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Partículas de tiempo.

Se que durante años vagué sin rumbo, dándome cabezazos contra la pared, queriendo lo imposible. Te veía tan cerca, puro, tan de ver...

lunes, 28 de septiembre de 2009

L'essentiel est invisible pour les yeux.






“No supe entonces comprender. Cometí el error de haberla enjuiciado por sus palabras y no por sus actos. Iluminaba y perfumaba todo mi planeta. ¡Jamás debí haberla abandonado! Debí haber intuido su ternura detrás de sus ingenuas astucias. ¡Las flores son tan contradictorias! Y yo… demasiado joven para saber amarla”.




Decir que cuando mamá se murió se paró el mundo, es una obviedad como una casa, no tiene sentido y supongo que describirlo es innecesario, pero si lo hiciera diría que es una sensación similar a un trasplante de corazón, metafóricamente hablando. Sí, te extirpan la vida y ésta continua, casi milagrosamente, como por arte de magia, y si sale bien y vives para contarlo,pues no todos pueden, nada rellena jamás ese vacío de lo que ya no está y de lo que aunque parezca tan extraño jamás va a volver,sigue doliendo, con cada latido, cada día que pasa, cada día un poco más.

En este caso yo llegué tarde; nunca fui puntual pero en mi carrera hacia la asimilación cruce la línea demasiado tarde. Fue como tener una cita y descubrir que tu reloj está parado y aquello tan importante para tí se ha ido al traste, elevado a la milésima, como si una persona hubiera podido evitar el estallido de hiroshima por una centésima de segundo; la rabia y la impotencia son enormes, pero eso no significa que vaya a tener solución, de hecho yo ni siquiera me di cuenta de que no llegaba, y cuando lo hice ni siquiera existía un destino concreto, solo un agujero enorme en mi mente que se extendía con rapidez como un tumor. Uno no puede permitirse el lujo de llegar tarde a una despedida, no cuando eso te acompaña el resto de tu vida.

Ahora, aunque a veces crea verla bajar pizpireta, cuando oigo tacones descendiendo las escaleras de su oficina, me atrevo a pensar en ello,alivia quitar ese peso añadido a la omnipresente y algo aletargada nostalgia. ¿Y sabeís lo que pienso? Me imagino que tendrá su propio planeta, como el principito, con su consabida rosa, con la soledad añadida. O la imagino con todas aquellas cosas que la solían gustar, sonriendo, o en su esquinita, en la que pienso sigue de alguna manera cuando me siento ahí. Una vez incluso llegué a pensar que tenía su propìa estrella, lo más probable, porque las noches de cielo despejado he notado que papá mira fijamente un punto concreto en el cielo, con pena y alegría a la vez, como si le consolara, por eso creo que es así y que aunque no haya dicho nada la ve reflejada en ese cielo, supongo que porque no quiere compartirla con nadie no ha abierto la boca, yo tampoco lo haría, bastante ridículo se siente uno al confiar sus más íntimos recovecos a una bola de fuego a millones de kilómetros de distancia, o loco, o perdido aunque consolado a la vez y por eso le perdono, aunque me gustaría tener la mía propia con la que hablar.

Y cuando el tiempo me concede una tregua y mis delirios desaparecen, la imagino como un ángel que duerme durante demasiado tiempo entre resoplidos silenciosos, un ángel rubio, traslúcido y que emana bondad, al que no puedo ver, ni tocar pero al que puedo sentir en todos y cada uno de mis actos. Cuando me despierto y la recuerdo desayunando temprano con la radio a todo volumen, cuando rememoro sus consejos, cuando recuerdo sus virtudes y también sus defectos, cuando observo un gesto parecido en otra persona o hago todas esas cosas que no acostumbraba a hacer pero que a ella la encantaban, quizá algo tarde. Y creo que es verdad que las personas pasan a otra dimensión mucho más importante cuando mueren, mientras vivan los que le recuerdan y allí está ella, dentro de mi corazón en el hueco más grande de todos, con una casa con vistas a toda mi alma, a mis hermanos, a mis sentimientos, desde donde dirige mis actos y me recuerda que tengo que ser valiente, que la oscuridad no da en realidad tanto miedo y que al final siempre brilla el sol, como decía aquella canción.

Además donde ella vive siempre suena "Chiquitita" y aunque es verdad que solo hay una canción nunca cansa pues lo representa todo, la representa a ella, pues pequeñita como era ella, se ha llevado el compartimento más grande de todos, con razón el tamaño de una persona es directamente proporcional al hueco que deja su ausencia, y en este caso, no hay planeta lo suficientemente grande que albergue su grandeza y su falta,ni siquiera el del principito, aunque en el suyo también crece una rosa, de la que, como el principito, tampoco supe cuidar, también era demasiado joven. Esa fue su lección más valiosa, nos dejó su aroma, y ahora ciegos, nos guiamos por su olor.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Mosqueo de un día de aburrimiento





La verdad es que hoy no he hecho nada en absoluto, por lo que me resulta curioso tener ganas de escribir algo; si normalmente desperdiciamos cantidades ingentes de tiempo de nuestra vida innecesariamente, supongo que podría decir que el día de hoy ha sido una gran pérdida en sí mismo, el desperdicio, en letras mayúsculas, y os lo voy a contar.

Todo comenzó a eso de las ocho de la mañana.Seguramente, si hemos de buscar culpables, todo se deba a eso, al hecho de madrugar que me altera, pues como todos sabeís si hay algo que detesto sobre todas las cosas, más aún que hablar en público o en grupos grandes, es levantarme pronto. Me encanta trasnochar, irme a las mil y recrearme en la pantalla de mi ordenador hasta altas horas, entonces me encuentro mucho más inspirada e ingeniosa y me gusto mucho más aunque pueda parecer imposible, por eso suelo acostarme tardísimo y aprovechar. Por todo ésto, me he levantado a duras penas, rezagada, legañosa, con la melodía alegre de mi despertador, poco a tono con mi estado anímico,por lo que he maldecido a la humanidad, después de pasar una noche pésima con pinchazos en el costado y toses, y paranoias relativas a posibles ataques de apendicitis, y los consabidos cinco minutos de rigor que necesita toda persona normal para desperezarse, hasta que por fín, he pasado de ser uno más de los zombies del "amanecer de los muertos" a ser una persona normal, o todo lo normal que una persona como yo puede llegar a ser.


Lo peor de todo, es que despertarse antes tiene cosas buenas, como poder aprovechar más el día y que no se te junte el desayuno con el almuerzo, pero también malas, muy malas, como tener mucho más tiempo para pensar, algo que no sabeís hasta que punto puede resultar peligroso cuando eres una psicópata peligrosa, con ciertos toques de esquizofrenia y paranoia. Así que había que tomar medidas, y evitar males mayores, para no permitirme malmeter o fastidiar todas las cosas o incluso organizar un conflicto bélico antes de las diez de la mañana, me he puesto a ver una serie, "Mad men", sobre unos publicistas norteamericanos, machistas pero elegantes, que digamos me entretienen como mi último capricho visual. No me disgusta, de hecho la estética es buena y los personajes son complejos, pero desde que comencé mi visionado de "true blood" digamos que nada me llena más que vampiros malignos fornicadores de buen tipo y escultural torso atlético, así que así anda la cosa, bastante floja, pero a falta de pan buenas son galletas, y para no pensar nos vale igual, aunque ya puestos, mejor evadirse con unos buenos chicos en pantalla, aunque todo no pueda ser. (Soy consciente de la imagen de depravada que proyecto, no me molestaré en desmentirla o negarla)


A la hora de comer he recibido visita, y no hay nada que odie más (bueno sí madrugar) que recibir gente cuando tengo una cara horrorosa, pelos de loca y el chandal que probablemente usara para hacer pilates alguien en el tercer mundo y menos a la hora de comer, cuando mis tripas rugen como locas. Pero aún así, he puesto mi mejor sonrisa y con mis achaques he aguantado estoicamente una hora y media, mientras un mono con platillos recorría por momentos mi cabeza, no he estado nada centrada. ¿Sabes lo que pasa? Que cuando una tiene accesos de tos cada cuatro minutos y dolores de cabeza fugaces, no está para aguantar las anécdotas de la novia de Pepito, o de Menganito y sus peripecias en el Teide, porque para viajes bastantes con los que a todas horas te toca hacer al cuarto de baño a por toneladas de papel higiénico para sonarte los mocos que no te dan tregua, no seaís mal pensados, pero bueno, que encima que me vienen a ver en mi combalecencia prolongada, no voy a quejarme.

Y por la tarde he dormido, como un lirón, porque previsiblemente mañana me tocará madrugar de nuevo y será otro gran desperdicio en mayúsculas, hasta he soñado felizmente hasta que la tos me ha despertado de nuevo. Y he subido fotos, muchas, a tuenti, mi red social de cabecera. Por si no lo sabías soy la reina de internet, qué valiosa hazaña la mía que me desenvuelvo como pez en el agua por ese mundo de cotillas y cotilleos, con mi enorme ego en un pedestal, la verdad es que es divertido comprobar lo falto de autoestima que está el mundo y los petardos que hay sueltos, pero así es la vida y aquí somos todos (Casi todos) un poco falsos y vamos de guays, y subimos nuestras mejores fotos, para que el vecino vea la cantidad de amigos que tenemos y los pedos que nos agarramos, aunque después estemos depresivos en casa recurriendo a internet para ligar con el vodka en la mesilla de noche.



Y por la noche, aparte de ironizar y ridiculizar al mundo, sobra decir lo que estoy haciendo. Me he agarrado un par de mantas y mi complejo de escritora frustrada y yo nos hemos sentado después de tomar una aspirina ante el ordenador para comprobar nuestra mediocridad. Me he puesto a escribir y me he dado cuenta de que todo esto no es más que basura, pero por algo hay que empezar. Todo es basura porque siempre hay gente mejor, también hay gente peor, pero sentarse a lamentarse no sirve de nada, tampoco criticar a mis amigos de tuenti, a fín de cuentas solo rinden culto a su propio ego, como hago yo. Poco a poco tengo que mejorar de alguna manera, no estaría de más sentirse realizada por un día. Además no me molesta ser mediocre, como decían en aquella película, duermo más tranquila. A fín de cuentas no tengo competencia, nadie se pelea por llegar a ser así, y yo de entre todos los mediocres, soy la mejor.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Homesick





Aunque tenía la sensación de llevar corriendo horas, lo cierto es que solo había atravesado el pasillo que separaba su habitación de la puerta de entrada. Había dejado atrás una angustia apabullante y se sentía plena y aunque no todo iba a resultar tan fácil se sentía exactamente igual que si sumara todas las cosas buenas que la habían pasado durante toda su vida, se sentía feliz.


Todo comenzó la primera semana de su vida consciente; la había pasado entera en un hospital, el prototípico lugar idóneo para desarrollar una depresión grave, un lugar feo y sin historia, repleto de muerte y destrucción, sin color ni brillo, que prefería no mentar, aunque era fácil intuir de vez en cuándo en sus ojos algunas de todas las frases y momentos vividos en su letargo semi-inconsciente.

Llevaba mucho tiempo sin andar, tanto que no recordaba tener esa capacidad, se había acostumbrado a vivir en la parte superior a su tronco, y todavía no se acordaba bien del motivo que la había conducido a esa situación. Un día gris, una maleta y un tren, y en su mente no había espacio para nada más, ya era bastante aunque sin embargo resultaba imposible atar cabos. Y además estaba aquella amnesia supuestamente transitoria que duraba más de lo normal que sumada a las evasivas de un mundo ajeno a sus preguntas, hacía crecer su tristeza cada día más, sin que nadie pudiera hacer nada para detenerla.

Estaba Anestesiada de la realidad; los recuerdos de su estancia se revolvían en su mente como las burbujas de esas lámparas de agua que se consumen poco a poco, iban y venían, mientras por el camino inventaba otros menos dolorosos. Solo conservaba la imagen de un lugar fantasmagórico y la vista de su habitación, rodeada de abundante follaje de un verde intenso que probablemente no fuera más que la localización de alguna de las series que se dedicaba a ver, y por supuesto la imagen de las pastillas de colores, que realmente no necesitaba pero que tomaba por obligación, tan bonitas y coloreadas no duraban demasiado a su alrededor y conseguían alejar instantaneamente la sensación de pánico, por lo que no paraba de atiborrarse de ellas.

Del resto no había demasiado que contar, es más, no había resto. Una vez en casa, se había limitado a pasar sus días sentada examinando las paredes blancas de su habitación, hasta el punto que conocía sobradamente todos los agujeros, imperfecciones y demás elementos extraños que poblaban la superficie lisa de su cuarto. Se había dedicado a llevar a cabo más viajes astrales de los que ninguna persona nunca había hecho, había leido las obras más grandes jamás escritas, a Victor Hugo, Flaubert, Tolstoi e incluso a Kafka, había estudiado, aprendido y se había cultivado, olvidado todo tan pronto como conseguía sentirse orgullosa de su cultura y había recibido visitas a todas horas, visitas que se prolongaban durante horas, innecesariamente cargantes.

Pero su encierro a pesar de todo era agotador, nunca se encontraba saciada. No recibía cariño, solo compasión y pena de cuantos la rodeaban, quizá azotados por alguna culpabilidad innecesaria de la que ella prescindía en absoluto y que solo conseguía que se sintiera peor, la gente no se da cuenta de que ciertas cosas se han de tratar con normalidad para que no resulten demasiado incómodas, es un consejo que no se da suficientes veces.

Y así un día empequeñeció. Aquel día, un día tan normal como todos los demás días monótonos y repetitivos, las paredes blancas y mortecinas que la acompañaban a diario habían optado por traicionarla, cerrándose poco a poco, aplastándola dejándola un espacio minúsculo para respirar, viniéndose abajo. Y entonces no tuvo más remedio que empequeñecer, las circunstancias la superaron de tal modo que sin saber cómo ni porqué se convirtió en una pulga minúscula e invisible al ojo humano.

Era rarísimo, una sensación novelesca.Pero así tan pequeña como era, se sintió liviana y no tuvo problemas en levantarse y escapar, de aquella habitación, de aquella casa, de aquella represión y de la culpabilidad envolvente y por tanto de todas las penurias que la rodeaban. Dejarlas atrás era la solución más sencilla, y no solo eso, dejarlas atrás con su nueva condición.

O eso le pareció al principio, pues después de mucho caminar se dio cuenta de que no podía seguir así. Aquel camino en su situación sería largo y la solución a todos sus problemas no vendría sola, no conseguiría nada huyendo eternamente, dando pasos cortos y lentos, pues sus problemas la acompañaban en todo momento, en su mente y en su angustia vital,así que volvió.

Volvió y se enfrentó a aquellas paredes que se cernían sobre ella, pateándolas en la medida de lo posible, arañándolas, gritándolas que no se saldrían con la suya ni en un millón de años, imponiendo su autoridad y mostrando su autocontrol y fortaleza por primera vez en su vida. Y solo su perseverancia consiguió que la habitación recuperara su forma habitual, como su cuerpo, que había crecido de rabia e impotencia y había hecho a las paredes ceder. Una pared que simbolizaba su propia vida, su propia existencia. Entonces se paró a reflexionar largamente, pues aquella tontería no acabaría con ella, no podía consentir que unas paredes simbólicas insignificantes que la acosaban en sueños la redujeran a una nimiedad, tenía que defenderse de sí misma. Una persona acumula grandeza durante décadas y está obligada a conservarla hasta el fín de sus días para protegerse.

Y entonces lo comprendió, no tuvo ni que abrir los ojos para ello, aquellas metáforas todavía bailaban en sus retinas. Aquel encierro había sido en vano y aquél sueño no había sido más que una de tantas advertencias desoidas, "De nada sirve quedarte viendo la vida pasar" parecía querer decirle su conciencia dormida; qué estúpida había sido y todavía era.

Y aquella mañana al despertar no recibió a sus visitas. Se agarró a la manivela de la puerta, tomó impulso y comenzó a rodar por el pasillo abrillantado, dejó de ser cobarde, por una vez. Pero no se decepcionó, lejos de eso, se rió largamente de su inutilidad y se sintió viva... y magullada, viva al fín y al cabo. Se levantó nuevamente y probó infinitamente hasta que en su séptimo intento pudo correr con libertad...hasta aquella puerta de entrada desde donde comenzó su relato.

Pero jamás se enteró de lo sucedido, y con jamás quiero decir nunca jamás, es probable que nadie lo supiera, ni falta que hacía, pues con ello había logrado aprender una de las lecciones más valiosas de su vida. Sería la última vez que se sentara a esperar un remedio culpando a todos los demás, ¿No había perdido ya suficiente tiempo?

jueves, 17 de septiembre de 2009

And so it is


Hace mucho tiempo, alguien me preguntó que hubiera preferido ser de no haber nacido persona. En el momento pensé que era una pregunta absurda y que todo lo que necesitaba era eso, ser persona, sentir y sobre todo pensar, ser un ser racional.

Pero ahora conozco la respuesta que me hubiera gustado poder dar; me gustaría haber sido como uno de esos robots de tecnología punta japonesa, perfectos hasta el último de sus chips en su envoltorio metálico, pero que no son dueños de sí mismos y pueden ser desconectados en cualquier momento, a tan solo una gesto nimio que les regala una sensación plena de libertad y sobre todo de vacío liberador y suave, a merced de una mano inocente.

Eso siempre lo pienso en los momentos bajos, cuando la angustia se apodera de mí, y no solo la angustia, un montón de sentimientos inclasificables pero de un color muy oscuro que se atrincheran en mi mente impidiendo entrar a los demás, a todos esos que de poder, lucharían por un poco de cordura y felicidad. Es entonces cuando pienso que no me importaría tener un interruptor, pulsar y desconectar, hasta nueva orden, hasta que se hayan esfumado todos y cada uno de los los enemigos de mi estabilidad emocional.


Pero no hay nada sencillo en la vida racional y por supuesto no hay opción, la vida no es a la carta. A medida que creces, cada día aparecen nuevas trabas en un camino ya de por sí plagado de rodeos y complicaciones, nuevas obligaciones. No conforme con tener que crecer y adaptarse al horrible paso del tiempo que tanto miedo genera, el ser humano ha de enfrentarse a las obligaciones, a la muerte, al desamor, y aún así sigue luchando hasta el final, mientras alrededor todos caen a su paso.

Pero yo nunca fuí una luchadora, de hecho disto mucho de ser otra cosa distinta a un ser abocado a su propia autodestrucción. Es complicado odiarse tanto a sí mismo y desde luego no es la opción que todos escogeríamos si se nos diera a elegir. Algunas personas huyen de sus defectos, otras, como yo, nos chocamos cada día con ellos y con todas los obstáculos de los problemas psicológicos de una sociedad amargada.


Odio huir, odio llorar, odio necesitar atención constante para no morir de pena, pero es así, todos somos así, un saco repleto de miedos y de penas, un saco de huesos sin interruptor.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Just another soldier on the road to nowhere





Muchas veces me cuesta recordar las cosas buenas; soy obcecada, cabezota y estúpida, un ser humano común al que se le da muy bien desperdiciar el poco tiempo que se nos ha dado con mis nostalgias y mis manías. Pero hoy me he preguntado porqué, porqué te quiero, absurdo pero real, a veces es necesario, y las palabras han salido solas, como si hubieran estado esperando ese momento desde siempre. Y las mías son más de sesenta y cinco, son infinitas.

Y Te quiero porque me haces sonreir, me haces suspirar, me dejas sin palabras y a veces consigues que encuentre las más bonitas que existen en el mundo.
Porque me haces temblar, ruborizarme, tartamudear, porque aún hoy después de tiempo, cuando te veo en la distancia mis latidos se aceleran rápidamente y mi corazón brinca, loco de alegría.
Porque cuando me abrazas todo mi ser se estremece y consigues que el mundo parezca un lugar más seguro y menos difícil, un lugar en el que merece la pena vivir.
Porque tienes la sonrisa más bonita de todas las sonrisas, le pese a quién le pese, que me evoca todas las cosas bellas que existen, contagiosa y llena de vida. Y en tus ojos solo se leen cosas buenas, sentimientos que es mejor no perderse.
Porque cuando me pongo triste siempre bromeas, con ese humor tan particular, que me recuerda que no existe otro ser más adorable en el planeta y que me da ganas de llorar porque ójala te hubiera encontrado antes.
Porque sí soy absurda, románticona y cursi y después de estar contigo, me encanta pasarme horas y horas pensando en los minutos pasados echándote de menos y me regodeo en ellos cuando me voy a dormir, hasta que cierro los ojos y sueño.
Porque me aguantas,has conseguido que razone más y que odie menos, y me has regalado los momentos más bonitos que había tenido hasta ahora..
Porque eres tan importante para mí que el miedo a perderte me agarrota el cuerpo y me paraliza.
Porque cuando dormimos y me abrazas muy fuerte, cuando me das la mano, siento que por primera vez en mi vida he encontrado el lugar al que pertenezco.
Y Porque aunque a veces no puedo estar contigo, desde luego no puedo vivir sin tí, gracias por existir.


Y se que al escribir esto, incurro en buena medida en cursilería y pedantería, pero es lo que siento. Y esas cosas es mejor no guardarlas, luego se olvidan. Imagínate que nunca lo hubiera escrito, todo lo que llevo pensando durante la tarde, se hubiera borrado para siempre.