viernes, 29 de mayo de 2009

A long time ago



Imagina un edificio viejo, grande, destartalado y con olor a comida rancia. Un edificio viejo, grande, destartalado pero además lleno de personas, muchas, muchas, muchas personas apiñadas alrededor de carteles borrosos con horarios y fechas, todo ello impregnado de ese característico olor que estoy segura tienen esas cafeterías amerícanas típicas de las películas, a lo pulp fiction, en las que no, nunca he estado pero de las que puedo decir que seguro apestan así ¿Lo tienes?

Vale, pues ahí, entre ese barullo de personas apresuradas y nerviosas estaba yo; era mi primer día de clase, mi primera mañana de facultad, el principio del fín, o eso pensaba. Chaqueta vaquera, pantalones campana, mochila de Jordi Lavanda, pelo rebelde y corto, vamos, todo un espectáculo kitsch para los sentidos sí, pero esa era yo, la antítesis de la cheerleader popular de instituto americano yankie, que daba color a la historia y que aún hoy sigue dando gracias a Dios de que en la facultad no pegaran a los pardillos, como en el colegio.

Pero centrémonos, en la historia; Me recuerdo abriendo la puerta como si fuera ayer, o no exactamente pero sí como si hubiera sido sólo hace unas semanas, esa expresión es muy engañosa, nadie tiene tan buena memoria, ni yo. Fue ver el percal y querer largarme, lo recuerdo claramente, porque cualquiera olvidaría ese impulso irracional que sentí de repente, de salir pitando y cambiarme de carrera, o de país o fíjate tú que cosas,de apuntarme a un programa de protección de testigos, cualquier cosa menos estar allí rodeada de esa gente tan fina que me miraba raro, o normal o... yo qué se,me miraban y yo solo quería largarme. Pero no, le eché narices por una vez en mi vida y avancé; era o bronca o vergüenza, una de dos, y os puedo asegurar que si os pudiéraís escaquear de una charla como las que da mi padre a veces, os comeríais todas las vergüenzas del mundo, o bueno, casi todas, que las mias son muchas.

Pregunté a una de las chicas que parecían más normales para ver si podía indicarme donde estaba la clase de los de primero, grupo A suponía porque mi apellido empezaba, y empieza, por "C" y aquél ser anodino en el que nadie se habría fijado de no haber buscado como yo, pasar desapercibido, me dijo: "Pues claro, morena, al fondo a la izquierda". ¿Morena? Busqué sin respuesta el motivo de aquella confianza, menuda tía;sentí mancillado mi nombre y pensé que casí hubiera preferido que hubiera utilizado un "tesoro" o "cielo" o cualquier otro nombre de esos que cuando alguien emplea me recuerda irremediablemente a una prostituta en ejercicio, así que sí, que buen comienzo.Y así, un poco avergonzada, avancé despacio hacia dónde aquella chica me había indicado y me apoyé en la pared con la firme intención de o bien pasar por autista, o por borde, pero que me dejaran en paz por aquel día, que no era el mejor de todos; ya que:

a) Yo siempre odié y odio derecho y me veía obligada a tener que estudiar aquella carrera tediosa.
b) Y dos, Soy un ser asocial, tímido y sí, muy borde cuando estoy cabreada, no como Clint Eastwood, pero casi, así que era mejor dejarme en paz.


Entonces, contra todo pronóstico, se me acercó una chica, y dos, y tres,incluso cuatro, y de repente ya había hecho amigas, sin mover un dedo, aunque puede que mi carisma hubiera tenido que ver, eso de la facultad era lo más raro que yo había visto en mi vida. Y entramos en la clase,por llamarla de alguna manera porque aquél zulo era incluso peor que la habitación en que la madre Imelda impartía las horas de latín, en la que como no podía ser de otra forma, olía humanidad (¡A las 9 de la mañana!),y claro, aquello, como os podreís imaginar era gloria bendita. Entonces allí entró un hombre, un hombrecito fuerte de voz chirriante, tan parecido al Grissom de Csi que daba risa, y que entre sudores y un compañero en la primera fila que guardaba cierto parecido con Alex Ubago, empezó a hablar a las masas, aquellas mismas que seguramente no entendieran aún un pimiento sobre lenguaje jurídico, sobre el delito, típico, antijurídico y culpable, mientras a mi todo sonaba a chino, y sí, mientras seguía queriendo largarme a casa, sin dejar de mirar aquél tatuaje en el brazo del compañero de la fila primera. Había que alegrar la vista, que si no...


Y así pasó toda la mañana, porque pasó aunque se hizo eterna,entre constituciones como normas supremas del ordenamiento jurídico y derechos de romanos de los que ya no se acordaba ni su tía, que después de todo no fue tan mala."Tan" he dicho, al fin y al cabo estaba Alex Ubago, que por cierto, jamás volvió por la facultad, ¿Quién dijo suerte?

Y llegué a casa y me dormí, que me lo merecía, vaya que me lo merecía. Y 1825 días después, (o algunos menos que aún no ha acabado el año) abrí los ojos y me dí cuenta de que tenía prácticamente acabada la carrera, diciéndome a mi misma con franqueza que el esfuerzo había sido nulo y las clases escasas, aunque dando gracias de seguir con vida después de todos aquellos truños que había tenido que memorizar ,de todos los gilipollas que había tenido que aguantar, y de todos los orales y ridículos que había tenido que padecer. Qué vida ésta.

Y suspiré de alivio. Joder, ahora mejor, mucho mejor, ni punto de comparación. Ahora para empezar, mi pelo ya no se parece al de Mónica Geller en aquel capítulo de friends en que había humedad, sigo siendo asocial pero he aprendido a disimularlo; a veces cuando me sale, he conocido gente que de verdad merece la pena, otros ójala no hubieran aparecido nunca, y ahora existe muchachada nui, entre otras cosas. Vamos que sigo quejándome pero menos.

Y supongo que sí, que ese fue el comienzo, y ahora llega el fin, y que me da un poco de pena,debería ¿no? después de todo algunos de los recuerdos son graciosos, otros mejor no comentarlos. Pero todavía quedan muchos capítulos por contar, para darle un toque enigmático al relato, si podeís y tenís ganas de soportar mi peculiar sentido del humor claro, como espero que asi sea, y además, que aún no puedo cantar victoria, que todavía me queda, una miajita para poder acabar. Que pase pronto, ¡por Dios!

viernes, 22 de mayo de 2009

De cómo K. no se dejó vencer por el miedo





Cuando aquél dia, un Domingo cualquiera tan aburrido como todos y cada uno de los tediosos Domingos, aquel individuo anodino y normal, al que llamaremos K. perdió la inspiración, decidió que era mejor volverse loco que no volver a recuperar su pluma.

K. guardó su maquina de escribir, pues era un tipo clásico que a pesar de los avances tecnológicos seguía usando aquella "Underwood five" que tan buenos resultados le había reportado hasta el momento, y abandonó su sueño,y así, decidido y sin pensárselo dos veces, se centro en su tediosa vida de persona normal.

Así K. decidió, en primer lugar, centrarse en la búsqueda del amor, aquél sobre el que tanto habían versado aquellos relatos cortos y sórdidos que nunca nadie había llegado a leer, y como os podeís imaginar fracasó en el intento,al darse cuenta de que no había mujer a la altura de sus grandes expectativas, porque además de cobardica y holgazán, K. era muy exigente, mucho. Además K. no había amado más que por intervalos de horas a aquellas señoritas que se prestaban a acompañarle por una buena suma de dinero, lo cual además de vulgar, le pareció tan lamentable que decidió no pensar más en el tema por un tiempo, el menos el suficiente que pudiera prescindir de su compañía, estaba claro.


Entonces nuestro querido K, se centró en su anodino y vulgar trabajo de contable, y como era de esperar, lo encontró vomitivo, y la verdad que el propio nombre de su oficio no sugiere diversión, para que nos lo vamos a negar. Así que a las 12 pm corría dirección a su casa, con el rabo entre las piernas, en búsqueda de aquella KMK-678 con la que había decidido poner fin a su patética vida, porque como hasta ahora habeís podido comprobar hasta el momento, K. rezumaba valentía, además de ese curioso olor a Hugo Boss.

De repente aquella farola mal escondida entre la maleza, golpeó la cabeza de K. o más bien, la estupidez de K. golpeó aquella farola terriblemente mal colocada a posta por nuestro autor, y entonces éste tuvo la suerte de poder escuchar a la voz de su conciencia, que decidió hablarle en lo que duraba el estado incosciente consecuencia del porrazo. Y aunque no sabemos que le diría, porque aunque narrador, no me correspondió el papel de omnisciente, el caso es que K. no llegó a tocar el arma controvertida y volvió a su trabajo alegando malestar.

Aquella tarde K. volvió a escribir, y aunque no encontró el amor y no comió perdices, porque desgraciadamente la mayor parte de las historias no acaban tan bien como nos gustaría, se convirtió en un autor modesto de cierto renombre, cuyas obras se vendían como rosquillas y pudo dejar su horrible trabajo,su horrible jefe y su horrible mesa y comprarse un ordenador, tan modesto como su trabajo.

K. dejó de frecuentar a aquellas señoritas,al menos asiduamente y no se compró un gato, se compró cuatro, además de una playstation y varios manuales de autoayuda, que no, no dieron resultado. Pero ahora K era un hombre feliz; feliz por no haber sido lo suficientemente gilipollas como para no haber intentado cambiar, feliz porque había cumplido su sueño y porque en un relato se referían a él como si de un personaje del mismo proceso Kafkiano se tratara.

Y aunque de moraleja obvia, esta historia no fue escrita por el propio K. que jamás se refirió a su incidente, cuando en aquellas entrevistas que solía conceder en aquél viejo café de aspecto retro, (no podía remediarlo) le preguntaban qué consejos habría de dar, a los que como el querían dejar un hueco en la historia contando sus propias andanzas, K. siempre respondía que nunca nunca, abandonaran sus sueños, sobre todo si intentaran cumplirlos en Domingo.

jueves, 21 de mayo de 2009

Friday, I'm in love





Llegaba tarde a clase, una vez más, rodeada por una maraña de pensamientos de lo más contradictorios. Mientras caminaba lentamente en dirección a la facultad, para que así me diera tiempo a ordenar todos aquellos desastres mentales que el tiempo y quién sabe qué más factores habían creado, sentía que ese pinchazo que tanto se manifestaba durante los últimos días se intensificaba aún más, hasta convertirse en una grotesca sensación de necesidad desesperante, que todavía no podía explicar.

Entré disimuladamente en el aula de nombre enrevesado, sin aclarar ni una sola de las dudas que me había planteado, y me senté de la forma más discreta que pude, muda y enrojecida y sobre todo anonadada por aquella situación que me había superado totalmente, ¿Cómo podía pasarme eso a mí que hasta el momento no había tenido problemas de autocontrol?

La verdad es que la situación se las traía, era algo fuera de lo habitual, rara dentro de mi peculiar historial pero de lo más normal entre el común de los mortales.Supongo,o quise suponer, que era parte de aquel sentimiento que tanto me gustaba ver reflejado en obras literarias y películas, pero que tan poco dada era a sentir en la vida real, demasiado incómodo para alguien tan acostumbrado a las facilidades de relaciones vacías...pero en todo caso tan dificil de evitar a esas alturas del juego.

Observé que ya no podría hacer nada para luchar contra mi particular debilidad, aquella misma mañana, cuando descubrí que mis pulsaciones se aceleraban enormemente ante su presencia, alcanzando decibelios paranormales, cuando me dí cuenta de que no había anemía que explicara aquellos mareos repentinos que no se manifestaban si no durante aquellas primeras horas,y por aquellos pensamientos que no me abandonaban en ningún momento del día: mañana, tarde y noche.

Y me rendí y dejé de luchar contra mí misma, o al menos intenté hacerlo un poquito menos. Y todo lo demás desapareció, absolutamente todo...porque no lo recuerdo ya, o solo quedan retazos poco valiosos que el tiempo tardará poco en borrar. Y a partir de ese momento, solo existían aquellos momentos, nada más, hasta hoy...

y espero que siga así, mucho mucho tiempo.

lunes, 18 de mayo de 2009

Maniobras de escapismo




Tenía los ojos grandes y vivos,surcados por unas venitas rebeldes que los años y las lentillas habían procurado no dejar marchar,los dientes cuadrados y blanquecinos siempre a la vista de todos porque jamás ocultaba su sonrisa y mantenía la cabeza erguida con el pelo recogido en forma de una minúscula coleta de la que siempre sobresalían algunos cabellos revoltosos, que a modo de flequillo improvisado se habían convertido en una de sus señas de identidad. Nunca tenía mucho tiempo, corría de un lado para otro, con pasos cortos y firmes, porque era menudita, como a ella le gustaba decir, bajita no sonaba demasiado a piropo, pero merecía la pena apresurar las cosas y poder disfrutar de toda una tarde de ocio y paseos acompañada de aquel caballero de grisáceo bigote, del que nunca jamás se separaba si no había una razón de peso de por medio. Los camareros nunca la entendían bien cuando apresurada pedía los menús de la familia, las palabras se sucedían atropelladamente en su boca de presentadora de concurso de televisión, lo que resultaba ciertamente gracioso para el espectador que observaba aténtamente los malentendidos varios que provocaba la celeridad de sus pensamientos. Disfrutaba enormemente de las vacaciones acompañada y ni las lluvías estropeaban los momentos de descanso porque siempre había plan, no hablaba demasiado bien el inglés y en vez de "Rassia" pronunciaba "Guasia" y tenía muchísima facilidad para cambiar los nombres a la gente y por eso aquel día, Fabio fue Hugo por unas horas y el pobre Hugo fue llamado Simba, en vez del gato de angora que corría a sus pies. Apasionada de la política, y en concreto de la defensa de sus ideas, era tan coherente que nunca pudimos observarla ninguna contradicción, se sentaba en aquél huequito que había hecho suyo y veía su programa favorito de televisión, viviéndolo intensamente cada día. Siempre hacía amigos, el autobús siempre iba lleno de sus conocidos y por la calle no podia andar diez minutos seguidos sin pararse a saludar, siempre correcta, sonriente y educada y por eso aquella médica lo lamentó tanto "Elisa es una de esas personas que se hacen querer" ¿Cómo no iba a hacerlo?

Una temporada empezó a tener frío, temblaba mucho, era bastante friolera y por eso siempre andaba arrebujada en la chaquetilla rosa. Pero no era frio, no lo supimos ver, quizá porque nunca nunca se despegó de aquella risa floja, era miedo por aquella tormenta que se avecinaba, lenta pero segura amenazando con descargar toda su fuerza de un momento a otro. Y ella siempre había tenido miedo de las tormentas, mucho miedo.

martes, 12 de mayo de 2009

Adios





No me gustan las despedidas, siempre quedan demasiadas cosas por decir, son demasiado forzadas, frías. Pero supongo que no es el caso, no hace falta decir nada, porque tus canciones no van a dejar de sonar y con ellas se quedará tu esencia , y además, tengo el fuerte convencimiento de que es posible que algún día nos podamos ver, allá, en el otro lado. No te preocupes, como decías en aquella canción, y vete tranquilo, sin mirar atrás, que tu propia música, el mayor de tus legados, se encargará de que nadie se olvide de quién fuiste.

lunes, 11 de mayo de 2009

Grupi: El origen.




Hoy me apetece hablar sobre mis orígenes, de aquella historia previa a este histrionismo grupi que me caracteriza hoy en día, y que tanto sorprende a la gente de mi entorno, que observa el radical cambio que de mi se opera en el ámbito musical o frente a mis cantantes idolatrados, que incrédulos no pueden creer que la chica retraida callada y tímida en el mundo real, se convierta en la reina de la fiesta de todos los conciertos, grupi por excelencia y relaciones públicas de todo el mundo, vamos, la monda lironda.

No sabría decir cómo empezó todo: o quizá si. Corría el 2002, un Septiembre cualquiera, San Antolín. Aquella noche tocaba Alejandro Parreño, uno de aquellos triunfitos recién horneados en aquel programa televisivo que desgraciadamente nos caló hondo a tantos de nuestra generación; pobres ilusos solo excusados por el hecho de que ésta era la primera edición y por tanto, novedosa y perdonable (Si habeís visto las demás, no, no teneís perdón, lo siento)


Después de dar la vara, y mucho, con el petardo de Juan Camus, principal responsable de una factura de móvil elevadísima a costa de miles de mensajes "salva a J. C" ( O como perder todo tu dinero en una causa perdida) y la peor voz de la historia de la televisión ,y pasando por otros especímenes como Bustamante, Alex y el triste Fabian (¿Alguien les recuerda?) le llegó el turno a éste, aquel valenciano que versionaba a Robbie Williams y a Santana, fiel a sus inseparables gorras ladeadas y a su estilo propio, otro producto más, que diría Risto mejode, que no es lo mismo que decir, que me jode Risto, todo sea dicho.

Yo recuerdo haber ido al concierto por ser el único interesante del cartel de fiestas y porque era el verano posterior al Boom O.T, con más curiosidad que interés ,sin haber oido canción alguna ,sin comprar ningún disco, sin ánimo grupero en mi fuero interno (Cosa que nunca jamás ha vuelto a suceder).

Fíjaos si sería hace tiempo la cosa , que fue teloneado por los, bastante más conocidos hoy, "Pignoise", que se entregaron al público desganado con un playback sobreactuado y unas canciones copiadas del último disco de Simple Plan, lamentable, todavía hoy mi decencia y buen gusto musical me hacen preguntarme que hacía allí, pero el caso es que estaba, y que por supuesto, la historia sigue.

Parreño era simpático y tenía buena voz, pero siendo sinceros yo solo podía fijarme en una cosa: aquel culo tremendo, díficil de olvidar, que se ladeaba de lado a lado del escenario apretado en aquellos pantalones de campana, aquel que me sirvió de distracción y consuelo las dos horas que duró el concierto.

Después de sufrir lo indecible en aquella primera fila y llegada la hora de irme a casa,(de esas yo tenía hora) lo divisé a lo lejos: aquél hueco en una de las vallas que rodeaban el improvisado escenario de los jardinillos, detrás del cual se divisaba el camino a la gloria...o a los camerinos transformados en una caravana vieja, cutre y pequeña.

Y allí fuí yo, como el que se dirige a la luz al final del tunel, cegada por el brillo de la fama, por aquellos sueños que nunca serían los mios, absorta y emocionada y si, inmersa de lleno en la edad del pavo.Atravesé el hueco, con todo mi morro, con la vergüenza eclipsada por mi propósito de neo-fan, sin discos ni fotos, porque.. ¿Qué coño? yo de todo su repertorio me sabía una canción lo reconozco, triste vida; Lo que sin embargo no impidió que me lanzara a pedirle un autografo y un par de besos, que recuerdo mojados por el sudor post-concierto, (qué hombre).

En un descuido que nunca sabré si fue intencionado (por mi parte, todo sea aclarado) Parreño despistado me rozó los labios,LA BOCA SEÑORES, aquello se había convertido en mi particular éxtasis hormonal, teniendo en cuenta que aquel casto ósculo fue el primero de mi adolescencia tardía y penosa, he ahí la clave, la esencia de mi particular fenómeno fan.

Y asi llegué a mi casa, dos horas después de lo pactado, cubierta de sudor y con el pelo ensortijado por la humedad de la noche, e inpertérrita me comí la mayor bronca de todas las de mi historia, sin oir ninguna palabra, sorda por el concierto y por un nuevo eco mental, por mi nueva obsesión, después de la cual, no se ha salvado ningún famoso, hasta Kapranos ha caido en mi red. Y es que el que la sigue la consigue, y yo y mi obsesión tampoco pedimos mucho, la verdad; ¿Quién será el siguiente?

domingo, 10 de mayo de 2009





No te puedo prometer que cambiaré.
No sé si podré hacerlo.
Pero sé
que eres todo lo que quiero.

No puedo decir que no te haré llorar
ni que voy a ser sincero.
No te puedo prometer que en el futuro
sea perfecto,
pero el futuro es lo de menos.

No puedo decir que voy a estar allí
cuando más me necesites,
pero puedo
intentarlo si lo pides.

No voy a decir que cuidaré de ti.
Ni siquiera sé cuidarme.
Es posible que sea yo
quién necesite que lo salven.

Pero te quiero más que a nadie.
De eso estoy seguro,
por mucho tiempo que pase.

Porque te quiero más que a nadie.
De eso estoy seguro,
por mucho tiempo que pase.

Un recuerdo





Tardes enteras frente al televisor, pasando las horas muertas. Ésta era una de nuestras películas favoritas, podríamos haberla visto mil veces un mismo día que nunca nos cansábamos, era genial. Recuerdo que nuestra escena favorita era ésta, cuando Timón cantaba. Rebobinábamos siempre la cara que ponia al gritar, le imitábamos y reíamos como locas. Eran otros tiempos. Eran buenos tiempos.

viernes, 8 de mayo de 2009

Idiota







Me miro y sigo teniendo el semblante serio,no logro desembarazarme de la absurda sensación de desconsuelo que me embarga, una vez más. Las lágrimas fluyen libremente, sin querer, no logro retenerlas el tiempo suficiente cuando las cosas me duelen,no puedo evitarlo, y debo ofrecer un aspecto lamentable, porque detecto muchas de las miradas de la gente que deambula por la calle, fijas en mi rostro, que seguramente esté surcado por rasgos de maquillaje a punto de desaparecer, pero no me importa, ya no tengo nada que demostrar a nadie.

Cuando, no sin esfuerzo, logro ocupar el asiento que me corresponde, lo suficientemente alejado de los demás viajeros del autobús, las dejo brotar a su antojo, al fin y al cabo nadie ya puede verlas, ni sentir pena, compasión o vergúenza, y las posibilidades de recomponer el rimmel que se escurre entre mis pestañas son escasas, como las ganas de dejar de llorar.

En el trayecto la impotencia me envuelve, por tanta hipocresía, falsedad y mentira, y sobre todo por la mala baba o el mal tino del propietario de las palabras que me condujeron a aquel estado cataléptico, que no ayudaron en ningún momento a la contención. Antes había sentido una profunda pena, procedente de algún lugar extraño de mi cerebro, aquel en que se acumulaban los recuerdos de otras situaciones similares, rabia por mi estupidez y por la maldad ajena, presenciada de muchas y muy diversas formas y por mi soledad, que nunca se había manifestado tan intensamente.

La música suena muy alta, o todo lo alta que puede sonar después de romper el auricular derecho con la presión rabiosa de mi codo; pero ni el estruendo de las guitarras logra evadirme, solo oigo las malditas letras que resuenan fuertemente en mi interior. Las canciones solo hablan de amor, y eso es lo último que necesito escuchar, porque el amor ahora se asemeja en mi cabeza a la "nada" que luchaba por invadir Fantasía, en aquella novela de Ende que tanto me gustó años atrás o es más bien un concepto que he de redefinir nuevamente en mi vocabulario, después de una enrabietada lucha conmigo misma y mi idealización masoquista del concepto.


Al final del viaje no queda nada, lástima quizá, por el hecho de que mis lágrimas se hayan convertido en un problema del que todos quieren desentenderse, pero que no irá a más en mi firme propósito de callarme la boca por siempre jamás. Mejor pasar por muda, que por estúpida, que es a fín de cuentas lo que todos piensan, ahora, incluso yo.

jueves, 7 de mayo de 2009

Apocalypse, Please




Y la quería, mucho, claro que la quería,¿Quién no lo haría? Era imposible no hacerlo. Pero ¿Dónde quedó ese amor? Encuadernado entre bocetos y frases varias en aquella libreta vieja, que los años han arrugado poco a poco, sin más manifestación externa que algunos besos, pocos y obligados.

Fuí cobarde sin razón, tenía miedo,la sempiterna excusa,un miedo que no se podía comparar con lo anteriormente vivido; aún no se como he aguantado en pie tantos años con esa angustia estremecedora en mi corazón. Fingí, en exceso, una indiferencia desmedida en el más inverosimil de todos los papeles que he interpretado a lo largo de mi vida, que no son pocos, y fallé, perdí y el arrepentimiento será eterno, hasta el fin de los tiempos.

La quería y lo oculté en el fondo de mi alma, ¿Dolería así menos?, fui tan ilusa como creí en el mismo momento en que ese pensamiento atravesó fugazmente mi mente, como un delirio inquieto e imposible, porque ahora, ese amor encerrado, oculto y escondido, se desparrama, tristemente, porque ya no tiene destinatario, se ha perdido para siempre y jamás nadie sabrá de su existencia.

domingo, 3 de mayo de 2009






Parece mentira estar a veces tan cerca, y otras, sin embargo tan lejos. Siempre del mismo punto de partida que a veces se disfraza de cosas diferentes.

viernes, 1 de mayo de 2009

¿Qué será?





Siempre me haces preguntas que nunca se responder. No lo hago adrede, contigo se me acaban las palabras, o puede que simplemente no se hayan inventado aún las que puedan definir todo lo que siento. En todo caso, es ésto, lo que siempre veo, nada más. No se que sería de mi sin esa sonrisa.