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Partículas de tiempo.

Se que durante años vagué sin rumbo, dándome cabezazos contra la pared, queriendo lo imposible. Te veía tan cerca, puro, tan de ver...

martes, 22 de diciembre de 2009

No sunlight



Nunca me gustó la lluvia.
Con la lluvia llega el mal humor, el pelo que se ondulada rebelde porque no tiene hueco debajo de la capucha -demasiado insignificante- las calles embarradas y los charcos molestos, los coches que derrapan por las avenidas mientras los limpiaparabrisas en una actividad frenética luchan contra la adversidad. Porque con la lluvia llegan los cambios, toda esa ropa mojada que se pega al cuerpo de una forma incómoda y pegajosa, todas esas calles que son imposibles de cruzar porque siempre están demasiado lejos. Porque la lluvia trae esa tristeza que se contagia de forma inexplicable de las lágrimas que vuelan desde el cielo hasta algún otro lugar lejano, y que ya no se secan, hasta tiempo después.

Pero hoy todo era distinto, la lluvia mojaba de una forma diferente. Y detrás de la paleta de grises en el cielo se escurrían miles de gotas coloridas, mientras al calor de muchos cafés se abrigaban nuevas esperanzas nacidas del tono de voz de un Paul que le cantaba a un amor imposible e idealizado, tan lejos de ser real que engrandecía el corazón. Detrás de la humedad había un nuevo horizonte, mucho más seco y abrigado, con nuevos olores llenos de propósitos y perspectivas, con una nueva visión y un cambio que se hacía patente, y la lluvia, por una vez, lejos de resultar insulsa, revestía un carácter vital mientras arrastraba lo innecesario a su paso. Hoy no llovía sin más,si no que cada gota traía un recuerdo en cada calle, cada conversación y cada espacio andado, detrás de todos los que estabas tú.

Y aunque hoy sigue lloviendo sin parar y probablemente lloverá también mañana, a mi ya no me importa mojarme.

lunes, 21 de diciembre de 2009





En el fondo del pozo se reflejaban sus siluetas, que bailaban. Los defectos parecían otros, de hecho, con la distancia se confundían y solo parecían eso, una más de tantas parejas de enamorados que daban largos paseos al sol en los parques mientras volaban los molinillos de viento. Pero todo era más complicado que aquello que solo adquiría una forma concreta ahí, al final de aquel hondo agujero negro que tanto brillaba con los rayos traviesos que se atrevían a desafiar las gruesas paredes de ladrillo.

Él la miraba con afectación a través de sus gafas, ella observaba la imagen que le devolvían las aguas mientras se agarraban fuertemente las manos, como si temieran ser separados en cualquier momento, hasta que al final una lágrima escurridiza rompió el silencio envolvente, al tocar aquel fondo dibujando unas ondas que crecían por momentos, como cuando los niños pequeños juegan a la rana.


El cielo se abrió y miles de sombras invadieron todo, incluso la brisa se calmó. Sus almas volaron junto a las briznas de hierba recién cortada, aquel era su momento, lo habían decidido hace tiempo. A él los días se le acortaban cada día más, a ella sin él no le quedaban días, ni meses, ni años, así que habían decidido mudarse a un lugar en el que no existiera una unidad temporal que delimitara sus encuentros, un lugar en el que expandirse plenamente y juguetear eternamente entre nubes de pensamientos sin destino. Partían juntos y eso es lo único que importaba, en aquél lugar no existía el miedo y solo tenían una idea fija,partir hacia otra dimensión, hacía el infinito, hacia más allá.

Y te hablo





Y me besas, y el tiempo se para, y las hojas de los árboles siguen cayendo despacio aquí arriba, donde no nos ve nadie. Los miedos persisten, no me abandonan ni por un instante, el hormigueo se extiende, incansable, por todas las partes de mi cuerpo que empieza a temblar, hay nubes en mis ojos pero las dudas se disipan poco a poco,como cuando se levanta la niebla. Siento frío, "no te vayas"-pienso-, agárrame la mano un poco más fuerte, cuando aprietas me duele menos el mundo y no siento temor. Las yemas de mis dedos se deslizan suavemente por tu espalda, mientras patinan mis ideas a la par que mis brazos. Y sigo hablándote, por dentro, susurrando esas palabras que jamás saldrán de ahí, son demasiado bonitas para un mundo corrupto, se partirían en mil pedazos.

Mientras se lavaba el pelo, minúsculas gotas negras se escurrían alrededor de sus ojos sin saber porqué, aunque no era precisamente el agua de la ducha la que desteñía su cara, algo a lo que concedió una importancia insignificante, era cotidiano y por tanto, de lo más habitual. Desde hacía un tiempo, las cosas no estaban como de costumbre, era como si estuviera viviendo otra vida totalmente diferente: los mismos rostros, las mismas localizaciones, pero al revés, un sinsentido mayúsculo en el peor de los momentos, que sin embargo no trataba de afrontar. Nunca había sido una luchadora y menos en aquél momento en el que no había nada por lo que hacerlo.

Pero aquella mañana todo era aún más extraño,millones de ideas pululaban desordenadamente por su cabeza, provocándola un dolor atroz en todas las partes de su anatomía. Probablemente fuera fruto de la cafeína que había consumido horas antes, que estimulaba plenamente su cerebro, como cuando tenía aquellos impulsos creadores que la llevaban a escribir durante horas tan productivos, pero lo cierto, es que aquello difícilmente podría atribuirse a una actividad cerebral desmesurada, todo daba vueltas alrededor de un mismo punto abstracto, no existía una dimensión detallada.

Y se echó a dormir, como de costumbre, para acallar preguntar inútiles,pero aunque no tenía sueño y no había siquiera cerrado uno de sus párpados, empezó a revivir una de sus pesadillas más recurrentes. La casa temblaba, cada vez más, haciendo resonar sus tripas furiosas, los seres humanos que en ella habitaban se revolvían nerviosos, tan inertes como de costumbre, impasibles para con el exterior, como muertos y tan solo había actividad en un exterior que parecía ser rechazado por su vitalidad y animosidad. Quedaba patente que la nada envolvente había vencido y nadie se había dado cuenta, ninguno tenía nada ya por lo que luchar, por lo que soñar, aquella rutina desganada se había convertido en su propia tumba y se llevaría a todos por delante, uno por uno.


Pero entonces comenzó a escribir sobre todo aquello, y el dolor comenzó a remitir, buscar una vía de escape al sufrimiento, aliviaba la carga que pesaba sobre ella tiempo atrás. Y comenzó a llorar, y no pudo parar, pero al menos conocía la procedencia de aquel llanto salado,pues se la había revelando una de tantas páginas sabias, en ellas sabría hallar la solución para acabar con él de raiz y seguir sonriendo, como cuando tenía una vida feliz.

No era una soñadora y no era luchadora, pero porque hasta el momento no había tenido algo por lo que luchar, la vida es ,mucho no, muchísimo más sencilla de esa manera, quejarse siempre de todo sin hacer nada es facilísimo para cualquier persona de a pie. Pero en ese momento descubrió que tenía que hacerlo porque se lo debía a ella misma, así como a todas las personas que desde ese "Exterior descuidado" luchaban por que ella se diera cuenta de que debía alcanzar la felicidad y abandonar la mediocridad del sufrimiento sobrevalorado e inútil, por acabar con el aletargamiento que se cernía sobre una casa que antes era feliz, se lo debía a ella, que se había marchado con la cabeza bien alta sonriendo y siendo feliz hasta el último momento.


Y al final agradeció aquel episodio, aquel extraño acontecimiento, a partir del cuál supo aprovechar algo más la única vida que se le había concedido. Y no fue feliz, pero lo intentó, y pudo gritarlo a los cuatro vientos. La felicidad no es permanente, pero cuando se intenta alcanzar y se saborea por un instante, sabe tan bien...

sábado, 12 de diciembre de 2009

Remember to let her into your heart





Cuando años atrás sonaba en el coche, no podría haberme imaginado ni de lejos la importancia que aquél tema tendría en mi vida.

Se decía que Paul, -Las canciones de McCartney siempre me tocaban el corazón inexplicablemente- la había compuesto para consolar a Julian,el hijo de John, por el divorcio de sus padres, pues fue en aquella época cuando entró en escena Yoko Ono, aquella extraña individua de tez mortecina y rasgos achinados bastante desagradables que había cautivado a aquél Beatle pacifista dinámico y liberal, incitándole a acabar con una consolidada relación y a iniciar una nueva que el tiempo había encumbrado como un romance épico,a la vez que hippie y naturista y que con los años lograría destruir incluso al grupo más importante sobre la faz de la tierra, pues como bien es sabido, las estupideces por amor, son las más estúpidas que existen y pueden con todo.

Al margen, a años y un país de distancia estaba yo. Por aquellas épocas no tenía ni idea de música, probablemente no habría alcanzado la adolescencia cuando las notas de "Hey Jude" me provocaban ya pequeñas descargas eléctricas en alguna parte de mi organismo y lagrimillas escurridizas que se manifestaban sin pensar. Y aunque yo no sabía quién era Paul, ni John, ni George,ni siquiera Ringo- aquél que con los años hubiera sido objeto de mofa constante por su rimbombante nariz- sí tenía claro que aquella canción conseguía que me embargara una profunda nostalgia, la del propio Jude tan cobarde en busca de su amor,y lograba crearme un nudo en la garganta, fruto de la impotencia provocada por no tener buenos adjetivos que describieran el puño que con fuerza golpeaba mi corazón cuando Paul susurraba aquellas palabras mágicas y a la vez tan cercanas.

Y con el tiempo volvió a sonar en el coche, y la nostalgia volvió a reinar con su majestuosidad habitual, mientras sus notas envolvían cada uno de los corazones en aquél pequeño vehículo, con un significado diferente que nadie alcanzó a comprender hasta tiempo después, era tan deprimente como esa niebla que envuelve la ciudad de Liverpool en ocasiones,o eso dicen, y que tanto evocaba con sus notas. Y fue pasados unos meses, y aunque escondida bajo un título indescifrable, cuando decidida a compartirla con alguien, -alguien que se decía muy importante en mi vida, aunque aquello estaba aún por ver-, cuando me di cuenta de su importancia.

Recuerdo que se repitió a través de unos auriculares como un secreto bien guardado, como si nunca hubiera dejado de sonar a través de ellos, no estaba en casa pero sin embargo de repente estaba allí mismo.Descubrí entonces el porqué de aquella nueva escucha tan diferente, el porqué de esas lágrimas furtivas que siempre desataba, muchos más tangibles con su presencia .Y era tan simple como saber que la ausencia la había convertido en un tema más cercano a mi subconsciente, convirtiéndolo no en una simple canción, sino en un recuerdo, un recuerdo que compartido, resultaba aún mucho más triste.


Eran todos aquellos viajes interminables en los que siempre sonaba alguna vez entre silencios respetables, eran las protestas por su lentitud, era ella tarareando y aquella otra descubriendo un nuevo mundo de melodías, era él abriendo su recopilatorio color rojo sangre envuelto en papel del corte inglés, aquel musical absurdo y aquel tararear triste, aquella clase de música con los pelos como escarpias y los lacrimales a punto de estallar,era yo recortando fotos de Jude Law en el colegio,oPaul cantando mirando a la cámara con ojos tristes, era un grandioso y nostálgico recuerdo, y aún hoy era otra cosa nueva y diferente.

Y esa es la historia de cómo "Hey Jude" se convirtió en una de mis canciones favoritas, tan simple y para mí tan fantástica.Y aún hoy cuando estoy triste suelo escucharla, tarareándola- es una de las pocas que no me atrevo a interpretar- y me acuerdo de Paul con mirada nostálgica, y hasta de John y su fatídico final y de esa época que nunca viví y que resultaba tan elegante, y me siento como en casa, embargada por una tristeza auténtica y a la vez pueril, nostálgica y agradable, reviviendo miles de recuerdos como sucede en esos momentos en que un olor instantáneamente te retrotrae a un acto concreto.

Pienso que soy Jules, pequeño, desarropado, desamparado y triste y me siento mucho mejor pensando que ese tema me da consuelo, puedo hasta sentir su añoranza, yo también la llevo dentro, y poco a poco las notas me abrigan.