Entrada destacada

Partículas de tiempo.

Se que durante años vagué sin rumbo, dándome cabezazos contra la pared, queriendo lo imposible. Te veía tan cerca, puro, tan de ver...

martes, 17 de marzo de 2009

.Lost.



- Estoy perdida. ¿Eso tiene arreglo?
- No. Sí. Ya se arreglará.
- ¿De veras? Fíjate en ti.
- Gracias. Cuánto más sabes quien eres y lo que quieres, menos te afectan las cosas.
- Ya. Esque aún no sé lo que quiero ser… ¿Sabes? Quise ser escritora pero odio lo que escribo y… intenté hacer fotos pero eran muy mediocres. Todas las chicas pasan por una fase de fotógrafas… y por querer un boli, ¿sabes? Y haces fotos tontas de tus pies…
- Ya lo averiguarás. No te preocupes por eso, sigue escribiendo.
- Pero esque soy mala.
- Eso es lo bueno

viernes, 13 de marzo de 2009

Había una vez..




Érase una vez, una vida de cuento maravillosa, llena de encanto, color y luz, como todas las historias que se cuentan a los pequeños para dormir.
En mi narración, había dos niñas pequeñas, miedosas y juguetonas, malas como el hambre y pegonas como nadie que protagonizaban aventuras con leotardos y chicles descuidados, una mamá y un papá que se mataban por concederles todos sus caprichos, aún a pesar de todas las desventuras diarias vividas, unas abuelas un poco quejicas y una casa en la playa.
También estaba Arturo, un bebé rizado y alegre que destruía castillos de arena en la playa, Fernando, el niño original que inventó su propio nombre para no ser como los demás y desde entonces solo respondió como "Nanano" ante los demás, una casa nueva en la gran plaza de árboles coloridos desde la que se podía espiar al vecino guapo, el colegio y la amistad, la universidad con los cambios, una vida en su transcurrir más ordinario y a la vez tan feliz, en la que poco se podía intuir el final trágico que esperaba escondido para asestar un golpe fatal.
Porque un buen día mamá se fué, sin estruendos ni llanto, con la sonrisa puesta y su mirada alegre y nos dejó solos, en una casa que cada día parecía más grande con su ausencia, más triste, y más vacía, después de enseñarleuna gran lección de humildad a la vida, de valentia, generosidad, esfuerzo y amor. Se fue y se llevó con ella la infancia perdida, la guitarra que solía tocar, el sonido de su voz y su risa, dejando un rastro visiblemente doloroso.
Aquél día, el peor de todos, nuestros recuerdos se dibujaron en mi mente una vez más; La imaginaba cantando por la calle demostrando sin tapujo la felicidad que la envolvía, bailando en Nochebuena, riendo en aquellas comilonas familiares inundando el alma ajena de paz y tranquilidad, regalándonos cada detalle de su existencia, aquellos por los que había luchado con uñas y dientes hasta el final. La recordé también en aquel pasillo que creía olvidado, tantas noches de vigilia, en espera de que el sueño envolviera a aquellas niñas que no la volverían a ver jamás, en la terraza observando las olas y luchando con la tristeza de tener que recordar en cada esquina a su papá, en su sillón fingiendo leer o volviendo cansada de aquellas sesiones tan duras sin protestar ni una sola vez. Es curioso, que su sonrisa fuera siempre el factor común de todos mis recuerdos, de toda su vida de sacrificada felicidad.
Ahora soy yo, la que sentada observa el sueño que la ha envuelto a ella, que plácidamente y con la sonrisa puesta se ha marchado sin una nota de despedida. En mi mente, siempre estará sobre la cama, haciéndonos cosquillas mientras intenta escapar de la lluvia de besos con que la obsequiamos, y nos cuenta que el día no ha estado del todo mal, porque para eso tenemos el triángulo de los secretos, del que no sale nada de lo que entra, es solo nuestro. Mamá se rie, estruendosamente, se rie y sonrie, a la vida, a nosotros, por los que luchó durante casi cuatro años de su vida, para siempre.

jueves, 12 de marzo de 2009

Pensamientos al azar





La vida se compone de las pequeñas cosas, decía sabiamente aquella frase que leí tiempo atrás quién sabe donde: Un gesto, una sonrisa, una palabra, que en el momento preciso, pueden alterar toda nuestra historia, o parte de ella.

Tal era mi fé en aquella frase que hubo un tiempo en el que intenté destacar sobre los demás, creyéndome capacitada para controlar la palabra, innovar con ella, cambiar el curso de la existencia de las personas con mis escritos (como tantos autores habían hecho por mi), y facilitar la mia propia, poco desahogada. Un tiempo en el que las ilusiones depositadas en mi triunfo por esos caminos me llevaron a ahogarme irremediablemente en un fracaso descomunal a la par que anunciado.

Escribía, escribía y escribía, sin descansar, sin técnica y a lo loco. Anotaba hasta la última de las cosas que me sucedían, que atravesaban fugazmente mi mente, liberando así mi conciencia dormida, mientras poco a poco se me olvidaba exteriorizar las sensaciones que creía obvias, relegando la comunicación verbal fluida al olvido y reduciendo todo a la la palabra escrita, que como vía de desahogo me frustraba con su lenta evolución. Me encerré en mi propio mundo imaginario de papel.

¿Quién era yo?¿Qué me creía? Sea como fuere aquellas aspiraciones y mi proyecto de vida se desvanecieron ,muriendo tan prontamente como mi madurez, como mi ilusión y mi propia vida ,dejándome otros gestos, otras vías de influenciar la existencia ajena más complejas de perfeccionar, como único modo plausible para no caer en el más vacío de los olvidos.

Desde aquel momento en que me decidí, no olvidé dejarme la sonrisa siempre puesta, en mi empeño de protagonizar una apología a la felicidad que ni yo misma me creía. Era importante saber ayudar a la gente a sobrellevar esta vacía existencia, como lo era la propia, vana, negra, avocada al fin . La felicidad ficticia me cubría como la mejor de las máscaras en mi macabra función, era de locos.

Al final me sumí en la más real de las realidades; nada tenía más sentido que dejar de buscar el significado inexistente del vivir. El agobio y la agonía eran innecesarias, todo era demasiado corto y superfluo, tanto que el tiempo era insuficiente para hayar las respuestas esperadas que por tanto era mejor olvidar, o al menos ignorar educadamente.

Con el tiempo acabé sonriendo, siempre, y volví a escribir, sin pretensiones ni futuros invisibles, como única vía de evasión y personal alivio. Al fin y al cabo tenía la suerte de tener una mente humana, olvidadiza y con una sorprendente capacidad de superación y recuperación (el ser humano es sorprendente muchas veces) que me sirvió en la búsqueda de nuevos horizontes. Quizá el mundo me olvidaría algún día, pero yo haría lo posible por no olvidar al mundo, disfrutándole hasta el final, aprovechando el tiempo que se nos ha dado.

domingo, 8 de marzo de 2009

Reconstrucción



El día era perfecto, no se le podía pedir más: con los primeros rayos cálidos de sol, la brisa fresca de la mañana y tu sonrisa resplandeciente. Tenía que empezar a ver más allá de ese revoltijo de sensaciones dolorosas que no querían borrarse de mi mente, aprender a convivir con ellas porque ya no se irían jamás. Ese pequeño simulacro de felicidad me había dicho muchas cosas, me había dado algo que valorar, en aquel momento tan duro y estaba decidida a hacerle caso, sin olvidarte nunca.

domingo, 1 de marzo de 2009

Para siempre, y por encima de todo.


Ahora lo único que me queda es olvidar y recordar, y ambas cosas parecen la misma en este momento. Se, aunque me cuesta porque te sigo viendo en todas partes,que ya no estás, aquí, tangible para mi, pero me rodeas en multitud de recuerdos que me dan la seguridad de que sigues aquí conmigo, cuidándome como siempre.Espero que desde ahí arriba, me sigas mirando, se que subiste directa y que estás mejor, pero te echo tanto de menos...


Te quiero, mamá.