Paseo por el cementerio
Hoy papá y yo hemos paseado por el cementerio a la hora del café. Solemos hacerlo siempre después del fin de semana de los difuntos porque a mi padre no le gusta ver el sitio transitado (o eso dice). Supongo que porque esos días las romerías de gente son un poco agobiantes. Dentro de lo triste que es el sitio, la verdad es que como el cielo estaba brillante, el sol resplandeciente y el ambiente helado, hoy el cementerio ofrecía un paisaje más bonito de lo habitual, con todo cubierto de flores y ramos del día de los difuntos. Todo envuelto en tonalidades amarillas, rosas, verdes. Predominantemente chillantes. Un bosque multicolor sobrevolando las pequeñas casitas de distintas alturas. Paradójico. Yo, cuando voy, voy convencida de que mamá no duerme allí, no porque quiera convencerme de una mentira, pero es cierto que pienso que las almas trascienden toda esta superficialidad y este mundo feo y superfluo que dejan detrás con nosotros. Por eso, precisamente, cuando voy me permito el lujo ...

