casa que antes era feliz, se lo debía a ella, que se había marchado con la cabeza bien alta sonriendo y siendo feliz hasta el último momento.


Y al final agradeció aquel episodio, aquel extraño acontecimiento, a partir del cuál supo aprovechar algo más la única vida que se le había concedido. Y no fue feliz, pero lo intentó, y pudo gritarlo a los cuatro vientos. La felicidad no es permanente, pero cuando se intenta alcanzar y se saborea por un instante, sabe tan bien...

sábado, 12 de diciembre de 2009

Remember to let her into your heart





Cuando años atrás sonaba en el coche, no podría haberme imaginado ni de lejos la importancia que aquél tema tendría en mi vida.

Se decía que Paul, -Las canciones de McCartney siempre me tocaban el corazón inexplicablemente- la había compuesto para consolar a Julian,el hijo de John, por el divorcio de sus padres, pues fue en aquella época cuando entró en escena Yoko Ono, aquella extraña individua de tez mortecina y rasgos achinados bastante desagradables que había cautivado a aquél Beatle pacifista dinámico y liberal, incitándole a acabar con una consolidada relación y a iniciar una nueva que el tiempo había encumbrado como un romance épico,a la vez que hippie y naturista y que con los años lograría destruir incluso al grupo más importante sobre la faz de la tierra, pues como bien es sabido, las estupideces por amor, son las más estúpidas que existen y pueden con todo.

Al margen, a años y un país de distancia estaba yo. Por aquellas épocas no tenía ni idea de música, probablemente no habría alcanzado la adolescencia cuando las notas de "Hey Jude" me provocaban ya pequeñas descargas eléctricas en alguna parte de mi organismo y lagrimillas escurridizas que se manifestaban sin pensar. Y aunque yo no sabía quién era Paul, ni John, ni George,ni siquiera Ringo- aquél que con los años hubiera sido objeto de mofa constante por su rimbombante nariz- sí tenía claro que aquella canción conseguía que me embargara una profunda nostalgia, la del propio Jude tan cobarde en busca de su amor,y lograba crearme un nudo en la garganta, fruto de la impotencia provocada por no tener buenos adjetivos que describieran el puño que con fuerza golpeaba mi corazón cuando Paul susurraba aquellas palabras mágicas y a la vez tan cercanas.

Y con el tiempo volvió a sonar en el coche, y la nostalgia volvió a reinar con su majestuosidad habitual, mientras sus notas envolvían cada uno de los corazones en aquél pequeño vehículo, con un significado diferente que nadie alcanzó a comprender hasta tiempo después, era tan deprimente como esa niebla que envuelve la ciudad de Liverpool en ocasiones,o eso dicen, y que tanto evocaba con sus notas. Y fue pasados unos meses, y aunque escondida bajo un título indescifrable, cuando decidida a compartirla con alguien, -alguien que se decía muy importante en mi vida, aunque aquello estaba aún por ver-, cuando me di cuenta de su importancia.

Recuerdo que se repitió a través de unos auriculares como un secreto bien guardado, como si nunca hubiera dejado de sonar a través de ellos, no estaba en casa pero sin embargo de repente estaba allí mismo.Descubrí entonces el porqué de aquella nueva escucha tan diferente, el porqué de esas lágrimas furtivas que siempre desataba, muchos más tangibles con su presencia .Y era tan simple como saber que la ausencia la había convertido en un tema más cercano a mi subconsciente, convirtiéndolo no en una simple canción, sino en un recuerdo, un recuerdo que compartido, resultaba aún mucho más triste.


Eran todos aquellos viajes interminables en los que siempre sonaba alguna vez entre silencios respetables, eran las protestas por su lentitud, era ella tarareando y aquella otra descubriendo un nuevo mundo de melodías, era él abriendo su recopilatorio color rojo sangre envuelto en papel del corte inglés, aquel musical absurdo y aquel tararear triste, aquella clase de música con los pelos como escarpias y los lacrimales a punto de estallar,era yo recortando fotos de Jude Law en el colegio,oPaul cantando mirando a la cámara con ojos tristes, era un grandioso y nostálgico recuerdo, y aún hoy era otra cosa nueva y diferente.

Y esa es la historia de cómo "Hey Jude" se convirtió en una de mis canciones favoritas, tan simple y para mí tan fantástica.Y aún hoy cuando estoy triste suelo escucharla, tarareándola- es una de las pocas que no me atrevo a interpretar- y me acuerdo de Paul con mirada nostálgica, y hasta de John y su fatídico final y de esa época que nunca viví y que resultaba tan elegante, y me siento como en casa, embargada por una tristeza auténtica y a la vez pueril, nostálgica y agradable, reviviendo miles de recuerdos como sucede en esos momentos en que un olor instantáneamente te retrotrae a un acto concreto.

Pienso que soy Jules, pequeño, desarropado, desamparado y triste y me siento mucho mejor pensando que ese tema me da consuelo, puedo hasta sentir su añoranza, yo también la llevo dentro, y poco a poco las notas me abrigan.

martes, 24 de noviembre de 2009

Life and death

Antes pensaba que lo sabía todo sobre los sentimientos, sobre las sensaciones. Cuando eres un niño,todo se reduce a las necesidades más básicas: tienes hambre y lo notas, puedes tener frío o calor, te haces daño y lloras sin poder parar para captar la atención ajena- puro instinto de supervivencia-, sientes amor por tus padres que son tus modelos, referentes y no necesitas nada más, y sientes odio por aquellos hermanos que robaron tu protagonismo y te convirtieron en el príncipe destronado de Delibes.

Sin embargo a medida que creces la cosa va a más y pierdes el control,nada es tan simple. La inocencia desaparece en la medida en que surgen las responsabilidades, el hombre se complica al empezar a saber lo que es sentir, padecer y se vuelve loco, pudiendo convertir la cosa más nimia en toda una catástrofe de enorme envergadura y al revés, logrando sobrevivir al mayor de los dolores de corazón, algo que me asombra enormemente en muchos casos.

Pero lo que no sabía es que el hombre fuera tan resistente,inquebrantable, que pudiera vivir sin más a pesar de todo.Experimentar el sumun del dolor me ayudó a tomar conciencia de la realidad, de que somos fuertes a pesar de todo lo que se diga, cuando las circunstancias nos obligan a ello, me obligó a enfocar la vida desde la perspectiva correcta. Mi primera relación con la muerte, mi primera toma de contacto con la realidad fue dura, mucho, es como una tómbola que estás seguro te puede tocar pero nunca esperas. El miedo a lo desconocido se torna un poco más tangible, más real, y su proximidad nos lleva a creernos portadores del guión de toda una vida, cuando aún no ha hecho más que empezar.


Y supongo que es normal, y que así se sienten todas las personas que sufren este tipo de vacíos, porque no todos son iguales. El hombre puede sentirse vacío porque no se siente realizado, porque la vida no le ha dado lo que esperaba, porque el tiempo pasa deprisa y las cosas jamás cambian para bien, todo siempre nos resulta insuficiente, quizá porque la vida no es lo suficientemente larga. También existen vacíos amorosos, de personas incompletas que anhelan acabar con la sensación de soledad envolvente en un mundo cada vez más incomunicado con ese reverente y a la vez tan egoista temor a la soledad. Pero este dolor es el peor de todos pues jamás desaparece y siempre va a más, nunca se cura y además es escencialmente egoista, un dolor propio al acaban añadiéndose nuevos vacíos nuevas personas a las que añorar.


Pero lo que no sabía es que el dolor se puede combatir, tomando ejemplo,rellenando ese vacío con el ejemplo de los que se fueron y que se desplazaron a mi memoria, al interior de mi cabeza ,para hacerlo más llevadero. Lo que desconocía es que podría ser capaz de vivir sin más, y de que un día podría convivir con la oscuridad del vacío insondable, que el ser humano nació para sobrevivir y no para morir a la primera de cambio.

Lo que no sabía, yo que en parte lo se todo y a la vez no se nada, es que ella nunca logró padecer ese vacío pues lo rellenó de amor, de humanidad, de ejemplo y de fé y gracias a esa lección, esa huella imborrable se reduce el espacio hueco de mi alma.

Lo que ignoraba, inocente de mí, es que llegaría un día en que preferiría no saber nada, olvidarlo todo, que algún día querría volver a vivir en la nada. Perderla a ella lo cambió todo y ahora preferiría seguir viviendo en esa ignorancia inocente del principio de los tiempos porque el conocimiento del verdadero vacío, del único, resulta aterrador.

domingo, 15 de noviembre de 2009

La pequeña muerte





Yo pensaba que morir era otra cosa. Pensaba en la muerte como un acto terrenal, físico, como un paso temido, como el dejar de respirar, el abandonar la tierra, una fase que está avocado a atravesar todo especimen que pueble la tierra. Pero estaba equivocada, porque no solo sucede así, porque hay personas que mueren en vida, mientras siguen respirando, mientras sus brazos se siguen agitando y sus mejillas siguen coloradas, mientras sus venas siguen pobladas de sangre. Y esa para mí es la muerte más temida.

El hombre muere lenta e indoloramente,cuando se abandona a su propia suerte,cuando se deja llevar, cuando se deja pisar, cuando se olvida que la vida no es para verla pasar impasiblemente. El hombre muere y no se da cuenta, sigue temiendo a su propia mortalidad sin darse cuenta de que el momento en que deje de respirar no será más que un mero trámite, como quedarse ciego cuando ya no se tenía aire. El hombre muere y sigue esperanzado, pero son esperanzas muertas depositadas en un falso intento de vida.

Y yo hace tiempo que no soy más que un sueño roto. Se acabó mi tiempo, me he extinguido, como la luz de una vela. Fue una pequeña muerte, ni siquiera fue sonada, tampoco lo hubiera merecido.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Quiero ser como Amy

Uno de los mayores temores en la vida de una persona de a pie, y en concreto en la mía desde mi más tierna edad, son los peluqueros; esos seres misteriosos de tijeras demasiado largas y titulación dudosa, estilistas poco estilosos, protagonistas de tantas y tantas pesadillas infantiles, en cuyas manos dejamos nuestra amada cabellera, nuestra seguridad en nosotros mismos y muchas veces incluso hasta nuestra dignidad que ya jamás nos es devuelta después de visitarlos un día aciago.





Y es que desde hace ya muchos años, esos individuos vienen cometiendo crímenes estéticos de lo más variopintos, rebanando melenas, cortando formas horrendas, flequillos imposibles, creando cardados abominables, desde aquellos fatídicos años 80 que supusieron el principio del fín de todo buen gusto, y que para más inri siempre se empeñan en volver, con referencias variadas en todas partes. Pero bueno, ¿qué se le va a hacer si el hombre es hortera por naturaleza y en lugar de luchar contra ello se alía con todo lo casposo y horrendo? - Véase foto con precaución y a ser posible alejados de comida o sucedaneos-



El caso es que me ha dado por pensar, y después de mucho hacerlo -porque mucho tiempo libre es lo que tiene- he llegado a una conclusión. Y es que esos seres no son solo malignos a más no poder no, lo peor, es que tienen algo oscuro, diabólico, y no solo hablo de Llongueras no, -ese Ángel Llácer del pelo-, pues todos y cada uno de ellos, en mayor o menor medida dependiendo de su mediocridad y de nuestros ingresos, son capaces de ejercer una extraña influencia sobre nosotros, sobre todo bicho viviente adicto a su imagen y cuyo único crimen es querer seguir las tendencias.

¿Qué porqué digo ésto? Pensémoslo friamente... ¿Porqué si no después de todas las chapuzas que hemos tenido que padecer- porque eso es un padecimiento y lo demás son tonterías- a lo largo de nuestras vidas seguimos volviendo al peluquero en lugar de amargarnos la vida nosotros mismos? ¿Qué más nos da si lo hacemos igual de mal? Lo nuestro señores es puro masoquismo emocional y lo demás son tonterías,porque jugar de esta manera con los sentimientos y el equilibrio mental,aunque sean de uno mismo, debería estar penado por el ordenamiento jurídico.

Pero en fín, a lo que vamos, y es que todo ello obedece a una razón, y se debe a que ellos, a diferencia de nosotros manejan el cotarro; lo saben todo sobre el pelo, hacer peinados para ocasiones especiales -innumerables horteradas dignas de premio Kistch, que NUNCA quedan como nosotros queremos, ¿Por qué quién sale feliz de la peluquería?-, retocan flequillos, cortan capas, tiñen/queman cabezas...vamos, que son la repanocha, y además de eso nos aplican champús carísimos que optan por cobrar aparte, como si uno no tuviera bastante con gastarse una media de quince euros (eso si tienes suerte y no vas a un centro "Cebado") en hacerse el peinado más feo de su vida, que sale del peluquero con una factura de cincuenta euracos a lo que podemos añadir además unas ganas enormes de acabar con nuestra vida, que no es poco. Y todo por esa manía del ser humano de ir guapo, impecable, y con el pelo pantene siempre porque de lo contrario estás jodido y mal visto. - Eso los que pueden permitírselo claro, otras como yo, nos conformamos con los despojos de una melena leonina indomesticable y las planchas del todo a cien, o de los chinos, que se estilan más ahora-







Además,uno de los fenómenos más curiosos que en mi corta trayectoria de vida he venido observando,algo en lo que vosotros también habreís reparado seguro, es que la mayor parte de personas que ejercen esta profesión están sordos, absoluta y rematadamente, deben pertenecer a una asociación similar a la "once", pero de personas dedicadas a los (des)cuidados del cabello. La sordera debe ser requisito indispensable para ser admitido en la escuela Llongueras de peluquería, o el pasotismo extremo, pues si no, a mi que alguien me expliqué porque jamás me escuchan. ¿Qué Quiero media melena? ¡zas! Toma Trasquilón por debajo de la oreja, ¿Qué no quiero capas? Pues te ponen más capas que a una cebolla y encima todas desigualadas y deformes, ¿Qué quieres un flequillo recto y normal? Con cuchilla y amorfo, de esos flequillos que se asemejan a los que te retocas tú frente al espejo con las tijeras de las uñas y al final te acabas pareciendot a la Tita Cervera de muchachada nui. En fin,que vamos apañados todos.






Y lo mejor de todo es que además de sordos son bastante poco respetuosos con el medio ambiente, porque con las cantidades desorbitantes de laca que emplean por cliente, podrían acabar no ya con la capa de Ozono entera si no con parte del universo, aparte de con el autoestima de las desgraciadas que han de padecerlo, a las que después de la sesión intensiva de peluquería, y después de pagar un montón, parece que les ha lamido la peluca una vaca o similar, pues para eso con un poco de gomina te apañas, pero bueno nada, ¡Qué manía con las puñeteras lacas, las planchas del pelo, los productos carísimos que repito encima te cobran aparte y la madre que los fundó! ¡A la mierda! Como diría mi admirado Fernando Fernán Gomez, con más razón que un Santo.


Y todo ésto y como ya os imaginaís viene a ton de qué ayer me corté el pelo. Dicen que el ser humano tropeza tres veces con la misma piedra, pero en mi caso ya llevo más de un millón de batacazos estéticos. Ilusa de mí, toda feliz las horas previas, regodeándome en los peinados elegidos y en un futuro menos acomplejado.-¡George Harrison llevaba un flequillo parecido! ¡Tendré un peinado beatle! pensaba para mis adentros frente al televisor y dejando a un lado los complejos capilares por un rato, pero al final después de una hora de espera y de ignorancia sin un espejo que llevarme a la cara durante un buen rato, la realidad que nunca se aleja suficiente, se apoderó de mí y mi cara fue la siguiente:







Era Amy Winehouse, o Madonna, o algo peor, quizá la seta "Toad" Del super mario... pero con cuatro pelos y melena (que ya quisiera yo la cabellera de las otras, que las planchas se notan y la "belleza" acaba pasando factura)... c'est la vie. ¿¿¡POR QUÉ COÑO SIEMPRE PASA LO MISMO!?? ¿Por qué pagamos justos por pecadores? ¿Por qué no escuchan? ¿¿¿por qué???Pero bueno, todo pasa, el pelo crece y una y no más, Santo Tomás.

Gracias a Dios,el ser humano tiene sentido del humor, y se atreve a parodiar a estos seres en películas del rollo de Zohan, en otras que no les parodian no me voy a meter. Aunque la verdad, en ocasiones no me hubiera importado ser clienta de Adam Sandler, que Adam es mucho Adam.





Es por tanto el mayor misterio de la tierra planteado ya desde tiempos inmemoriales, que aún no ha sido resuelto,y no, que tampoco será resuelto hoy con estas sabias palabras de mi blog. Pero no está de más un buen consejo bricomaníaco, y es que, queridos amigos, para la próxima vez que necesiteís un cambio de look, o tengaís el flequillo un poco más largo de lo normal...cortároslo vosotros mismos, o si no el rollo Sinead O'connor nunca se pasa de moda, seguro que así, teneís más suerte.

viernes, 16 de octubre de 2009

Aquel día, aquella tarde de Febrero, te escribí






Era gracioso observarle remover el azúcar de su café lentamente, mientras esbozaba una de esas sonrisas que tanto solían divertirme. Murmuraba incoherencias, frases para salir al paso después del paréntesis temporal en nuestra relación amistosa y aunque titubeaba constantemente, su mirada de inocencia revelaba que estaba pensando justamente en aquello mismo que yo no pensaba comentar, aquel motivo por el cual la nostalgia reinaba en el ambiente.
Tenía algo olvidada su sonrisa, y cuando sus dientecillos descolocados se atrevieron a asomar un poco a través de aquellos labios que yo siempre solía comparar con los de Scarlett Johannson, pude contagiarme de su ánimo a pesar de las últimas noticias, y me apercibí de lo mucho que me habría ayudado a salir del paso días atrás, en mis patéticos intentos de autoconsuelo .

Habíamos pasado muchas cosas juntos, quizá más de las que él sabría jamás, porque me había acompañado en los años más convulsos de mi existencia. Las anécdotas eran ciento y un mil, pero mayor era el número de recuerdos que su presencia me evocaba, era inevitable pensar que una parte de mi había crecido junto a él aunque nunca ninguno nos hubiéramos dado cuenta.

Aquella época de transición, en la que de lejos camino al colegio observaba de lejos sus pasos mientras el rubor provocado por lo poco casual de nuestros encuentros,se extendía por mis mejillas, había pasado hace mucho, pero todavía persistía parte de la sensación que me provocaban aquellos momentos cuando su mirada azul me miraba extrañada en los largos paseos de tardes estivales.

Es curioso que el tiempo pase y sin embargo todo permanezca igual que aquella tarde, de conversaciones espontáneas y nieblas otoñales que fue el principio de todo.

martes, 13 de octubre de 2009

De chismes, mangantes y Elijah Wood


Desde siempre se me ha considerado una persona sin criterio para según qué cosas,- con mogollón de conocimientos sobre series, películas, actores, música y conciertos, pero sin referencia alguna sobre todo aquello que trascienda del mundo ficcional, ya sabeís- pues lo cierto es que niños, os he tenido engañados durante mucho tiempo y os lo habeís tragado como pardillos de instituto, así que seamos serios por un momento, que hoy, he decidido salir del armario.


De siempre he sabido que circula el rumor de que no tengo opinión, de que soy algo así como una cabeza hueca, un ser vacio, una chica callada sin tema de conversación, una zapatilla, hablando en términos coloquiales. Pues bien, os diré que tal afirmación es una falacia como un castillo, aunque supongo que ya os lo olíais. Supongo que para contrarrestrarla creé este blog, para expresarme libremente con todos aquellos que mereciendo la pena, quisieran leerme, o algo así, digamos que fue algo así como la presentación en sociedad de mi criterio. Pero os explico, todo es una cuestión de de apariencias, no me culpeís a mi si no a los demás, que es que cuesta compartir pensamientos que a veces vienen a ser elevados con seres de inteligencia inferior y es más fácil camuflarse entre ellos, aunque sin caer en su rutina, porque entonces estás ciertamente jodido, aunque de momento eso no ha pasado.


Pero en fín, que por ejemplificar un poco, hablemos de política: ya sabeís ese tema tabú y de lo más detestable sobre el que jamás me pronuncio, pero necesario en el día a día, o eso dicen. Así que veamos, para empezar se me ocurre poca cosa, pues de siempre me he considerado apolítica, -apática con el tema más bien y bastante inculta, que esa es otra-, pero me remito a Thomas Hobbes que creo describe perfectamente mi insatisfacción para con la raza humana con su "Homo homini lupus", -El hombre es lobo para el hombre" que viene a ser lo mismo y no suena tan pedante-, pues vereís, ni creo en la política ni creeré y es más, considero firme y sentenciosamente que el hombre es malo y corrupto por naturaleza-no solo para los demás sino para sí mismo- y nunca va a cambiar, y con envidias, odios y desigualdades, no vamos a ningún sitio, y de esos defectos adolecemos todos, unos en mayor medida y otros en menor, pero todos por igual, así que entre imperfecciones varias anda el juego. -Vale que sea feo caer en generalizaciones y afirmaciones varias sin comprobar,pero es lo que creo y nadie me va a convencer de lo contrario, y soy faltona y mala por naturaleza, pero oye, yo al menos lo reconozco-.

Seguro que me entendeís mejor,-voy a ser más gráfica- si defino el poder como el anillo de Tolkien,, la metáfora perfecta, (de hecho obviamente J.R.R se refería a él) pues lo coja quien lo coja, acaba pringado, siempre abusa de esa posición privilegiada que le da el anillo y se convierte en un ser feo, retorcido, codicioso y malo, un Smeagol con cargo político vamos (al que por cierto si se convierte en presidente, le pagamos una renta vitalicia con nuestros ingresos, que no es nada) y que por desgracia generalmente no tiene el rostro angelical de Elijah Wood y no nos alegra la vida con su rostro en los periódicos, pero bueno, nadie es perfecto y estos menos. Y naturalmente en la vida real no tenemos un Samsagaz Gamyi dispuesto a librar al mundo con su altruismo y servicialidad de la corrupción y la estafa, lo cuál resulta ciertamente desesperante, somos todos muy egoistas, protegemos nuestro culo, y el del próximo como mucho, pero no el de los demás.

Y es que no,no me convence ninguno de los que desempeñan o han desempeñado cargos políticos en nuestro país, ni en ningún otro. Desde tiempos inmemoriales nos vienen timando, mero trámite,si no es uno, es otro, y si no, a los hechos me remito. Nos han robado, involucrado en guerras, nos han engañado, ninguneado, subido impuestos y ahora estamos con el caso "Gürtell" que ya es la escojonación de Fausto, y muy resultón como gag humorístico. Y el problema es que son los mismos lobos, con distintos disfraces de cordero, algunos mejor vestidos que otros- porque algunos visten de "La martina"- pero los mismos. Y puede sonar radical, que de hecho supongo que lo es, pero mi forma de pensar siempre ha sido controvertida. De hecho aquellos con los que me he abierto más en estos aspectos me han llamado de todo, desde "ácrata", hasta "roja" pasando incluso por "fascista" y "pepera". Vamos que en cuestión de colores políticos, he sido verde, roja u hasta violeta, algó así como un Tinki Winki travestido, pero no os creaís, que todo depende de la óptica con que se me mire, porque yo de hecho de siempre he sido de Kas naranja.

Y a ver, es que aquí el problema está claro, viene de confundir términos, porque por ejemplo, política y religión no son sinónimos y se tienden a juntar, que anda que no habré oido miles de veces a la típica abuelita decir eso de "- Qué buena persona era, de misa diaria y votante del PP" y me indigna sobremanera. Porque señora, Álvarez Cascos también era del PP y le puso dos cuernos como dos soles a su ex mujer, así que aquí, somos todos igual de malas personas, aunque llevemos jersey de pico y polos de Ralph Lauren. ¿Y desde cuándo eres mejor persona por ir a misa? Porque anda que no conozco yo señoras que se pasean por la alfombra de la iglesia para lucir el bisón nuevo, como si del Hollywood Boulevard de la iglesia de turno se tratara, o para cotillear de la vecina del quinto, ¿Qué sabes? No ha parado de hacer vete tú a saber qué cosas por la noche porque no hacían más que sonar los muelles de su cama - menuda marrana- .Que no, leches, que a mi no me engañan, que si eres buena persona te vas a África en misión humanitaria, y no te las das de aspirante a santo de la Iglesia escuchando el mismo sermón diario en la iglesia todos los Domingos, mientras estás pensando en las ganas que tienes de rascarte el culo o de irte a casa a echarte la siesta en vez de aguantar al párroco de turno, que tiene mérito, pero no como para que te ganes la consideración de martir, sintiéndolo mucho.

Porque sí,la religión es otra cosa, qué tema tan controvertido, por otra parte. Ya decía Edward Bloom que es de mala educación hablar de ella, pues nunca sabes a quién puedes ofender, y tenía más razón que un Santo. Es un tema que corresponde a la esfera íntima de toda persona,de la que no debe trascender. Lo principal es no juzgar a los demás por sus creencias, dependen de tantas circunstancias que resultaría nefasto, y me parece perfecto que alguien se sienta orgulloso de ellas, pero que no las imponga, que resulta tiránico y de bastante mala educación,tanto por parte de unos como de otros, por otro lado. De todas formas a mi me encantaría conocer, -para felicitarle personalmente por su capacidad manipuladora,claro está- al que adaptó las enseñanzas de la Biblia a la doctrina católica. Si los escritos fueran ciertos, Jc-de colegueo- habría simpatizado con prostitutas y pecadores a los que protegía como a los que más, pero qué pasa? que nosotros de la Biblia tomamos lo que nos sale de los cojones. El "querrás al prójimo como a tí mismo" por ejemplo nos lo pasamos con el forro cuando criticamos todo lo que nos rodea, sin embargo algunos siervos de Dios se toman el "Dejad que los niños se acerquen a mí" de forma demasiado efusiva, oigan.


¿Y qué os podría decir del tema? Tantas cosas...he pasado por todos los estados; católica, atea, agnóstica, y...¿Seguidora de Escribá de Balaguer? que no, que es broma, aunque de pequeña iba a un club del Opus y todavía aquella estampa maligna me persigue en sueños, aquello si era terror y lo demás sin tonterias, aunque como he dicho respeto máximo (aunque lo odie, lo ODIE profuuuuuundísimamente, pero tengo motivos...vale,sí,me justifico, soy igual de intransigente que el resto, me encanta). Vamos, que en resumidas cuentas, existe una tajante separación, pero claro, eso habría que decírselo a individuos de la estirpe de Rouco Varela, que con esas ínfulas de notoriedad están en todos los saraos más contentos que unas castañuelas, total, que hablen, que hablen, el caso es estar en la cresta de la ola.

Y creo que de momento con esto me quedo la mar de satisfecha, es todo lo que tengo que decir en este, mi primer capítulo de sinceridad. Así que con esto y un biscocho, hasta la próxima publicación a las ocho. Espero que se me ocurra algo realmente ocurrente, estoy perdiendo mi chispa maligna.

lunes, 12 de octubre de 2009

It's ridiculous!


Siempre he temido al ridículo y siempre lo he evitado grácilmente, por eso en mi vida no suelo abrir en exceso la boca. Qué simple se siente una, qué pequeña, triste e insignificante en ese tipo de momentos -y eso que yo siempre he tenido un tamaño considerable-, pero en esos casos es como que te encogieran, te disminuyeran, te hicieran casi desaparecer y para el resto del universo fueras aún más nimia de lo que en realidad ya eres, que es mucho.

Pero en fín, no por mucho huir, escapas siempre de todo mal,al final siempre te acabas dando de bruces contra eso de lo que te escondes,como con todas las cosas en la vida. Y Resultó que el ridículo era listo y no solo eso, más rápido de lo que pensaba, aunque menos trágico y me encontró,- vaya si me encontró-, sin esforzarse demasiado, ocasionando un golpe bastante más terrible de lo que en mi ignorancia pensaba, pero que no resultó mortal.

Sobreviví, ¿quién lo hubiera dicho?y aunque con más inseguridad y un escozor permanente en el centro del pecho que me recuerda que no soy infalible aprendí una valiosa lección. Las heridas de guerra tardan en curarse, a veces, ni siquiera desaparecen, no se cierran, pero te hacen fuerte y te recuerdan que ni siquiera una absurda sensación como el ridículo puede echarte atrás, pues a fín de cuentas, nos encuentra a todos, alguna vez...otras incluso podemos provocarle nosotros mismos, y esas resultan de lo más placenteras, sobre todo cuando nadie las espera. Y lo que es más importante, no podemos dejar de vivir, por miedo, y perdernos todas esas cosas buenas y que pueden resultar tan ridículas, al fin y al cabo, si alguien lo puso ahí, es porque debería estar.

jueves, 8 de octubre de 2009

From the stars






Yo un día hace no mucho tiempo tuve una estrella.
Elisa tiene una estrella,¡Qué estupidez! pensaban todos cada vez que lo decía, qué cosa más rara e insulsa, ¡una estrella! ¿quién querría una con todas las que hay en el cielo? pero los niños son crueles muchas veces y no hay que dar mayor importancia a sus palabras, al fin y al cabo son eso, palabras, y yo estaba bien orgullosa de ella y no me importaba en absoluto la gente envidiosa que la miraba con malos ojos, ¿porque sabeís? saberla mía ,mi estrella, era mi consuelo y así sería por siempre jamás.

¿Y qué os podría contar? Pues muchas cosas ¿quién no tiene anécdotas miles de sus mejores años? De ella no podía presumir pues siempre me tomaban por loca o conformista,tampoco podía salir a pasear con ella, ni hacer los deberes o ir de compras, pero ¿Acaso importaba? Ella era lo que más quería, siempre ahí cuando la miraba, haciendome compañía de manera altruista,y lo que más le gustaba hacer, brillar con fuerza, sonriendo con sus dientes de perla, cantándome nanas sin pedir nada a cambio, mientras a mí, me encantaba mirarla, durante horas, entre resoplidos de bebé cansado ¿Y sabeís lo que era mejor aún? como además nadie más podía presumir de ello, me sentía orgullosa y plena de tener la mejor, la más grande, la cosa más preciosa, era dichosa con lo simple en mi inocencia, feliz; al fín y al cabo no en vano fueron buenos años, nunca se borrarán de mí.

¿Y Qué pasó? Pues lo que tenía que pasar, que me acostumbré a ella, pues a lo bueno siempre se acostumbra uno y más a la bondad, y un día la dejé de lado; la aparté y dejé de valorarla. La seguía mirando, de vez en cuándo, y la veía brillar, tan hermosa como siempre: tan brillante, esbelta y cercana, que no la dediqué más importancia de la necesaria, pues total ¿dónde iba a irse? ¡No podía moverse! y además yo ya era mayor para estrellas, tenía mejores planes para mí, tenía que preparar mi futura vida de persona mayor, tenía mucha prisa.

Pero no fue así, lo que yo pensaba jamás sucedió. No se quedó junto a mí, a pesar de mis ruegos infinitos, y un día se apagó -porque lo que nunca nos dicen de pequeños, es que los cuentos no siempre tienen un final feliz, aunque muchos sigamos esperándolo, confiando en la Suprema bondad, en la fé-. Fue tan silenciosa que nadie se enteró, se fue apagando sigilosa, entre susurros y respiraciones lentas y murió, como si nunca hubiera existido, y nunca la volví a ver ¿y sabeís lo peor de todo? que dejó un enorme hueco oscuro, apagado y negro que a partir de ese día se empeñó en perseguirme sin cesar y al que llamé "vacío", que nunca más me abandonó, a pesar de que se lo rogara infinitamente, entre lamentos desesperados. Fíjaos si fue buena mi estrella, que al final se marchó sin rechistar, lo dejó todo ordenado, como si siempre hubiera estado vacío, no chilló ni hizo aspavientos, y y mira que debe doler perder la luz que siempre ha estado ahí. Debe ser como desincharse, horrible, cruel ¿Por qué a los seres bellos les pasan semejantes desgracias?.

Y A partir de entonces, -de ese día que todos y cada uno de mis días recuerdo y recordaré-, cuando cerraba los ojos, la veía desvanecerse de reojo, tal y como sucedió, la veía perder brillo, color y magia día tras día cubierta por un velo de rutina y autoengaño y la eché de menos hasta que se desgastaron mis lágrimas. ¿Pero qué iba a hacer yo? ¿cómo podría asimilar que algún día podría perderla? Era mejor olvidarla y ocultarla, teñirla de una mentira muy fea de color gris y seguir siendo feliz, a fín de cuentas ¿No es esencialmente egoista el ser humano? ¿Quién me iba a pedir cuentas? ¡Todos somos así y la vida es corta!

Pero ahora la quiero aún más, mucho más que antes, porque si que la quería pero no quería quererla. Me olvidé de ella adrede-o lo fingí- porque si lo hacía no tendría que enfrentarme a su pérdida y sería feliz para siempre pues no la echaría en falta-¿Quién echa en falta lo que no tiene?-, lo que no sabía es que después sería peor, inmensamente peor y su ausencia tan enorme como el mismo universo, como el mismo Dios.

Lo se, ¿ahora? ¿De qué sirve ahora? es muy tarde, aunque nunca es tarde si la dicha es buena y os puedo asegurar que la mía lo es. Y recuerdo que era mi estrella y mi corazón se hincha de orgullo con sus recuerdos y de pena, y de triste olvido y de vez en cuando se me escapa una lágrima, y hasta dos y tres, a veces hasta cascadas enteras. Y sobre todo la recuerdo en sueños, despidiéndose bajito, con un susurro, con un adiós camuflado en un hasta luego, pues a fín de cuentas, en el otro lado sigue brillando con fuerza para mí.

"No me olvides nunca"
-¿Cómo podría hacerlo mamá?, hasta el último de mis días, estarás en mi mente. ¿Me prometes que no te marcharás también de allí arriba?





[A Antoine, que me inspiró un día, a mamá, que me inspirará todos los que me quedan)

lunes, 28 de septiembre de 2009

L'essentiel est invisible pour les yeux.






“No supe entonces comprender. Cometí el error de haberla enjuiciado por sus palabras y no por sus actos. Iluminaba y perfumaba todo mi planeta. ¡Jamás debí haberla abandonado! Debí haber intuido su ternura detrás de sus ingenuas astucias. ¡Las flores son tan contradictorias! Y yo… demasiado joven para saber amarla”.




Decir que cuando mamá se murió se paró el mundo, es una obviedad como una casa, no tiene sentido y supongo que describirlo es innecesario, pero si lo hiciera diría que es una sensación similar a un trasplante de corazón, metafóricamente hablando. Sí, te extirpan la vida y ésta continua, casi milagrosamente, como por arte de magia, y si sale bien y vives para contarlo,pues no todos pueden, nada rellena jamás ese vacío de lo que ya no está y de lo que aunque parezca tan extraño jamás va a volver,sigue doliendo, con cada latido, cada día que pasa, cada día un poco más.

En este caso yo llegué tarde; nunca fui puntual pero en mi carrera hacia la asimilación cruce la línea demasiado tarde. Fue como tener una cita y descubrir que tu reloj está parado y aquello tan importante para tí se ha ido al traste, elevado a la milésima, como si una persona hubiera podido evitar el estallido de hiroshima por una centésima de segundo; la rabia y la impotencia son enormes, pero eso no significa que vaya a tener solución, de hecho yo ni siquiera me di cuenta de que no llegaba, y cuando lo hice ni siquiera existía un destino concreto, solo un agujero enorme en mi mente que se extendía con rapidez como un tumor. Uno no puede permitirse el lujo de llegar tarde a una despedida, no cuando eso te acompaña el resto de tu vida.

Ahora, aunque a veces crea verla bajar pizpireta, cuando oigo tacones descendiendo las escaleras de su oficina, me atrevo a pensar en ello,alivia quitar ese peso añadido a la omnipresente y algo aletargada nostalgia. ¿Y sabeís lo que pienso? Me imagino que tendrá su propio planeta, como el principito, con su consabida rosa, con la soledad añadida. O la imagino con todas aquellas cosas que la solían gustar, sonriendo, o en su esquinita, en la que pienso sigue de alguna manera cuando me siento ahí. Una vez incluso llegué a pensar que tenía su propìa estrella, lo más probable, porque las noches de cielo despejado he notado que papá mira fijamente un punto concreto en el cielo, con pena y alegría a la vez, como si le consolara, por eso creo que es así y que aunque no haya dicho nada la ve reflejada en ese cielo, supongo que porque no quiere compartirla con nadie no ha abierto la boca, yo tampoco lo haría, bastante ridículo se siente uno al confiar sus más íntimos recovecos a una bola de fuego a millones de kilómetros de distancia, o loco, o perdido aunque consolado a la vez y por eso le perdono, aunque me gustaría tener la mía propia con la que hablar.

Y cuando el tiempo me concede una tregua y mis delirios desaparecen, la imagino como un ángel que duerme durante demasiado tiempo entre resoplidos silenciosos, un ángel rubio, traslúcido y que emana bondad, al que no puedo ver, ni tocar pero al que puedo sentir en todos y cada uno de mis actos. Cuando me despierto y la recuerdo desayunando temprano con la radio a todo volumen, cuando rememoro sus consejos, cuando recuerdo sus virtudes y también sus defectos, cuando observo un gesto parecido en otra persona o hago todas esas cosas que no acostumbraba a hacer pero que a ella la encantaban, quizá algo tarde. Y creo que es verdad que las personas pasan a otra dimensión mucho más importante cuando mueren, mientras vivan los que le recuerdan y allí está ella, dentro de mi corazón en el hueco más grande de todos, con una casa con vistas a toda mi alma, a mis hermanos, a mis sentimientos, desde donde dirige mis actos y me recuerda que tengo que ser valiente, que la oscuridad no da en realidad tanto miedo y que al final siempre brilla el sol, como decía aquella canción.

Además donde ella vive siempre suena "Chiquitita" y aunque es verdad que solo hay una canción nunca cansa pues lo representa todo, la representa a ella, pues pequeñita como era ella, se ha llevado el compartimento más grande de todos, con razón el tamaño de una persona es directamente proporcional al hueco que deja su ausencia, y en este caso, no hay planeta lo suficientemente grande que albergue su grandeza y su falta,ni siquiera el del principito, aunque en el suyo también crece una rosa, de la que, como el principito, tampoco supe cuidar, también era demasiado joven. Esa fue su lección más valiosa, nos dejó su aroma, y ahora ciegos, nos guiamos por su olor.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Mosqueo de un día de aburrimiento





La verdad es que hoy no he hecho nada en absoluto, por lo que me resulta curioso tener ganas de escribir algo; si normalmente desperdiciamos cantidades ingentes de tiempo de nuestra vida innecesariamente, supongo que podría decir que el día de hoy ha sido una gran pérdida en sí mismo, el desperdicio, en letras mayúsculas, y os lo voy a contar.

Todo comenzó a eso de las ocho de la mañana.Seguramente, si hemos de buscar culpables, todo se deba a eso, al hecho de madrugar que me altera, pues como todos sabeís si hay algo que detesto sobre todas las cosas, más aún que hablar en público o en grupos grandes, es levantarme pronto. Me encanta trasnochar, irme a las mil y recrearme en la pantalla de mi ordenador hasta altas horas, entonces me encuentro mucho más inspirada e ingeniosa y me gusto mucho más aunque pueda parecer imposible, por eso suelo acostarme tardísimo y aprovechar. Por todo ésto, me he levantado a duras penas, rezagada, legañosa, con la melodía alegre de mi despertador, poco a tono con mi estado anímico,por lo que he maldecido a la humanidad, después de pasar una noche pésima con pinchazos en el costado y toses, y paranoias relativas a posibles ataques de apendicitis, y los consabidos cinco minutos de rigor que necesita toda persona normal para desperezarse, hasta que por fín, he pasado de ser uno más de los zombies del "amanecer de los muertos" a ser una persona normal, o todo lo normal que una persona como yo puede llegar a ser.


Lo peor de todo, es que despertarse antes tiene cosas buenas, como poder aprovechar más el día y que no se te junte el desayuno con el almuerzo, pero también malas, muy malas, como tener mucho más tiempo para pensar, algo que no sabeís hasta que punto puede resultar peligroso cuando eres una psicópata peligrosa, con ciertos toques de esquizofrenia y paranoia. Así que había que tomar medidas, y evitar males mayores, para no permitirme malmeter o fastidiar todas las cosas o incluso organizar un conflicto bélico antes de las diez de la mañana, me he puesto a ver una serie, "Mad men", sobre unos publicistas norteamericanos, machistas pero elegantes, que digamos me entretienen como mi último capricho visual. No me disgusta, de hecho la estética es buena y los personajes son complejos, pero desde que comencé mi visionado de "true blood" digamos que nada me llena más que vampiros malignos fornicadores de buen tipo y escultural torso atlético, así que así anda la cosa, bastante floja, pero a falta de pan buenas son galletas, y para no pensar nos vale igual, aunque ya puestos, mejor evadirse con unos buenos chicos en pantalla, aunque todo no pueda ser. (Soy consciente de la imagen de depravada que proyecto, no me molestaré en desmentirla o negarla)


A la hora de comer he recibido visita, y no hay nada que odie más (bueno sí madrugar) que recibir gente cuando tengo una cara horrorosa, pelos de loca y el chandal que probablemente usara para hacer pilates alguien en el tercer mundo y menos a la hora de comer, cuando mis tripas rugen como locas. Pero aún así, he puesto mi mejor sonrisa y con mis achaques he aguantado estoicamente una hora y media, mientras un mono con platillos recorría por momentos mi cabeza, no he estado nada centrada. ¿Sabes lo que pasa? Que cuando una tiene accesos de tos cada cuatro minutos y dolores de cabeza fugaces, no está para aguantar las anécdotas de la novia de Pepito, o de Menganito y sus peripecias en el Teide, porque para viajes bastantes con los que a todas horas te toca hacer al cuarto de baño a por toneladas de papel higiénico para sonarte los mocos que no te dan tregua, no seaís mal pensados, pero bueno, que encima que me vienen a ver en mi combalecencia prolongada, no voy a quejarme.

Y por la tarde he dormido, como un lirón, porque previsiblemente mañana me tocará madrugar de nuevo y será otro gran desperdicio en mayúsculas, hasta he soñado felizmente hasta que la tos me ha despertado de nuevo. Y he subido fotos, muchas, a tuenti, mi red social de cabecera. Por si no lo sabías soy la reina de internet, qué valiosa hazaña la mía que me desenvuelvo como pez en el agua por ese mundo de cotillas y cotilleos, con mi enorme ego en un pedestal, la verdad es que es divertido comprobar lo falto de autoestima que está el mundo y los petardos que hay sueltos, pero así es la vida y aquí somos todos (Casi todos) un poco falsos y vamos de guays, y subimos nuestras mejores fotos, para que el vecino vea la cantidad de amigos que tenemos y los pedos que nos agarramos, aunque después estemos depresivos en casa recurriendo a internet para ligar con el vodka en la mesilla de noche.



Y por la noche, aparte de ironizar y ridiculizar al mundo, sobra decir lo que estoy haciendo. Me he agarrado un par de mantas y mi complejo de escritora frustrada y yo nos hemos sentado después de tomar una aspirina ante el ordenador para comprobar nuestra mediocridad. Me he puesto a escribir y me he dado cuenta de que todo esto no es más que basura, pero por algo hay que empezar. Todo es basura porque siempre hay gente mejor, también hay gente peor, pero sentarse a lamentarse no sirve de nada, tampoco criticar a mis amigos de tuenti, a fín de cuentas solo rinden culto a su propio ego, como hago yo. Poco a poco tengo que mejorar de alguna manera, no estaría de más sentirse realizada por un día. Además no me molesta ser mediocre, como decían en aquella película, duermo más tranquila. A fín de cuentas no tengo competencia, nadie se pelea por llegar a ser así, y yo de entre todos los mediocres, soy la mejor.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Homesick





Aunque tenía la sensación de llevar corriendo horas, lo cierto es que solo había atravesado el pasillo que separaba su habitación de la puerta de entrada. Había dejado atrás una angustia apabullante y se sentía plena y aunque no todo iba a resultar tan fácil se sentía exactamente igual que si sumara todas las cosas buenas que la habían pasado durante toda su vida, se sentía feliz.


Todo comenzó la primera semana de su vida consciente; la había pasado entera en un hospital, el prototípico lugar idóneo para desarrollar una depresión grave, un lugar feo y sin historia, repleto de muerte y destrucción, sin color ni brillo, que prefería no mentar, aunque era fácil intuir de vez en cuándo en sus ojos algunas de todas las frases y momentos vividos en su letargo semi-inconsciente.

Llevaba mucho tiempo sin andar, tanto que no recordaba tener esa capacidad, se había acostumbrado a vivir en la parte superior a su tronco, y todavía no se acordaba bien del motivo que la había conducido a esa situación. Un día gris, una maleta y un tren, y en su mente no había espacio para nada más, ya era bastante aunque sin embargo resultaba imposible atar cabos. Y además estaba aquella amnesia supuestamente transitoria que duraba más de lo normal que sumada a las evasivas de un mundo ajeno a sus preguntas, hacía crecer su tristeza cada día más, sin que nadie pudiera hacer nada para detenerla.

Estaba Anestesiada de la realidad; los recuerdos de su estancia se revolvían en su mente como las burbujas de esas lámparas de agua que se consumen poco a poco, iban y venían, mientras por el camino inventaba otros menos dolorosos. Solo conservaba la imagen de un lugar fantasmagórico y la vista de su habitación, rodeada de abundante follaje de un verde intenso que probablemente no fuera más que la localización de alguna de las series que se dedicaba a ver, y por supuesto la imagen de las pastillas de colores, que realmente no necesitaba pero que tomaba por obligación, tan bonitas y coloreadas no duraban demasiado a su alrededor y conseguían alejar instantaneamente la sensación de pánico, por lo que no paraba de atiborrarse de ellas.

Del resto no había demasiado que contar, es más, no había resto. Una vez en casa, se había limitado a pasar sus días sentada examinando las paredes blancas de su habitación, hasta el punto que conocía sobradamente todos los agujeros, imperfecciones y demás elementos extraños que poblaban la superficie lisa de su cuarto. Se había dedicado a llevar a cabo más viajes astrales de los que ninguna persona nunca había hecho, había leido las obras más grandes jamás escritas, a Victor Hugo, Flaubert, Tolstoi e incluso a Kafka, había estudiado, aprendido y se había cultivado, olvidado todo tan pronto como conseguía sentirse orgullosa de su cultura y había recibido visitas a todas horas, visitas que se prolongaban durante horas, innecesariamente cargantes.

Pero su encierro a pesar de todo era agotador, nunca se encontraba saciada. No recibía cariño, solo compasión y pena de cuantos la rodeaban, quizá azotados por alguna culpabilidad innecesaria de la que ella prescindía en absoluto y que solo conseguía que se sintiera peor, la gente no se da cuenta de que ciertas cosas se han de tratar con normalidad para que no resulten demasiado incómodas, es un consejo que no se da suficientes veces.

Y así un día empequeñeció. Aquel día, un día tan normal como todos los demás días monótonos y repetitivos, las paredes blancas y mortecinas que la acompañaban a diario habían optado por traicionarla, cerrándose poco a poco, aplastándola dejándola un espacio minúsculo para respirar, viniéndose abajo. Y entonces no tuvo más remedio que empequeñecer, las circunstancias la superaron de tal modo que sin saber cómo ni porqué se convirtió en una pulga minúscula e invisible al ojo humano.

Era rarísimo, una sensación novelesca.Pero así tan pequeña como era, se sintió liviana y no tuvo problemas en levantarse y escapar, de aquella habitación, de aquella casa, de aquella represión y de la culpabilidad envolvente y por tanto de todas las penurias que la rodeaban. Dejarlas atrás era la solución más sencilla, y no solo eso, dejarlas atrás con su nueva condición.

O eso le pareció al principio, pues después de mucho caminar se dio cuenta de que no podía seguir así. Aquel camino en su situación sería largo y la solución a todos sus problemas no vendría sola, no conseguiría nada huyendo eternamente, dando pasos cortos y lentos, pues sus problemas la acompañaban en todo momento, en su mente y en su angustia vital,así que volvió.

Volvió y se enfrentó a aquellas paredes que se cernían sobre ella, pateándolas en la medida de lo posible, arañándolas, gritándolas que no se saldrían con la suya ni en un millón de años, imponiendo su autoridad y mostrando su autocontrol y fortaleza por primera vez en su vida. Y solo su perseverancia consiguió que la habitación recuperara su forma habitual, como su cuerpo, que había crecido de rabia e impotencia y había hecho a las paredes ceder. Una pared que simbolizaba su propia vida, su propia existencia. Entonces se paró a reflexionar largamente, pues aquella tontería no acabaría con ella, no podía consentir que unas paredes simbólicas insignificantes que la acosaban en sueños la redujeran a una nimiedad, tenía que defenderse de sí misma. Una persona acumula grandeza durante décadas y está obligada a conservarla hasta el fín de sus días para protegerse.

Y entonces lo comprendió, no tuvo ni que abrir los ojos para ello, aquellas metáforas todavía bailaban en sus retinas. Aquel encierro había sido en vano y aquél sueño no había sido más que una de tantas advertencias desoidas, "De nada sirve quedarte viendo la vida pasar" parecía querer decirle su conciencia dormida; qué estúpida había sido y todavía era.

Y aquella mañana al despertar no recibió a sus visitas. Se agarró a la manivela de la puerta, tomó impulso y comenzó a rodar por el pasillo abrillantado, dejó de ser cobarde, por una vez. Pero no se decepcionó, lejos de eso, se rió largamente de su inutilidad y se sintió viva... y magullada, viva al fín y al cabo. Se levantó nuevamente y probó infinitamente hasta que en su séptimo intento pudo correr con libertad...hasta aquella puerta de entrada desde donde comenzó su relato.

Pero jamás se enteró de lo sucedido, y con jamás quiero decir nunca jamás, es probable que nadie lo supiera, ni falta que hacía, pues con ello había logrado aprender una de las lecciones más valiosas de su vida. Sería la última vez que se sentara a esperar un remedio culpando a todos los demás, ¿No había perdido ya suficiente tiempo?

jueves, 17 de septiembre de 2009

And so it is


Hace mucho tiempo, alguien me preguntó que hubiera preferido ser de no haber nacido persona. En el momento pensé que era una pregunta absurda y que todo lo que necesitaba era eso, ser persona, sentir y sobre todo pensar, ser un ser racional.

Pero ahora conozco la respuesta que me hubiera gustado poder dar; me gustaría haber sido como uno de esos robots de tecnología punta japonesa, perfectos hasta el último de sus chips en su envoltorio metálico, pero que no son dueños de sí mismos y pueden ser desconectados en cualquier momento, a tan solo una gesto nimio que les regala una sensación plena de libertad y sobre todo de vacío liberador y suave, a merced de una mano inocente.

Eso siempre lo pienso en los momentos bajos, cuando la angustia se apodera de mí, y no solo la angustia, un montón de sentimientos inclasificables pero de un color muy oscuro que se atrincheran en mi mente impidiendo entrar a los demás, a todos esos que de poder, lucharían por un poco de cordura y felicidad. Es entonces cuando pienso que no me importaría tener un interruptor, pulsar y desconectar, hasta nueva orden, hasta que se hayan esfumado todos y cada uno de los los enemigos de mi estabilidad emocional.


Pero no hay nada sencillo en la vida racional y por supuesto no hay opción, la vida no es a la carta. A medida que creces, cada día aparecen nuevas trabas en un camino ya de por sí plagado de rodeos y complicaciones, nuevas obligaciones. No conforme con tener que crecer y adaptarse al horrible paso del tiempo que tanto miedo genera, el ser humano ha de enfrentarse a las obligaciones, a la muerte, al desamor, y aún así sigue luchando hasta el final, mientras alrededor todos caen a su paso.

Pero yo nunca fuí una luchadora, de hecho disto mucho de ser otra cosa distinta a un ser abocado a su propia autodestrucción. Es complicado odiarse tanto a sí mismo y desde luego no es la opción que todos escogeríamos si se nos diera a elegir. Algunas personas huyen de sus defectos, otras, como yo, nos chocamos cada día con ellos y con todas los obstáculos de los problemas psicológicos de una sociedad amargada.


Odio huir, odio llorar, odio necesitar atención constante para no morir de pena, pero es así, todos somos así, un saco repleto de miedos y de penas, un saco de huesos sin interruptor.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Just another soldier on the road to nowhere





Muchas veces me cuesta recordar las cosas buenas; soy obcecada, cabezota y estúpida, un ser humano común al que se le da muy bien desperdiciar el poco tiempo que se nos ha dado con mis nostalgias y mis manías. Pero hoy me he preguntado porqué, porqué te quiero, absurdo pero real, a veces es necesario, y las palabras han salido solas, como si hubieran estado esperando ese momento desde siempre. Y las mías son más de sesenta y cinco, son infinitas.

Y Te quiero porque me haces sonreir, me haces suspirar, me dejas sin palabras y a veces consigues que encuentre las más bonitas que existen en el mundo.
Porque me haces temblar, ruborizarme, tartamudear, porque aún hoy después de tiempo, cuando te veo en la distancia mis latidos se aceleran rápidamente y mi corazón brinca, loco de alegría.
Porque cuando me abrazas todo mi ser se estremece y consigues que el mundo parezca un lugar más seguro y menos difícil, un lugar en el que merece la pena vivir.
Porque tienes la sonrisa más bonita de todas las sonrisas, le pese a quién le pese, que me evoca todas las cosas bellas que existen, contagiosa y llena de vida. Y en tus ojos solo se leen cosas buenas, sentimientos que es mejor no perderse.
Porque cuando me pongo triste siempre bromeas, con ese humor tan particular, que me recuerda que no existe otro ser más adorable en el planeta y que me da ganas de llorar porque ójala te hubiera encontrado antes.
Porque sí soy absurda, románticona y cursi y después de estar contigo, me encanta pasarme horas y horas pensando en los minutos pasados echándote de menos y me regodeo en ellos cuando me voy a dormir, hasta que cierro los ojos y sueño.
Porque me aguantas,has conseguido que razone más y que odie menos, y me has regalado los momentos más bonitos que había tenido hasta ahora..
Porque eres tan importante para mí que el miedo a perderte me agarrota el cuerpo y me paraliza.
Porque cuando dormimos y me abrazas muy fuerte, cuando me das la mano, siento que por primera vez en mi vida he encontrado el lugar al que pertenezco.
Y Porque aunque a veces no puedo estar contigo, desde luego no puedo vivir sin tí, gracias por existir.


Y se que al escribir esto, incurro en buena medida en cursilería y pedantería, pero es lo que siento. Y esas cosas es mejor no guardarlas, luego se olvidan. Imagínate que nunca lo hubiera escrito, todo lo que llevo pensando durante la tarde, se hubiera borrado para siempre.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Lo suyo no tiene nombre



¿Es un pájaro? ¿Es un avión? No,es otro maldito chiste manido, cómo nos encanta citar a Hollywood para todo, de verdad. Pero a lo que vamos,que no, no es superman, es Santi Capote. El del concierto, la entrevista,el del vídeo,el que suena cuando entras si, ese. ¿Y por qué lo pongo? pues porque me da por ahí fíjate, porque hace mucho tiempo adoro su música y aupongo que porque no hace falta decir que soy defensora acérrima de su grupo y piadosa practicante de mi particular primer mandamiento, ese "amarás a ellos sobre todas las cosas" con el que tanto os aburro y que cumplo a rajatabla ,y bueno sobre todo porque desde hace tiempo, con la casa azul son mi grupo favorito (No olvidemos que el segundo es No tomarás el nombre de Milkyway en vano)

Y el caso es que parecerá absurdo, pero a mi la música siempre me ha ayudado mucho, no se porqué, es mi bálsamo contra la realidad, mi vía de escape. Ya lo decían en "Alta fidelidad": "¿escuchaba música pop por que estaba deprimido, o estaba deprimido por escuchar musica pop?" pues en mi caso lo primero. Puede resultar estúpido o difícil de entender pero durante algún tiempo, lo único bueno de mi semana era aquel momento IPOD en el autobús en el que oía sin parar "Ni hablar", como una posesa. Rodeada de gente, con una hora de viaje por delante y yo solo oía esa canción como hipnotizada, o porqué no, colocada. Supongo que ésto mejorará mi ya de por sí buena imagen de chica equilibrada de apabullante vida social, pero ahí queda.

Las chicas, y digo las chicas porque no conozco ningún caso de chico que también lo haga, tenemos una absurda tendencia a identificarnos con todo lo que se mueve. Búscamos un patrón determinado, ya sea personaje de ficción, real, canción o película, y nos creemos él. Y como yo no iba a ser menos pues me pasó. No se porque extraña razón, o qué estupidez pasaría por mi cabeza pero yo me sentía como el chico de aquella canción que no dejaba de sonar, como el chico de ese vídeo que no miraba nunca a la cámara y parecía tan tímido. Y una siempre se siente mejor cuando se identifica con algo. Misterios de la ciencia, o de la psicología, pero funciona, no le deís más vueltas.

Y gracias a ello, a mi nueva obsesión he tenido momentos muy buenos. Los momentos previos a los conciertos, repasando las letras con la carne de gallina y la euforia propia de un adolescente. Conocer a la gente de Madrid, gente estupenda por cierto. Hacer de periodista por un día. Ver el vídeo de camela. Acosar al pobre Santi Capote (xD).En fin, momentos buenos, todos.

Y Soy una obsesiva compulsiva con mucho tiempo libre y mucho aburrimiento encima, si. Pero aún así sigo siendo agradecida. Así que escribo esto para dar gracias por las canciones, que evaden, alegran, te hacen olvidarte por un momento de que la vida es una mierda, o casi. Por los conciertos, en los que saltas, bailas y por un momento dejas de estar en este mundo, o incluso en los que recibes miles de patadas de modernos petardos que te quitan el sitio en el escenario pero a los que no odias, no, casi. Gracias por los videoclips, e incluso por los discos firmados, aunque las firmas resulten algo rancias :P.

Y por supuesto una especial mención a dios por hacerme una maníaca musical, no se que hubiera sido de mi si en vez de obsesionarme con la música me hubiera dado con otras cosas.
Sí, quizá ahora fuera Robbie Williams. O Christian Slater. O Paris Hilton.


Glubs.



Así que a dios pongo por testigo de que serán uno de mis grupos favoritos por siempre jamás, o al menos mientras sigan concediendo entrevistas como éstas, la de la discordia y componiendo temas como éste . Larga vida a Ellos.

martes, 18 de agosto de 2009

Asleep





De repente todo se vuelve blanco, no negro como cuando te mareas o te sientes mal, blanco, inmaculado, puro. Y Alrededor de esa sensación etérea casi celestial, empiezan a sonar muchas melodías juntas, conformando un universo particular, todas las que a lo largo de tu vida han logrado significar algo bueno para tí, entretejidas con momentos especiales de tu existencia, todas ellas conformando la canción que pone banda sonora a tu triste intento de vida.

Por un instante,solo sientes paz, mucha, un alivio estremecedor que hasta asustaría si pudieras asustarte, porque no es felicidad sino un estadio superior, en el que se entremezclan sufrimiento, agonía y todo lo bueno que existe en el mundo, fundando una sola sensación de soledad austera, en la que solo estás tú , sin que ello importe. Y es extraño, porque todos los buenos sentimientos junto con los que desde luego no no lo son tanto solo crean una gran tranquilidad, como fundiéndose en una sola cosa y olvidando su naturaleza, como si por un momento nos quisieran hacer ver que realmente nada importa, todo es superable, todo se olvida, incluso las personas, o como si simplemente borraran nuestra capacidad para decidir lo que nos duele o lo que no. A fín de cuentas, es agua pasada.

Pero entonces por un segundo te dan una tregua, o algo así. Sientes que cesa la melodía y necesitas desaforadamente que ésta siga acompañándote, aunque sepas que eso no va a pasar. Pero no la misma, otras nuevas, otras que definan momentos posteriores que aunque pueden resultar importantes o salir rana no han tenido aún la posibilidad de ser juzgados, y te parece tan injusto, y tú te sientes tan rastrera, que por fín, cuando abres los ojos, y respiras, piensas que nunca esa sensación había sido tan satisfactoria, mientras que todo lo demás te parece una minúscula nimiedad, en comparación con la posibilidad de poder seguir sintiendo, sintiendo un beso, el arañazo de un gato, el sonido de sus risas. Y ves lo absurdo de todo.

Y es que al final resulta que nunca estamos tan solos como pensamos, ni somos tan buenos, ni tan malos, ni estamos tan locos. Todo depende del rasero con el que midamos nuestros actos. Pero al final, siempre queda algo que nos salva.

viernes, 14 de agosto de 2009

Y al final, ganó






Era taciturno y perspicaz, buen jugador,de él se decía que era un gran orador y una buena persona, y su mordacidad era su seña de identidad. Llevaba una Corbata gris, y sus rizos engominados ya canosos desde su juventud le daban personalidad.Estaba envuelto en una cortina axfisiante de humo en medio de una partida interminable de poker, rodeado de aduladores, con su sonrisa sardónica y su serio semblante, ajeno al odio que se dejaba entrever en su mirada. Era el ser más desgraciado, ruín, pérfido y lamentable de todo el universo, escondido entre tanta cotidianiedad.

Le miraba de soslayo, mientras prestaba una atención fingida a las personas que se sentaban al lado suyo, de conversación mediocre y ánimos afectados, que le contaban sus cuitas cotidianas, mientras en su fuero interno luchaba por contener las ganas de apretar el gatillo de la pistola que guardaba en el bolsillo de su chaqueta. El frío del metal casi impregnaba sus huesos, era difícil concentrarse con algo así entre manos.

Pero era demasiado fácil, rápido, limpio, un crimen cuasiperfecto. En aquel antro de perdición repleto de maleantes y seres indeseables hubiera sido uno más de tantos incidentes silenciosos . Y además, lo más grave era la impotencia, ¿cómo podría una simple bala infligirle una décima parte del dolor que el que sus cruentas palabras le había causado a ella? Ni mil explosiones nucleares podrían emular en ningún caso la sensación que había experimentado, no había nada equiparable.


Se concentró en la jugada.Relajó los músculos, la tensión era casi más molesta que la atmósfera cargada de humo,y soltó el arma que cayó sin estruendo al fondo de su birkin, entre toneladas de prozac y Clomipramina. Dio un sorbo a su copa de vino, prendió una cerilla y tiró su alianza al suelo, la pisoteó. No era el momento de andarse con remilgos conyugales innecesarios. Dejó las cartas sobre la mesa, la victoria fue suficiente para acallar sus ansias de venganza, sobre todo cuando las cantidades apostadas eran las que eran. Había herido su orgullo, y no solo eso. En unas horas comenzaría a sentir el efecto del veneno que había derramado en su copa, no lo suficiente dañino como para acabar con su vida, pero si lo bastante como para hacerle arrepentirse de todos sus males y hacerle ver las cosas.

Se levantó, dejó de escribir, cerró el diario. Rebuscó entre las hojas que había tirado aquella mañana a la basura y las extendió sobre el baúl, leyéndolas de nuevo. Apagó el móvil y no volvió a contestar a ninguna de sus llamadas durante toda la semana, era demasiado importante no dejarse influir por su opinión. No podía dejar que nadie estropeara sus sueños, menos cuando todo atisbo de vergüenza desaparecía en el papel, ahí no tenía porque demostrarle nada a nadie. Le había bastado para escupir todo aquel dolor, se sentía un poco más aliviada.

Y aquella doble vida no estaba del todo mal, aquella noche durmió como un bebé. Por la mañana despejada, abrió la puerta de su editor, ésta era la definitiva.

domingo, 9 de agosto de 2009

Love means never having to say you're sorry






La sensación de pertenencia, de llegar a una casa vacía en el fín del mundo pero sentir el vínculo estrecho que de alguna manera te une con otra persona, esa es la clave. La necesidad desesperada de dar un abrazo y prolongarlo hasta el infinito, de tener a alguien entre tus brazos y que no exista nada más. El sabor de un beso, la esperanza, los planes de futuro, la añoranza.

miércoles, 29 de julio de 2009

Amelia, o la niña que soñó con Franz Kafka






Una, dos, tres y cuatro, ya solo Quedaban cinco páginas para terminar...cuando la venció el sueño, y ¡ Bang ! Sonó un gran estruendo, un estallido infernal, casi comparable a la explosión de una bomba de nitrógeno. Y entonces Amelia descubrió que ya no se encontraba en casa.

Salió a la calle, no podía recordar qué extraño lugar era aquél en el que estaba, rodeada de folios, tinta china, un suelo de madera empeñado en crujir maléficamente a cada paso que daba y un hombre enjuto, moreno de piel, de aspecto serio sentado a su lado, escribiendo frenéticamente en un pequeño cuaderno. Y no pudo sorprenderla más aquello que vió, porque aquel individuo no parecía verla a ella, tan absorto como estaba plasmando con avidez sus pensamientos en el papel de aquello que parecía un diario. Fascinante.

La ciudad en la que estaba no era la suya, en absoluto. Calles adoquinadas y pintorescas por las que paseaban curiosos individuos se vislumbraban desde la modesta puerta. Edificios grandiosos de una elegancia inimaginable. Individuos engalanados paseando a orillas de aquel río Moldava que irremediablemente hizo sonar en su mente las notas de la composición de Smetana que estudió en música tiempo atrás. ¿Era posible que se encontrara allí, el lugar que siempre soñó con pisar? Tampoco iba a desperdiciar el escaso tiempo de un sueño en buscar respuestas a estúpidos interrogantes, así que se dedicó a explorar aquel ficticio lugar que seguramente no se correspondiera con la ciudad real, pero que a fín de cuentas resultaba igualmente fabulosa.

Y volvió sobre sus pasos despues de un corto paseo para poder vislumbrar desde la puerta su amada silueta. "Hete aquí tu amado escritor"-susurró su conciencia, también impaciente por conocer aquella fascinante personalidad sobre la que tanto había leido, con la que tanto habría sufrido, y llorado en silencio por el absurdo vacío que le evocaba la soledad que impregnaba sus relatos, temblando de nervios por su proximidad. Y le observó, le miró hasta casi desgastarle con la mirada y de su garganta no salió palabra alguna. Era su sueño si,¿pero hasta qué punto estaba dispuesta a profanarlo? No era de esas, ¿Para qué compartir absurdas palabras sin sentido que en ningún caso podrían expresar suficiente admiración pudiendo compartir la intimidad de la creación literaria? Era un momento mágico, ver como salían a la luz tantos y tantos pensamientos inquietantes y trágicos, pero a la vez tan reales.



Y de repente todo se volvió negro. Fue como en las películas, un fundido a negro repentino a la par que previsible, en el mejor momento de la película. Aunque en un instante fugaz pudo ver desaparecer ante sus ojos la habitación, la lamparilla, la mesa escritorio y hasta su sonrisa de concentración,- quién lo hubiera dicho de aquel tipo, que había dejado sin lágrimas tantas cuencas de ojos y había roto tantos corazones con sus cartas de amor egoista-, en el fondo seguro que era feliz depositando sus frustaciones de una manera tan poética, sabedor de su éxito post-mortem. Era una gran forma de despedirse de una vida y pasar a otra, inmortal.


Quince años después paseaba por el gran cementerio judío, y colocó una piedra sobre la tumba. Era una costumbre para honrar a los seres queridos, y él era algo similar, un amor platónico, una estrella que brillaba mucho más que cualquier otra en el firmamento. Y ella nunca jamás olvidó aquel sueño. Todas las noches siempre antes de apagar la bombilla de su cuarto, leía un fragmento de sus diarios, y se iba a dormir. Sabía que su espíritu se lo agradecía.

martes, 28 de julio de 2009

El adiós


Nunca había experimentado una sensación tan agradable. Andaba ligera pero con cuidado, mientras las piedrecitas que cubrían las escaleras se escurrían debajo de sus sandalias y el musgo fresco se colaba entre los dedos desnudos de sus pies en aquel camino que zigzageaba a la orilla del puerto. Llevaba su libreta y unos cuántos lápices afilados, quizá demasiados, nunca se sabía para que podrían ser utilizados y mientras paseaba a ritmo pausado para retrasar su objetivo, escuchaba música con total concentración. Había escogido cuidadosamente cada tema, canciones ni muy lentas ni demasiado rápidas que sonaba lo suficientemente altas como para mantener al margen cualquier pensamiento irreverente, no era el momento oportuno para divagaciones, no al menos hasta que hubiera llegado a su destino.

A pesar de su paso relajado alcanzó pronto la cima del monte, rodeada de furiosa vegetación, era sorprendente lo salvajemente que crecía el follaje en aquel páramo dotado de la apariencia de una jungla en miniatura,dónde las frecuentes lluvias habían creado una atmósfera lo bastante deprimente como para lograr convertir a un optimista en poco tiempo. Allí los días eran oscuros, y había una humedad pegajosa que lograba entumecer hasta el alma,idónea para aquel montículo repleto de lápidas mohosas y desgastadaa por el paso del tiempo, idílico para cualquier película de terror de los años 70, pero demasiado triste para los que estaban allí, regodeándose en la tristeza de aquellas lágrimas húmedas que nunca cesaban.

No se había preparado demasiado para aquel reencuentro, no tenía la ropa adecuada, no había preparado el discurso perfecto y ni siquiera sabía como podría reaccionar pero ya se había prolongado demasiado en el tiempo. Parecía una lunática, tenía el pelo revuelto, humedecido recogido en un moño alto, unos pantalones rotos por cuyas rendijas de tela se colaban los silbidos del viento frío, unas zapatillas desvencijadas, y lucía aquellas gafas de concha suyas que tanto sorprendían en un pueblo donde jamás brillaba el sol, y no podía parar de preguntarse para sus adentros si su madre habría logrado reconocerla con aquella extraña pinta de vagabunda y con esos churretones en la mejilla probablemente del torrente de rimmel que a cada paso que daba lloraban sus ojos; aunque en aquel momento aquello importara muy poco, porque aquél no era un reencuentro convencional. Ya no podía ni recordar el tiempo que llevaba muerta su madre.

Y todavía la recordaba, en la medida en que se recuerda a los ausentes, con los recuerdos engrandecidos, borrosos, emocionantes y cargados de lágrimas. Se había olvidado de algunas cosas; de su olor, de sus regañinas, de sus defectos, otras sin embargo no las olvidaba porque las ignoraba, demasiadas cosas se habían quedado sin decir , y las últimas, las que recordaba, martilleaban su alma tan fuerte que a veces la asustaban, no había dolor físico comparable, y eso que habían pasado muchos años ya, años que lejos de consolarla, no hacían más que acrecentar la sensación de desconsolada tristeza, las dudas y el miedo.

Y andando en círculos la encontró.Al fondo, oculta entre la maleza, reposaba la losa en la hierba, como si aquel hubiera sido un lugar predestinado para ella o hubiera alguna extraña magia que hubiera dirigido su mirada hacia allí, hacia aquella zona sumida en un sepulcral silencio donde estaba su recuerdo,o lo que quedaba del recuerdo que todo el mundo desea olvidar.

Las letras, que descubrió con cuidado barriendo el polvo con la mano, estaban casi borrosas pero seguían rezumabdo momentos pasados. Ya casi no se distinguía el nombre, solo una fecha imposible que no lograba recordar cubierta de flores salvajes, flores que crecían por todas partes,precisamente en aquella losa, como por casualidad. Y fue a sentarse justo enfrente de la tapia desde la que se veía corretear a cientos de lagartijas de tamaños inimaginables, mientras escribía, hablaba,dibujaba, se encontraba con ese dios de las pequeñas cosas que a veces parece guiar a las personas perdidas en su búsqueda del sentido de la vida.

Y allí, entre trinos alegres fuera de lugar, divisó una pequeña forma de vida entre la bruma, una mariposa que podría ser quizá una polilla colorida o un papel distraido, pero al menos era consolador saber que no estaba sola entre suspiros de Dios. Se preguntó entonces, para sí, cuántas almas se pasearían alegremente por ahí, pues casi podía sentir su presencia, similar a las ráfagas de viento invernal en una nuca desnuda. Había tantas que no habrían cabido en el recinto en fila india, relegadas a aquel pequeño jardín escondido en la cima. La gente no quiere recordar sus tristezas y las esconde- pensó- pero éstas nunca se van, si no que siguen presentes a pesar de nuestro engaño.

Pero ella sólo quería hablar con una en concreto, no había hecho un viaje tan largo para vislumbrar tumbas derruidas. Y no sabía como hacerlo,era difícil hacerse a la idea de que en aquel pequeño agujero pudiera haber enterrados tantos años, con el solo esfuerzo de un empujón de pala, era extraño, porque a pesar de todo aquellos años volvían a ella con un simple pestañeo ocular.

Y depositó aquella carta sobre la losa sin preocuparse de lo que podría ser de ella mientras revoloteaba juguetonamente con el viento, nunca pensó que una carta sin destinatario pudiera ser la más difícil de su vida, pero así fue. Y no pudo más que acariciar con cariño aquella piedra inerte que tanto pavor le había dado antaño, como acariciaba su espalda tiempo atrás, en señal de gratitud, y despedida. No volvería a pisar aquel lugar. Y se río forzadamente, siempre le habían dicho que había que tener miedo de los vivos y no de los muertos, y solo allí a la vista de aquel prado callado pudo comprender el alcance de la afirmación.

Allí no quedaba nada, su madre ya no estaba ahí. Y aunque no creía en el cielo,si creía en el poder de sus recuerdos, y éstos existirían mientras ella siguiera con vida; después a nadie podría importarle si se echaban a perder, puede que otros las recordaran otros quizá no, pero seguirían juntas en algún lugar, se lo había jurado en aquella misiva.


Al final el sueño logró vencerla. Otros quizá no se hubieran atrevido a descansar en un lugar como aquel, ella sin embargo se sintió arropada por los susurros de paz y sosiego, por la tranquilidad de su conciencia liberada. Y aunque no lo notó, hubo una mano invisible que por temor a despertarla casi rozó su pelo, una mano invisible que hizo volar aquel papel hacia lo eterno, que esparció los lapiceros por el suelo y se despidió.

Hacía frío aquella noche, sin embargo las estrellas brillaban intensamente en el puerto, más que nunca.

viernes, 24 de julio de 2009

Canción de cuna


Fue el contenido de esa furtiva misiva que le entregó el recepcionista el que provocó aquella extraña reacción. De repente sus pupilas, ya de por sí grandes por el tamaño de sus ojos, se dilataron extrañamente y sus manos comenzaron a temblar mientras como poseida por una curiosa fuerza comenzó a dar vueltas alrededor de la galería. Parecía que aquella carta llegaba en un momento poco adecuado, o tarde, lo cuál no sería de extrañar si tomamos en consideración que eso pasa con la mayor parte de las cosas en esta vida, y aunque todo eso podría haberlo deducido un observador imparcial de su nervioso comportamiento, la situación era de lo más estrambótica, rodeada de tantos personajes variopintos como los que se acumulaban a su alrededor.

Y no, no podría haber llegado en un momento peor o de haber sido así,muy rebuscado habría sido encontrar otra situación menos incómoda. Aquella mañana de Sábado compungido estaba muy nerviosa, más de lo habitual. Por fín, despues de varios intentos infructuosos se había decidido de una vez por todas a abandonar aquellas pastillas, los fármacos de bajo coste eran su perdición. La intensidad de los ataques de ansiedad de los últimos días no parecía tener cura y sólo encontraba cierto alivio en aquellos cigarros de medianoche cuyas caladas parecían poner fín a cualquier terror repentino. Solo cuando fumaba aspirando furiosamente el reconfortante humo, en la terraza del octavo piso, lejos de miradas curiosas ajenas a las lágrimas que ya no podría contener jamás, recordaba que a pesar de todo, seguía con vida, respirando aquellas nubes cálidas y tóxicas mientras el ruido demasiado bajo del televisor la acompañaba en horas aciagas.

Además era ya de por si bastante duro haber puesto fín a las sesiones pendientes que le restaban, su cuenta en números rojos le impedía seguir permitiéndose lujos propios de clase alta, y el psicólogo era uno de ellos. A fín de cuentas seguía sin trabajo, y su desequilibrio mental no auguraba un exitoso futuro laboral, a pesar de todo el esfuerzo que antaño depositó en estudiar casi doce horas diarias; al final como todo en su ruinosa vida había sido en vano, pero eso ella ya lo sabía pues aquel revelador sueño se lo dijo una vez, y claro, ella no lo habría olvidado así como así.

Sólo le quedaba él en este mundo, su salvavidas; ella le veía como su nexo con la realidad aunque lo cierto es que concretamente él la alejaba enormemente de la cotidianeidad, aunque ella no lo viera, él, el sustento de su compungida alma. Pero entonces llegó esa carta, como si de un guión demasiado visto como para ser bueno se tratara, y todo comenzó a dar vueltas,o dejó de darlas, porque el mundo se había visto sustituido por una densa niebla, fruto del cansancio inconsciente y del mareo repentino suscitado por el terrible calor de la habitación en la que ya no podía ni recordar cuánto tiempo llevaba alojada.

Lo había conocido en un concierto; era poco dada a eventos sociales pero la música era otra cosa, podría hacer una excepción a sus fobias sociales pues insuflaba vida a su alma, era como su particular bypass, un elemento de evasión en un mundo demasiado marcado por la mediocridad, y aquel personaje novelesco,de flequillo ladeado, enormes ojos y estilizada figura, fomentaba su imaginación en gran medida, la evadía de lo mundano, alejaba cualquier atisbo de mediocridad por un instante. Lo cierto es que ya se conocían, de una manera poco casual. Conversaciones trascendentes y mordaces, ávidas de encuentro carnal y de resacas domingueras antecedieron a su encuentro personal, conversaciones que al trascender a un plano físico no hicieron más que fomentar la tensión latente, su necesidad física, pues les unía un carácter parecido así como unas ganas irrefrenables de poner fín de una vez por todas a una personalidad incomprendida y triste.

Recordaba con nostalgia, y al hacerlo ladeaba perezosamente la cabeza de un lado a otro con las pestañas entornadas, aquel fallido intento de beso ocasionado por un chicle de fresa, las caricias en la nariz, aquellos susurros tenues en su oido que resultaron canciones inaudibles por la música del bar, detalles que desataron una espiral de afecto mutuo, prodigado en las escasas ocasiones en que lograban encontrarse. Recordaba mientras las lágrimas amenazaban con inundar el balcón como en aquella misma habitación habían conversado largamente sobre medicamentos, sobre la vida y la sociedad y sobre el amor, y cómo ambos se habían jurado tantas veces que ellos no sentirían ni por asomo nada parecido ni nada tan humano. En ese momento ni la monótona voz del televisor lograba acallar la voz de su alma, que chillaba en un último intento por hacerse notar.


Y ya era tarde para todo, se repetía entre sollozos, aunque supo por un momento que podría haber continuado así toda la vida, enjugándose las lágrimas, contando minutos en la esquina del último autobús que le dio tiempo a coger, aquel mismo en que lo encontró, o más bien se encontró a sí misma, dibujando sobre los lunares de su espalda, soñando con esas muñecas finas y esa voz cascada pero intensa mientras apoyada contra el cristal temblaba con el traqueteo del vehículo mientras entre susurros pasaba los dedos acariciando el pelo que dormía detrás de su oreja.

Era tarde para todo, para olvidar y desterrar recuerdos,para construir algo nuevo sobre las ruinas de lo perdido. Y todo lo que al final pudo recordar fue una nana, la misma que cerraba la carta a modo de despedida dulce y dolorosa, la misma con la que se durmió, la primera y la última que oyó. Entonces las luces se apagaron lentamente, de un modo cuasimágico, embellecidas por los relámpagos de la inconsciencia, por los momentos más tiernos de su existencia. Y aquello fue lo más bello que vio jamás, no era una sensación de sufrimiento si no de calma, tranquilidad y paz, y por un instante agradeció poder haber vivido para sentirlo, ya no podría contarlo. Y solo se compadeció por no haber cumplido su promesa, no se arrepintió de nada más ni se encomendó a nadie. Ya jamás podría decir que habría abandonado su adicción, pero ésta logró calmarla.