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miércoles, 9 de febrero de 2011

24/07/10






y se fue, y fue como si nunca se hubiera ido, o como si nunca hubiera estado. Pasaban los días, horas, meses, siempre con esa misma sensación de desconcierto, sin saber porqué, ni la causa. Con el reloj sonando de fondo.

Todas las cosas estaban en su sitio, la ropa en su habitación, el olor entre esas cuatro paredes, era igual, con esa mezcla de pasividad y melancolía, como si nunca hubiera conocido al dueño de aquel sitio que ahora solo era suyo. Había sido cierto, pero aún no lo sabía, para la mayor parte de las personas es mejor seguir fingiendo que no pasa nada, hasta que al final de verdad termina no pasando. La mitad, ya medio locas, terminan creyéndose su particular verdad inventada, resulta más fácil.

Pero él no iba a volver, no era su decisión, no era su historia, era una vida que se había cruzado en un momento concreto, y de repente había desaparecido, como sucede con todos, vivos o muertos. Las decisiones se hacen para ser respetadas, aunque duelan. Por eso había desaparecido de su mente, como si no hubiera sido ella la que le había echado, poco a poco, con cada pequeña mentira. Pero así era más facil, porque de repente todo aquello no existía, solo el futuro, y el futuro, que tampoco existe porque es invisible, ocupaba un gran espacio mental. Era un gran remedio para penas pasadas, ya no dolían.

En un resquicio de su mente -el futuro ocupa, pero no tanto- algo se resistía a moverse. Pero su culpabilidad no era tan fuerte a fín de cuentas, era borroso. Con poca claridad se podía intuir la despedida. ¿Quizá las cosas podrían haber salido de otro modo? Nadie podría saberlo, después de todo, aquello ya era otra historia

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