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sábado, 12 de diciembre de 2009

Remember to let her into your heart





Cuando años atrás sonaba en el coche, no podría haberme imaginado ni de lejos la importancia que aquél tema tendría en mi vida.

Se decía que Paul, -Las canciones de McCartney siempre me tocaban el corazón inexplicablemente- la había compuesto para consolar a Julian,el hijo de John, por el divorcio de sus padres, pues fue en aquella época cuando entró en escena Yoko Ono, aquella extraña individua de tez mortecina y rasgos achinados bastante desagradables que había cautivado a aquél Beatle pacifista dinámico y liberal, incitándole a acabar con una consolidada relación y a iniciar una nueva que el tiempo había encumbrado como un romance épico,a la vez que hippie y naturista y que con los años lograría destruir incluso al grupo más importante sobre la faz de la tierra, pues como bien es sabido, las estupideces por amor, son las más estúpidas que existen y pueden con todo.

Al margen, a años y un país de distancia estaba yo. Por aquellas épocas no tenía ni idea de música, probablemente no habría alcanzado la adolescencia cuando las notas de "Hey Jude" me provocaban ya pequeñas descargas eléctricas en alguna parte de mi organismo y lagrimillas escurridizas que se manifestaban sin pensar. Y aunque yo no sabía quién era Paul, ni John, ni George,ni siquiera Ringo- aquél que con los años hubiera sido objeto de mofa constante por su rimbombante nariz- sí tenía claro que aquella canción conseguía que me embargara una profunda nostalgia, la del propio Jude tan cobarde en busca de su amor,y lograba crearme un nudo en la garganta, fruto de la impotencia provocada por no tener buenos adjetivos que describieran el puño que con fuerza golpeaba mi corazón cuando Paul susurraba aquellas palabras mágicas y a la vez tan cercanas.

Y con el tiempo volvió a sonar en el coche, y la nostalgia volvió a reinar con su majestuosidad habitual, mientras sus notas envolvían cada uno de los corazones en aquél pequeño vehículo, con un significado diferente que nadie alcanzó a comprender hasta tiempo después, era tan deprimente como esa niebla que envuelve la ciudad de Liverpool en ocasiones,o eso dicen, y que tanto evocaba con sus notas. Y fue pasados unos meses, y aunque escondida bajo un título indescifrable, cuando decidida a compartirla con alguien, -alguien que se decía muy importante en mi vida, aunque aquello estaba aún por ver-, cuando me di cuenta de su importancia.

Recuerdo que se repitió a través de unos auriculares como un secreto bien guardado, como si nunca hubiera dejado de sonar a través de ellos, no estaba en casa pero sin embargo de repente estaba allí mismo.Descubrí entonces el porqué de aquella nueva escucha tan diferente, el porqué de esas lágrimas furtivas que siempre desataba, muchos más tangibles con su presencia .Y era tan simple como saber que la ausencia la había convertido en un tema más cercano a mi subconsciente, convirtiéndolo no en una simple canción, sino en un recuerdo, un recuerdo que compartido, resultaba aún mucho más triste.


Eran todos aquellos viajes interminables en los que siempre sonaba alguna vez entre silencios respetables, eran las protestas por su lentitud, era ella tarareando y aquella otra descubriendo un nuevo mundo de melodías, era él abriendo su recopilatorio color rojo sangre envuelto en papel del corte inglés, aquel musical absurdo y aquel tararear triste, aquella clase de música con los pelos como escarpias y los lacrimales a punto de estallar,era yo recortando fotos de Jude Law en el colegio,oPaul cantando mirando a la cámara con ojos tristes, era un grandioso y nostálgico recuerdo, y aún hoy era otra cosa nueva y diferente.

Y esa es la historia de cómo "Hey Jude" se convirtió en una de mis canciones favoritas, tan simple y para mí tan fantástica.Y aún hoy cuando estoy triste suelo escucharla, tarareándola- es una de las pocas que no me atrevo a interpretar- y me acuerdo de Paul con mirada nostálgica, y hasta de John y su fatídico final y de esa época que nunca viví y que resultaba tan elegante, y me siento como en casa, embargada por una tristeza auténtica y a la vez pueril, nostálgica y agradable, reviviendo miles de recuerdos como sucede en esos momentos en que un olor instantáneamente te retrotrae a un acto concreto.

Pienso que soy Jules, pequeño, desarropado, desamparado y triste y me siento mucho mejor pensando que ese tema me da consuelo, puedo hasta sentir su añoranza, yo también la llevo dentro, y poco a poco las notas me abrigan.

1 comentario:

  1. =)
    no podrían ser otros, que los Beatles...
    como en Love Actually con Joni Mitchell,
    los Beatles hicieron sentir a esta destartalada pequeña soñadora

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