jueves, 17 de septiembre de 2009

And so it is


Hace mucho tiempo, alguien me preguntó que hubiera preferido ser de no haber nacido persona. En el momento pensé que era una pregunta absurda y que todo lo que necesitaba era eso, ser persona, sentir y sobre todo pensar, ser un ser racional.

Pero ahora conozco la respuesta que me hubiera gustado poder dar; me gustaría haber sido como uno de esos robots de tecnología punta japonesa, perfectos hasta el último de sus chips en su envoltorio metálico, pero que no son dueños de sí mismos y pueden ser desconectados en cualquier momento, a tan solo una gesto nimio que les regala una sensación plena de libertad y sobre todo de vacío liberador y suave, a merced de una mano inocente.

Eso siempre lo pienso en los momentos bajos, cuando la angustia se apodera de mí, y no solo la angustia, un montón de sentimientos inclasificables pero de un color muy oscuro que se atrincheran en mi mente impidiendo entrar a los demás, a todos esos que de poder, lucharían por un poco de cordura y felicidad. Es entonces cuando pienso que no me importaría tener un interruptor, pulsar y desconectar, hasta nueva orden, hasta que se hayan esfumado todos y cada uno de los los enemigos de mi estabilidad emocional.


Pero no hay nada sencillo en la vida racional y por supuesto no hay opción, la vida no es a la carta. A medida que creces, cada día aparecen nuevas trabas en un camino ya de por sí plagado de rodeos y complicaciones, nuevas obligaciones. No conforme con tener que crecer y adaptarse al horrible paso del tiempo que tanto miedo genera, el ser humano ha de enfrentarse a las obligaciones, a la muerte, al desamor, y aún así sigue luchando hasta el final, mientras alrededor todos caen a su paso.

Pero yo nunca fuí una luchadora, de hecho disto mucho de ser otra cosa distinta a un ser abocado a su propia autodestrucción. Es complicado odiarse tanto a sí mismo y desde luego no es la opción que todos escogeríamos si se nos diera a elegir. Algunas personas huyen de sus defectos, otras, como yo, nos chocamos cada día con ellos y con todas los obstáculos de los problemas psicológicos de una sociedad amargada.


Odio huir, odio llorar, odio necesitar atención constante para no morir de pena, pero es así, todos somos así, un saco repleto de miedos y de penas, un saco de huesos sin interruptor.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

fuck the world and fuck ourselves.

claire.

Anónimo dijo...

Nada de cacharros japoneses, ni interruptores. Se va la luz y ya estas jodido. Demasiada dependencia vital para que te enchufen y te apaguen. Quita, quita!
Además, lo único bueno que tendría ser un chisme de esos sería pegar calambrazos o electrocuciones cuando estas en pleno ataque de furiasis.

H