He mentido
He mentido muchas veces, sí. Y alguna vez he engañado. La primera vez fue en 2010, o 2011, antes de un Sonorama y después de la muerte de mamá, cuando encontré una carta manuscrita suya y las lágrimas me invadieron hasta el punto de hacerme hipar y descomponerme como una madeja que cae al suelo y no tiene sostén. Como tampoco lo tenía yo. Todo esto, me acuerdo, ocurrió en la entrada de la casa de mis padres, con él enfrente, a punto de coger un tren. Se enfadó muchísimo porque lloraba porque tenía veintidós años y las chicas de veintidós años, con medio cerebro, no dejan a sus novios solos en casa mientras se dedican a llorar por su madre muerta por las esquinas. Estuvo a punto de marcharse por la puerta pero dejé de llorar y se me pasó el berrinche a fuerza de contener tanto mis emociones que con los años saltaron igual que los tubos de confetti en las bodas. Al día siguiente cogía un tren a Santiago y él no quería darme la mano. Yo no quería irme, quería estar a su lado y que me...


