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Partículas de tiempo.

Se que durante años vagué sin rumbo, dándome cabezazos contra la pared, queriendo lo imposible. Te veía tan cerca, puro, tan de ver...

viernes, 19 de junio de 2009

De como ver el vacio medio vacío, y nunca medio lleno





Hoy el despertador ha sonado exactamente a las siete y media de la mañana, y lo he maldecido con todas mis fuerzas, casi más de lo habitual, cuando suena allá sobre las diez de la mañana, vaga que es una para que nos vamos a engañar. Porque vereís es que mi movil no es como los demás que como timbre despertador tiene un pitido birrioso, normal y más o menos soportable, vamos el típico timbre que de anodino aburre,pues no, en mi teléfono suena una canción, una canción electropop para más inri, y la cosa tiene bemoles, porque aunque al principio, la idea de que la primera voz que oyese al despertar, legañosa,despelujada y de mal jerol por la mañana fuera la del cantante que hasta hace poco me quitaba el sueño (todos sabeís quién) resultara de lo más apetecible, el caso es que he cambiado radicalmente de parecer desde que esa melodía repetitiva y cansina, otrora de mis favoritas, haya logrado frustrar mis sueños más prometedores y mis más preciadas horas de sueño en conjunto con sus sintetizadores petardos. Pero yo no estoy aquí para contaros el tono de mi teléfono ni mi agrio levantar, aunque tampoco estoy segura de si realmente tengo algo con lo que aburrir.

El caso es que cogí el autobús, después de veinte minutos de espera en esa estación apestosa en la que todo el mundo me miraba mal, mal día para escoger un vestido escotado, y descubrí que había olvidado el ipod, DRAMA. Pero por supuesto eso no era lo peor de todo,sino toda la hora siguiente de viaje escuchando las andanzas de uno de mis compañeros de trayecto que, como el típico matrimonio que atorra a todo el que se pone en su camino con las fotos de sus vacaciones familiares, le pegaba la paliza al chico aposentado a su vera, todo un santo varón, con sus planes en Palma de Mallorca, su hermana super extrovertida y comercial, su perro con gastronteritis y estado de su cuenta corriente ya no, porque hablar de dinero es de mala educación, que si no también. Un viaje movidito vamos.

Pero sobreviví, he de reconocerlo, y después de aguantar lo indecible, y con un dolor de cabeza pasmoso y un calor horroroso he ido a por mi orla. Después de cinco años de carrera lo mínimo es tener un recuerdo de tus compañeros, aunque con la mitad de ellos no hayas intercambiado ni cuatro palabras en todo el tiempo por cuestiones diversas y de muchos de ellos no te vayas ni a acordar, pero bueno un recuerdo es un recuerdo, no hay que darle más vueltas. Yo de hecho,ya había visto la foto, la mía particular, y creo poder asegurar sin faltar en ningún caso a la verdad, que de todas las fotos que me he hecho en mi vida es la peor, incluso peor que la del DNI en la que decir que parezco un terrorista islámico metido en una banda de rock es decir poco. Pero no, esa quedó a años luz en mi particular escala de preferencias estéticas al ver aquella especie de cerdito Babe con babero rojo, flequillo despuntado y cara de pánfila, maravillas del photoshop inexistente y encima pagado.


Pero lo mejor, porque mal de muchos es consuelo de tontos dicen, es que en la orla no se salva nadie,o casi nadie, porque con esa túnica ahí todos parecemos tener complejo de Monserrat Caballé o de King Africa, aunque eso sí, unos más que otros. Pero cómo para salir bien con ese fotógrafo de tercera, era imposible. Porque entre que te colocaba todo tieso, con la cara aquí, luego allá, y que si izquierda, derecha, mira al frente, pon cara normal y luego sonríe, no sabías ni como salir, ni que hacer porque todo le parecía mal al hombre, y luego encima la culpa era tuya porque eras guapa pero poco fotogénica o porque estás jibosa, tócate las narices, ya me hubiera gustado verle a él en mi situación, como recién salido de un anuncio de "Hola, soy tu menstruación" y con una mano maligna recolocándote todo el tiempo, qué cosas. Pero vamos, que el individuo, plumífero como pocos, no estaba como para hablar, de hecho, no se había debido mirar mucho al espejo en los últimos años, porque no había fotogenía posible en esa cara de culo al revés y en esa expresión amanerada y poco modosa.

Ya después en casa,después de otro viaje en autobús y mi cabezada con la boca abierta que ha maravillado a todos los viajeros de la parte de atrás, presta a olvidar las maravillas de mi conmovedora mañana en Valladolid, ciudad por la que siento cada día mayor y mayor apego (Nótese la ironía) me he dispuesto a dormir la siesta, lo mejor para aliviar el mal carácter y las ganas de matar, al menos en mi caso. Y el caso es que sirvió, durante los pocos minutos que duró la felicidad en mi breve periodo rem, porque al rato de acostarme arrebujada entre los muñequitos de mi cuarto, con Kapranos en mente y el fresquito entrando por la ventana, empezó a sonar de nuevo, allí, en ese momento, esa puñetera canción, esa puñetera voz, el diablo, que había poseido a ese individuo y me le había metido hasta en la sopa para no dejarme vivir por todos los pecados cometidos que ahora comenzaría a pagar escuchando a todas horas esa melodía infernal. Así que tiré el movil por los aires, lo pateé y después, cambié de tono de alarma. Y a partir de ahora mi vida será mejor, y la de los demás que me padecen.

jueves, 18 de junio de 2009

De como M y el amor llegaron a un acuerdo





A M nunca le había llamado la atención el amor, no quería amar ni sabía, le parecía un sentimiento vulgar más propio de musical de Broadway que de novela existencialista, o al menos eso decía. ¿Quién iba a querer sentir esa estúpida dependencia hacia otra persona pudiendo estar solo mejor que mal acompañado? Era de locos.

Por todo ello odiaba todas las películas, todas las canciones y todos los libros que hablaran de él, y odiar era decir poco,era una repulsión desmedida ante esa plaga, porque no podía ser denominada de otra forma, que estaba por todas partes.

M estaba amargada,se sentía incomprendida rodeada de amantes del amor,de ávidos devoradores de revistas del corazón y demás clichés, pero no por ello menos decidida a protagonizar un episodio de apología al anti-amor. Y escribió. Escribió,escribió y escribió, como K. que para eso habían nacido de la misma pluma, pero sin embargo de la suya tampoco salió nada nuevo ni original, que también por algo eran hermanos de contenido. Y se sintió tan descorazonada por no poder plasmar bien sus ideas, su odio exacerbado, que se preguntó si bien valdría la pena conocer al enemigo desde dentro,pues en su cruzada particularla tabula rasa no servía de mucho, era incompatible con una literatura creible.

Así que tal y como lo dijo, lo hizo, y así llegó el primer intento, y con él la primera decepción y su consiguiente consuelo, desde luego ella no esperaba menos.Lo único que podía sacar en claro de la experiencia era ese complejo de Judy Garland que había sentido claramente en sus propias carnes después de la rocambolesca función. Todo lo que el amor tenía de cursi, lo tenía de pendante y recargado.

Pero eso no impidió que le siguieron varios; Segundo intento, tercero, y cuarto, así nombrados, a fín de cuentas M era una amargada pero no era tonta, y había ciertos elementos de las relaciones que no resultaban tan mal ni siquiera para ella, pero que también estaban prohibidos por muchas religiones, aunque no por su relajada moral sibilina que de haber podido habría vomitado hormonas por doquier. M no era una chica fácil, pero si era fácil convencer a M.

Al final y después de varias y variadas vivencias desistió. El amor había podido con ella, la había ganado la partida, no podía decir nada peor de él, de lo que ya se había dicho de otras formas. Llantos, rupturas, dolor, dependencia no estaban hechas para ella, pero ella no era nadie para decir nada a los demás, eran ellos y su salud mental. M no estaba preparada para sufrir, era más fuerte que cualquier otra y no caería en su astuta trampa. El amor se presentaba como un digno rival, podrían seguir conviviendo pacíficamente sin molestarse los unos a los otros, siempre y cuando no se tuvieran demasiado cerca, bastante tenían con saber de su existencia mutua.

Y al final M se dedicó a componer canciones Pop para adolescentes, solo alguien con un odio como el suyo podía hacerle algo así a la humanidad. Y tuvo éxito. Y mucho. Desde luego si había algo en el mundo que sobrara eran las hormonas, y la gente con mal gusto, claro. Y al final su odio tuvo resultados Y M fue feliz y dejó su amargura de lado, aunque no comió perdices ni se casó con un Jonas Brother, porque ni había leido muchos cuentos de princesas disney ni era pederasta, y mejor, y sus canciones de amor pasaron de generación y generación, ironías del destino, y así después de firmar su tregua, nunca más se separaron, de hecho ya nadie les recuerda si no es juntos!.

lunes, 8 de junio de 2009

Porque en esta vida hay algo más que ser tremenda y rematadamente guapo

Si en la actualidad se llevara a cabo un estudio sociológico sobre las realidades presentes en las facultades de nuestro país, seguramente se llegaría a la conclusión de que mientras las personas de índole más progre y desaliñada suelen concentrarse en las universidades destinadas a la enseñanza más "Artística" y "pensante" (filosofía y derivados), todos y cada uno de los pijos del mundo mundial, hasta el infinito y más allá, se concentran en las facultades de derecho, en una sempiterna lucha entre perroflautas y los hijos secretos de Tommy Hilfiger, que cada año invaden las aulas intentando no destruir el citado mito forjado con "Pocholo y Borjamari".




Y Todo esto viene a ton de que yo desgraciadamente estudio derecho, (lo reconozco) y por ello puedo dar fé de que ni los tópicos siempre son tan tópicos ni la realidad tan limitada, porque muchas veces supera a la ficción. O al menos eso fue lo que pensé yo cuando observé el panorama por vez primera, el particular "way of life" (que en ingles suena más cosmopolita y fisno) de mis compañeros de la facultad cuando me presenté allí, rodeada de alumnos impolutos, vestidos que ni pintados para la pasarela cibeles, guapos, felices y estudiosos, recién saliditos de Gossip Girl, o de una campaña publicitaria del gran Tommy. Qué trauma.





Resultaba raro, sobre todo ver a las chicas con unos taconazos impresionantes, no esos más o menos comedidos de cinco centímetros apropiados para cualquier ocasión, si no de esos que cuando estudias en la biblioteca resuenan a putón verbenero y encima te dan ganas de metérselos por el ojo a la susodicha, más apropiados para la boda de.. ¿La infanta Elena?, junto con los vestidos a la última moda de las primeras marcas (y no precisamente del corte inglés), minifaldas y pitillos ceñidos y todo con motivo de sus visitas diarias a las cafeterias porque por clase pisan poco, y si no que se lo digan a Borjamari, que desde primero le sigo esperando y ya han pasado cinco años.








Y cuando digo que estas chicas visten de las primeras firmas, me refiero a las primeras de verdad, no estoy de coña. Porque ¿a que no sabías vosotros que si no llevas ese tipo de marcas, no eres un pijo de verdad? Qué cosas. De hecho recuerdo aquel episodio bastante gracioso en el que se me reveló aquella noticia, hoy para mí todo un dogma de fé, como si hubiera sido ayer; mientras en un viaje de autobús a una de mis compañeras ( aquél día olvidó su jet privado) , le dio por deleitarme con un bello discurso sobreactuado en el que me abrió los ojos a una nueva realidad , la de "los pijos verdaderos y los pijos falsos", aquellos que a lo Miguel Temprano optan por vestir del "niño" o "Billabong" o estos otros que como ella pueden permitirse el lujo de vestir de chanel y encima presumir de ello, los primeros por supuesto pijos de segunda,muy por debajo en la jerarquía de glamour y popularidad.





Porque además estos pijos auténticos, (llamémosles "P.A") no son discretos precisamente. De hecho el nombre de la marca de su ropa suele, distinguirse claramente por el tamaño de sus letras y sobre todo por su ubicación ¿Casualidad? De hecho, esto me llevó a pensar que alguien debería decirle a "Dolce y Gavanna" (¿hay hojas de reclamaciones?) que colocar enormes cartelitos en la zona del pecho de las camisetas descocadas de verano no queda nada chic, porque aparte de dejar poco a la imaginación es más propio de choni de extrarradio. Pero bueno, la verdad que pensándolo friamente tampoco queda nada chic llamarse dolce, y aún nadie ha tenido la decencia de darle su sincera opinión al pobre hombre (o mujer, o perro, que con ese nombre.),así que será mejor no decir nada que bastante tiene con lo que tiene el pobre.







Pero además, algo también no curioso, sino curiosísimo, es otro fenómeno que se da en este ambiente universitario, en el que todas las chicas lucen un pelo ideal, de peluquería, impecable,divino, de anuncio pantene (porque para el de herbal essences son demasiado castas). Todas menos yo claro, que para eso Dios decidió obsequiarme con la cabellera de la duquesa de Alba y sufro inhumanamente para lograr una no ondulación permanente, pero ese no es el caso. Llueva o no, truene, nieve o haya una niebla de tres pares de cojones siempre está perfecto, ni un pelo fuera de lugar, ¿Cómo lo consiguen?. En mi modesta y humildísima opinión,porque si, he elaborado mi propia teoría, estas chicas no duermen, porque ¿De dónde sacan tiempo para ponerse el modelo perfecto, peinarse y maquillarse como puertas? porque o se pasan la noche arreglándose, porque tampoco duermen para conservar su cutis perfecto o duermen colgadas en una barra para que la almohada no les estropee la permanente o tienen un pase VIP para Llongueras(Aunque la cámara frigorífica, a lo Walt Disney también puede ser una posible opción). Otra posibilidad, es que destinen el tiempo de estudio a hacer sus tareas cosméticas, porque no, no estudian, ¿Cuándo? que son pijas pero no máquinas, y además ya tienen bastante con lo que tienen, entre maquillajes, prácticas con los tacones, visitas diarias a las tiendas y a los concesionarios BMW. Eso sí, no hay que ser injustas porque algunas, una pequeña minoria porque el resto siempre están en primero, aprueban, pero apostaría algo a que estudian con la cabeza metida en esos secadores míticos de abuela que otorgan a la cabeza una apariencia "caraconil", porque es eso o que aún sobrevive alguna neurona a los tintes corrosivos, aunque claro, todo es posible, y si puede haber vida en Marte...



Vamos que estas chicas, de derecho poco, pero se saben de memoria todos los capítulos de "Sexo en Nueva York" ordenados alfabéticamente, por capítulos, temporadas y hasta por los polvos de Carrie Bradshaw y claro, así nos va, con "Seabiscuit" en mente todo el día y sus kikis imaginarios. Y vamos ya de códigos penales y civiles, ni hablamos, porque bastante letra tiene ya la Vogue, y bastantes fotos, que ya ocupan bastante en cualquier mente humana chic que se precie.





Pero lo mejor de todo es que estas chicas tienen sentido del humor y esa es una cualidad que ha de apreciarse en toda persona que se precie, ¡no todo van a ser defectos! que serán vagas pero algo tienen . Saben reirse de si mismas,porque eso y solo eso podría explicar ciertos modelitos que lucen, y eso y que conste en acta lo dice la que para éstas chicas sería la Agatha Ruiz de derecho, vamos, no todo en esta vida va a ser ser tremenda y rematadamente guapo. Tienen sentido del humor y además son obedientes, no está mal ¿no?, basta que nuestro amigo Dolche o Tommy (aunque este ya es de segunda) digan que un zurullo está de moda, para que ellas se lo pongan. Cueste lo que cueste chicas, renovarse o morir, son los mandamientos de la moda y estaís tardando en cumplirlos... y si lo haceís...¿Por qué no estaís en derecho?

miércoles, 3 de junio de 2009

Somewhere over the rainbow





Cuando era chiquitita, creía en el cielo. Me gustaba imaginarlo -de éstas tendría unos cuatro años- como un lugar en el que cualquier cosa podría pasar, un lugar en el que librarnos de todas las limitaciones propias del ser humano, y en el que por fín yo, aquella pequeña enamorada de todas las películas de dibujos animados, podría convertirme en uno de aquellos seres animados y ser feliz entre fantasías pueriles. Me emociono al recordarlo.La mente infantil es tan inocente que da miedo; si me encontrase de nuevo con aquella niña que todavía sigue viva en mi en parte, estoy segura de que no podría evitar abrazarla; tan convencida con tanta fé, que de verdad en aquellas épocas no tenía miedo de morir, era más fuerte que ninguna.

Pero a aquella pequeña no la sirvió de nada aquello. Porque el tiempo pasó y con el tiempo, murió la fé, así de repente. Dejé de creer, así de golpe, sin mucha explicación ni demasiada pena. O quizá no fue así y dejé de creer hace mucho tiempo sin darme cuenta, quién sabe ya. Y es curioso, porque en aquel momento realmente lo hubiera necesitado, cuánto hubiera dado yo por un consuelo en aquel terrible momento.Pero cuánto más lo necesitaba Dios me abandonó, se fue lejos de mi alcance, de mi entendimiento, y no conforme, se llevó a quién más quería. La verdad que no son pocas razones para odiar a alguien y menos a aquello que no podía, ni podré jamás, comprender.

Pero aquella tarde, en aquella cinta, oí de nuevo tu risa y ya no pude parar de llorar. A pesar de que no la había olvidado -¿Cómo podría hacerlo nadie?- descubrí que emocionarse era imposible al recordar el torrente de vitalidad que desprendías. El torrente de vitalidad de alguien que se iba poco a poco de mi lado y que encontró fuerzas en cualquier lugar para evitar que el resto se hundiera, luchando contra todo, contra todos, mientras con ello se despedía sin darse cuenta.

Y entonces dejé de preocuparme. Ya no temía al cielo, tampoco al infierno, no los necesitaba más. No podrías haber ido a ningún lugar malo, no habría criatura injusta que pudiera castigar a un ser como tú, sería de locos. Y yo sería feliz de acabar mis días allí donde tu estuvieras, en un lugar en el que de verdad pudiera volver a escuchar esa risa otra vez, y otra, sin parar.

Y perdí mi miedo para siempre, y me convertí en aquella niña de nuevo. Y especulé sobre posibles finales, soñé contigo, te recordé de nuevo. Y recé otra vez. Recé para que allá donde estés sigas así, riendo, soñando, siendo mi mamá, la mejor del mundo. Y aquella niña me sorprendió porque ya no quería soñar con cosas estúpidas, había cambiado, había crecido. Y solo soñaba con volverte oir reir otra vez, pero hasta el momento- quién sabe quizá tarde, quizá temprano- se conformaría con rebobinar aquella cinta, una vez y otra vez.