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domingo, 12 de enero de 2014

Me




¿Alguna vez te he dicho todo lo que me cuesta sacar algo bueno de dentro? Muchísimo. Es fácil acostumbrarse a las cosas malas y mucho más fácil convertirse en una de ellas. Pero pasa una cosa, cuándo no estás hecha para convivir con la maldad y los pensamientos grises, sufres en el periodo de transición y las dudas te atormentan. ¿En qué me estoy convirtiendo? ¿Cómo puedo volver a agarrar la mano de aquella niña de pelo despeinado y ojos grandes que está a tantos recuerdos de mi? 

Y es cierto, quizá no lo merezca, quizá no merezca a nadie más que a mi, pero..¿Qué tiene de malo pedir un poco más? ¿Por qué eso habría de hacerme egoísta? A fín de cuentas de veintisiete años solo me quedan aquel beso en la esquina de un hotel en una calle empinada, el pelo rubio y lacio que ya no caía sobre sus hombros porque estaba demasiado corto mientras se despedía y una pantera rosa en una caja de cinco, una noche de cenas furtivas y despedidas que en ese momento se confundían con rutina y un falso mito. Años que se condensan en minutos, quizá segundos y alguna que otra sonrisa y lágrima. Y es que lo mio, todo lo mio ha sido tan de mentira como un decorado de cartón piedra, poco intenso, falso..y sobre todo corto, muy corto. Por eso me dan miedo la rapidez, los vértigos y la nada. Quizá tema no estar a la altura, que tenga que marcharme sin previo aviso y nadie note mi ausencia o que de repente vuelvan a triturarme el alma. Cuesta mucho recomponer los pedazos de algo ficticio y enfrentarse a la novedad sabiendo que nunca vas a volver a ser la misma chica de 21 años que creía en las personas, en el amor y en las madres eternas, que volvía de la facultad oyendo aquellos tacones lejanos sabiendo que el mundo, pasara lo que pasara, siempre iba a ser ese lugar bonito en el que nada podía hacer daño.

Entonces necesitas que alguien te abrace. Siempre. Pero en este caso, alguien que te abrace el alma, por dentro, muy fuerte y te de algo de calor. Pero jamás los abrazos traspasarán la ropa, mucho menos las armaduras. Jamás un "Te quiero" te hace volver atrás. Quizá solo quede andar hacia adelante porque el frio me asusta y no quiero volver a sentirlo jamás.

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