Live together, die alone

Chirrían, me chirrían los huesos y partes de mi cuerpo en las que antes no sabía que podía sentir dolor. Llevo contemplando el techo de esta habitación casi 48 horas con la respiración desacompasada y el corazón agrietado, casi hecho añicos y siento que no se destruye totalmente porque me aprieto fuerte el pecho para que no se caigan los trozos y todo se ponga perdido y sea ya demasiado tarde. Para todo y para todos.

Siento que, con todo, aún con todo, han traicionado lo más bonito que tenía en mi vida, mi inocencia. La han apuñalado y me han destrozado a mí y a todas esas promesas que para mí eran sustento.

Nunca me quiso. Porque quién te quiere bien no te deja rota. Te escucha, te alivia y comparte tu pena. Da igual como seas, todo el mundo tiene derecho a ser querido por encima de todas las cosas.

Y fue duro pensar que había vida, sentirla dentro y que se volatilizara en una cascada de sangre tardía. Fue duro sentir que el quizá se había transformado en un nunca.


Y qué más da ya todo. Si nadie me quiere, mi cuerpo se muere, porque se muere de pena, y mi alma está rota.



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