Parece mentira que me hayan hecho casi dos años, la pérdida de un familiar y la llegada de mi perra, para darme cuenta de que no importaba nada. Sí, me has entendido bien, que no importaba nada yo y que todo había sido un juego macabro y feo.

Me retrotraigo a algo muy parecido que me pasó años antes y ahí sí me siento culpable. Lo gestioné todo mal. Ahora ha sido al revés. Me ha hecho falta caer bajo, tocar fondo y empezar a salir un poco a flote para darme cuenta de la realidad del ser humano. Para darme cuenta de que la gente tiene la cabeza metida en partes de su cuerpo donde no da el sol.

Y sí, a algunas personas les gusta jugar con fuego y se sienten mejor persona pregonándolo a los cuatro vientos a través de frases vacías de whatsapp, pero en realidad tienen que hacer limpieza del alma. Se nos llena la boca con empatía pero en realidad solo sabemos vender humo.

Siento asco, vergüenza, angustia al mismo tiempo. Pero sobre todo vergüenza de haberme creído todas esas milongas y de haberme vendido tan barata.

Que el tiempo pone a todos en su sitio es una realidad, pero ojalá lo hiciera más pronto esta vez.

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