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Partículas de tiempo.

Se que durante años vagué sin rumbo, dándome cabezazos contra la pared, queriendo lo imposible. Te veía tan cerca, puro, tan de ver...

martes, 28 de septiembre de 2010

Lights and shadows

Estaba ya mediado Septiembre, aquél mes de tonalidad amarilla y risueña. Ansias renovadas, camisetas sencillas, rayas de colores e imágenes difusas, todo aquello tan nuevo y por ende tan aterrador, todo tan humano.

Las ideas -pensaba-, son infinitas. Uno nunca sabe cuándo empiezan, o cuándo terminan, un pensamiento lleva a otro y a otro, una vida entera de cavilaciones que no terminan en ningún sitio, porque ningún ser humano puede entrar en la cabeza de otro ser similar. Una pena por un lado , una suerte por otro, nunca se sabe. En ese momento, un pensamiento sobre otro pensamiento, la de combinaciones curiosas a las que se puede llegar. Pensar en como hemos evolucionado en nuestras cavilaciones, desde antaño, resulta emocionante.

M. D. B. Ningún nombre o inicial, sigla lo suficientemente vistosa a la hora de de dar vida a su pequeña creación. Y aunque ese ente ahora invisible a nuestros ojos, ese personaje sin nombre porque en realidad eran muchos como pocos a la vez, no pretendía crear a su pequeño Frankenstein, si quería postergar su propia existencia haciéndola inmortal. ¿Cómo podría ser alguien o algo lo suficientemente decente para vivir eternamente? No importaba, no llegaría, ningún hombre puede ser inmortal por mucho que la ciencia se encargase de intentar lo contrario. Ningún hombre, ni siquiera de papel, viviría suficiente para conocer una nueva civilización, tampoco le gustaría, nadie se adapta tan bien al cambio. Al menos por el momento.


Se trataba de escribir todo aquello que tenía en mente, todo aquello que queria recordar en ese libro, su libro, como si a alguien le importara. Eso poco importaba si le importaba a él, pero él nunca supo aquello que es una verdad universal , que no se hacen las cosas por los demás si no por uno mismo. Un libro normal y corriente, sin muchas pretensiones, bastantes menos infulas, solo un pequeño vestigio de su terror por la mortalidad, que reflejara los sueños de aquél loco sin dueño, sus más vehementes pasiones. No era un personaje lo que necesitaba, aquello era un cúmulo de vivencias, un fiel retrato de la humanidad que nunca logró cobrar forma. Aquello era la misma historia.

Direís que resulta fácil escribir, y yo os diré lo contrario. Llegar al corazón de las personas es lo más difícil que existe, por eso pocos lo intentan y muchos menos lo consiguen.Pero lo que aún resulta mucho más complicado es intentarlo.

Y aquella persona de sexo indeterminado y características desconocidas fue cobarde, y no cumplió su propósito, falló, como muchos y muchos otros. Día tras día, tras otro día, meses y años sin saber que contar tienen sus claras consecuencias para todos. Qué inconscientes somos al infravalorarnos de esa manera.

Y como empezó terminó, se difuminó, terminó de palpitar como los burbujeantes rayos de ese sol del último verano que terminó justo al empezar Septiembre, como los últimos golpecitos de un corazón exangüe, su corazón. Y fue todo así, tan simple ,que casi no fue nada. La historia del ser humano que nunca fue escrita, porque nunca nadie la escribió. Nunca nadie se atrevió a ser tan valiente.

Mientras, muchos amaneceres, tardes, personas, han muerto y nadie las recuerda, canciones de otros tiempos que ya nadie canta. Todo porque los sueños a uno a veces no le importan demasiado. Todo porque al final siempre hay una excusa, y el sol, siempre, deja de brillar aunque una vez lo hizo. ¿Acaso a alguien le importa?

sábado, 11 de septiembre de 2010

A day in the life





A veces las cosas más absurdas nos hacen llegar a no menos estúpidas conclusiones. El autobús, lugar ideal para evadirse de una humanidad apiñada desagradablemente, es también el sitio idóneo para escuchar música e ignorar todo lo demás, de un modo mágico. Prescindiendo de absurdas canciones rítmicas acordes con el ritmo de la ciudad, es más agradable escuchar esa música que te evoca tantas cosas, y te ayuda a obviar la absurdez humana que te rodea, y que tienes dentro, pero que es tan difícil pasar por alto.

Lejos de querer ponerme profunda- cualidad de la que prescindo absolutamente cuando me pierdo en pensamientos- oía "help" mientras he empezado a divagar sobre cosas muy raras. Razonaba extrañamente lo cierto de esa canción, que lejos de ser deprimente es muy alegre, con un contenido que precisamente no produce risa. Y es verdad, lo necesitados que estamos todos de alguien a medida que pasa el tiempo, y lo cagados que estamos de la vida, mientras intentamos aparentar lo contrario. El ser humano sufre, y lo disimula, como si estuviera mal visto, como si no supiéramos que el resto de personas lo pasara mal y tuviéramos que jodernos y aparentar felicidad a cada minuto aunque todo vaya mal porque hay que hacerle la vida fácil al de al lado. No es que ésto tenga mucho que ver con la canción, pero cada pensamiento hilvanado parecía ofrecer claridad sobre lo que vengo pensando tanto tiempo. La sobrevalorada sociedad que ensalza a los fuertes y relega a los débiles deprimidos a la muerte social porque ellos no se esfuerzan tanto como el resto en aparentar, mientras sin embargo nuestra música dice lo contrario. Cómo si nosotros no supiéramos que los demás también tienen días malos y que se encierran muchas veces en caparazones gigantescos, cómo si alguna vez fuéramos a conocernos todos. Por qué la mayoría de nosotros tiene tanto miedo al resto?¿ A dejarse conocer mientras sin embargo luego con canciones tristes y míticas nos sentimos todos identificados y nos unimos enormemente? Siempre he sido algo así como una especie de friki de la música que tiene pensamientos demasiado extraños. Al final todo se quedó en un alegato pasado, dadas las circunstancias de mi última y accidentada semana de debilidad.

Pero al rato ha sido peor, porque me ha dado por pensar en "Precious", algo estúpido porque no tenía nada que ver, ya que en realidad sólo buscaba ejemplos de cosas absurdas y me ha venido ésto, aunque pueda resultar un elemento cómico, supongo que todo tenía que ver con la deprimente vida humana. Como vivimos en una sociedad -término repetido y que me repatea- audiovisual todo nos entra por los ojos. Como esta película trata sobre las desgracias de una persona obesa mórbida que además tiene la "desgracia" de ser negra y sufrir malos tratos, gana un Óscar. Pero la falsedad me molesta y ya os puedo asegurar que si ésto pasa en la vida real nos importa una mierda, aunque seamos muy comprometidos a la hora de ver historias sobre desgracias ajenas que no tenemos que comernos ¿concienciándonos? sobre como va el mundo. Os puedo asegurar que si vemos a una persona de tamañas dimensiones en el autobús o primero nos da la risa o hacemos un chiste al que tenemos al lado, somos así de cabrones, aunque nos encante la película ( doble rasero) Los protagonistas de películas son siempre antihéroes- salvo casos contados- que nos encantan, arquetipos que sin embargo no vemos en la vida social, dónde el Quarterback siempre gana al pardillo que queda traumatizado de por vida por las palizas de los recreos (Ejemplificando absurdamente)o por los insultos o poemas ridículos que sin venir a cuento- véase mi caso- te amargan la existencia. ¿Acaso es justo? Podrían hacer una película con todas las desgracias que he pasado en mi vida y sin embargo en la vida real seguiría siendo un ser anodino que no llama la atención por nada, como todos los demás.




Lo último que puedo recordar es que ha sonado una canción de los Monkees y he tenido recuerdos raros de cosas que jamás existieron, así que he dejado de pensar, de criticar mentalmente. ¿Cómo sería mi vida en una película o qué clase de serie protagonizaría? Quizá y a pesar de todas las cosas, una comedia con tono melodramático, lo mejor es la ambigüedad, me encantaría ser algo así como Howard Wollowitz, yo siempre he sido igual de salida con los hombres. ¿Cómo sería mi canción? Probablemente lenta y nostálgica, muy distinta de "Help" aunque me encante. Quizá lo que necesitamos no sea identificarnos con lo que oimos, sino huir precisamente de eso para no acabar como yo, dando vueltas a temas raros e inconexos. Quizá lo que necesite sea dormir. Sea como fuere, a partir de ahora intentaré que ésto sea así, abrigar ideas excéntricas que alimenten el blog. Mejor escribir que nada.

Somewhere





Cuándo menos te lo esperas encuentras una ilusión, es inevitable, nadie vive con los ojos cerrados toda la vida porque al final siempre hay cierta curiosidad por saber cómo es la luz. Todos estamos preparados para sufrir y aunque nadie nos enseñe, mentalizados para lo peor, nunca somos conscientes de que una vez en el fondo, solo queda subir a flote.

Yo tardé en subir, lo reconozco, ni siquiera creía que fuera posible. Pero aún aquella noche, agarrada a aquel licor, con el alcohol recorriendo mis venas y el regusto amargo de una traición que no dolía en absoluto, pude ver que era verdad lo que decían.

Tantos miedos, la inquietud, tanta tensión metida a presión en un cuerpo tan pequeño tenían que salir por algún lado, aunque hubieran tardado. Y es que mi ilusión era pequeña y mi orgullo después del tiempo se había vuelto minúsculo,como mi dignidad, mi estima-Solo necesitaba un empujón, una pequeña caricia para empezar a dejarlos moverse. No sabía que estaba así, sola a pesar de todo, y sobre todo tan necesitada de algo que parecía no llegar, hasta darme cuenta en aquél momento de que necesitaba de ese tacto hasta temblar. No era amor desde luego, solo ilusión materializada en una de esas almas gemelas que a veces dicen que encuentras. Pasan una vez y luego se van, y si las fuerzas dejan de serlo. La magia surge de la casualidad.

Aquella noche me disfracé de otra persona. Quizá no me disfrazara y estuviera allí dentro, fuera una "Yo" muy escondida que había dejado de ensayar por un momento el papel de una vida, pero allí estaba. Quizá solo era parte de ese proceso que llaman "crecer" y a veces aún mayores nos empeñamos en parar.

Aquella noche no era yo, sino el alcohol que devoró mis complejos y me tragó entera, dejándome desnuda. A la luz del halógeno intermitente, no era una persona, más bien un simple alma que vomitaba vitalidad y se llevaba toda la atención de la que había prescindido durante tiempo. Desde luego allí había algo, alguien, debajo de todo ese montón de miedos, que desaparecían con aquél líquido milagroso de la verdad, que hacía olvidar absurdas reglas sociales, gustos, complejos y nos devolvía a todos a una misma condición sincera.

Cuándo abrí los ojos ví todo lo que me había perdido. Sólo hacía falta un pequeño golpe de suerte. Un beso, aquél beso. Todo ha cambiado desde entonces.