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lunes, 18 de mayo de 2009

Maniobras de escapismo




Tenía los ojos grandes y vivos,surcados por unas venitas rebeldes que los años y las lentillas habían procurado no dejar marchar,los dientes cuadrados y blanquecinos siempre a la vista de todos porque jamás ocultaba su sonrisa y mantenía la cabeza erguida con el pelo recogido en forma de una minúscula coleta de la que siempre sobresalían algunos cabellos revoltosos, que a modo de flequillo improvisado se habían convertido en una de sus señas de identidad. Nunca tenía mucho tiempo, corría de un lado para otro, con pasos cortos y firmes, porque era menudita, como a ella le gustaba decir, bajita no sonaba demasiado a piropo, pero merecía la pena apresurar las cosas y poder disfrutar de toda una tarde de ocio y paseos acompañada de aquel caballero de grisáceo bigote, del que nunca jamás se separaba si no había una razón de peso de por medio. Los camareros nunca la entendían bien cuando apresurada pedía los menús de la familia, las palabras se sucedían atropelladamente en su boca de presentadora de concurso de televisión, lo que resultaba ciertamente gracioso para el espectador que observaba aténtamente los malentendidos varios que provocaba la celeridad de sus pensamientos. Disfrutaba enormemente de las vacaciones acompañada y ni las lluvías estropeaban los momentos de descanso porque siempre había plan, no hablaba demasiado bien el inglés y en vez de "Rassia" pronunciaba "Guasia" y tenía muchísima facilidad para cambiar los nombres a la gente y por eso aquel día, Fabio fue Hugo por unas horas y el pobre Hugo fue llamado Simba, en vez del gato de angora que corría a sus pies. Apasionada de la política, y en concreto de la defensa de sus ideas, era tan coherente que nunca pudimos observarla ninguna contradicción, se sentaba en aquél huequito que había hecho suyo y veía su programa favorito de televisión, viviéndolo intensamente cada día. Siempre hacía amigos, el autobús siempre iba lleno de sus conocidos y por la calle no podia andar diez minutos seguidos sin pararse a saludar, siempre correcta, sonriente y educada y por eso aquella médica lo lamentó tanto "Elisa es una de esas personas que se hacen querer" ¿Cómo no iba a hacerlo?

Una temporada empezó a tener frío, temblaba mucho, era bastante friolera y por eso siempre andaba arrebujada en la chaquetilla rosa. Pero no era frio, no lo supimos ver, quizá porque nunca nunca se despegó de aquella risa floja, era miedo por aquella tormenta que se avecinaba, lenta pero segura amenazando con descargar toda su fuerza de un momento a otro. Y ella siempre había tenido miedo de las tormentas, mucho miedo.

1 comentario:

  1. Yo, como espectadora ajena he visto muchas cosas de las que describes en la realidad. : )

    Claire.

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