jueves, 11 de febrero de 2010

Lights will guide you home






Nubes cargadas de nostalgia, dolor de tripa, un café que en algún momento decidió aguarse demasiado. Prepara sin éxito su ascenso al último puesto de la mediocridad, pero sin embargo parece que aún no ha puesto suficiente empeño, no con ese dolor profundo de barriga, cualquiera lo intenta.

Lo cierto es que a pesar de todo, del café, del sueño insistente y la jaqueca, ha logrado algo, en lo de fallar a los demás podría llevarse una medalla de oro, y eso sin ni siquiera intentarlo, podría licenciarse ahora mismo sin poner demasiado empeño. Pero a pesar de su pusilanimidad y de todo lo demás, envuelta en disfraces de éxito imaginario, ha logrado salir del paso los últimos años, la desorbitante imaginación del que se encuentra desesperado por cambiar de vida, que le hace fuerte a ojos de los demás, mientras en su interior se desmorona lentamente.

Ha empezado a escribir, y de hecho la idea podría llegar a ser buena, pero la sombra del miedo al fracaso es demasiado alargada. Teclea, teclea incesantemente y borra todo al mismo ritmo, el sabor de los escritos recién inspirados a través de las nuevas tecnologías deja un regusto un tanto artificial, nada como los antiguos cuadernos del pasado, allí al menos las historias acababan moldeadas y con punto final.

Pero no va a conseguir nada, y lo sabe, tiene materia prima, falta la mano de obra, la capacidad, la cara dura. Podría estar ahora mismo haciendo cualquier cosa que hubiera querido, pero es mucho más fácil imaginar que podría haber hecho de haber querido. Querer es poder, lo que falta es empeño y siempre es culpa de los demás. Los sueños no nos van a llevar a casa.

Al final todo quedará en agua de borrajas, como su proyecto de vida. Sólo existe para ella cuando cierra los ojos y se abandona al sueño. Solo en esos momentos es ella misma, y sonríe inconscientemente. Hubiera sido feliz, lo hubiera sido, y mucho

No hay comentarios: