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Partículas de tiempo.

Se que durante años vagué sin rumbo, dándome cabezazos contra la pared, queriendo lo imposible. Te veía tan cerca, puro, tan de ver...

martes, 21 de mayo de 2013

Our last summer




Matías corría como una gacela por la hierba artificial de la piscina. Yo, con la cabeza hundida debajo del agua, intentaba ahogar los latidos de un corazón delator. No tenía muchos años pero ya me ponía nerviosa al verle con aquel bañador azul tan largo, que le llegaba por las rodillas. Detrás de ese espigado niño de nacionalidad Argentina, había mucho más de lo que podía verse, y subido al puentecito verde que separaba las dos piscinas pequeñas, era quizá lo más bonito que había visto nunca.

-¿Puedo decirte una cosa? -Preguntó  al rato.
-Luego, ahora no - Tuve miedo. ¿Qué pasa si era alguna estupidez? ¿Si todas las cosas que a mi me ilusionaban en el mundo y que revoloteaban sin freno por mi cabeza eran meras ilusiones?. El banco en el que estaba sentada de repente se volvió mucho más frío y lejano y mi corazón iba mucho más lento. Le costaba seguir.

-No pasa nada, no es tan importante. - Sonrió- Y aquella frase, fue la última que recordaba de él.

A la vuelta, muy mojados, con la ropa de la piscina todavía puesta, compartimos sitio en el coche, al calor de una intimidad inventada. Había tan poco espacio que me costaba respirar. Aunque no hubiera podido hacerlo de ninguna manera.

Él deslizó (quizá a sabiendas) , su dedo cariñosamente por mi pierna. Nunca sabré si fue un gesto voluntario, o una casualidad. Después, bajó del coche y subió rápido las escaleras de ese edificio interminable, cuya visión aún me hace temblar.

-Hasta luego. Susurró.

¿Qué quiso decirme en aquél momento? Nunca lo sabré, no lo volví a ver jamás.

Hace dos años por la calle -el se marchó a vivir a Madrid- le intuí en la distancia. No parecía el mismo, era mayor, pero tenía los mismos ojos grandes e inocentes.  Mi corazón se volvió loco y por un momento viajé en el tiempo. Casi me desmayo de lo fuerte e intensa que fue esa sensación en mi pecho oxidado

Matías fue mi primer amor y nunca le olvidaré: el me enseñó a querer y a sobredimensionar mis recuerdos en el futuro. Siempre estará conmigo en algún rincón de mi mentey allí siempre le querré. Me acompaña siempre.