jueves, 13 de mayo de 2010

A.




La mayoria de personas nunca habla de sentimientos por temor a revelarse a si mismo, y a mi, que desde mi mas tierna edad no me ha faltado impetu a la hora de escribir hasta la mas nimia de mis aseveraciones lo cierto es que eso me ha confundido notablemente.

Hace tiempo pensaba conocer el amor, una absurda contradiccion si tenemos en cuenta que por conocer aludo mas a un sentido etimologico que ontologico, pero lo cierto es que yo sabia hablar, escribir, reflexionar durante horas y dar sentido y respuesta a todo aquel que me planteara todo lo relativo a esos curiosos rituales previos al apareaniento que jamas pensaba podria hacer mios, hasta que me toco enfrentarme de pleno a todos ellos como si de un estudio sociologico me tratara. De aquellos entonces no solamente era una pedante en potencia, tambien me quedaba demasiado que aprender.

Al principio todo fue pura impaciencia, impaciencia por no poder saciar las espectativas sociales de tener un status mas que consolidado pasados ya casi los diecinueve años, por rellenar los supuestas bases ficticias impuestas por miles de peliculas edulcoradas y mas bien pateticas, por no comportarme como aquella manada de hormonas que por aquellos entonces poblaban parte de la dehesa castellana y que me llevaron a querer buscar lo idilico en intentos frustrados de personas poco idoneas para mi particular y absurda cruzada elevado al grado de tragicomedia sin sentido. Solo tres intentos y dos mitades fueron suficientes para que en parte me apercibiera de que no solo de pan vive el hombre, y que a falta de pan buenas son tortas, precisamente las que a mi me sobraban despues de aquellas humillaciones varias y desgracias pasadas.

Pero el tiempo pasa, aunque la experiencia no por ello ayuda mas, y trascurridos algunos años de los reiterados experimentos, mi sistema limbico poco inmune a las influencias de los fragmentos dañinos de peliculas, novelas, canciones y recuerdos de amor pasional que el tiempo y los demas habian ido inculcandome desde mi mas tierna edad me volvio a jugar una mala pasada, convirtiendome no solo en una de las hermanas secretas de Emily Brontë que dedicaba miles de pensamientos y paginas al amor ideal, -aquel del que todos escriben pero del que nadie habla con sinceridad-, sabedora de que despues de todo encontrarlo iba a ser cuestion mas que de suerte, de probabilidad, sino en una especie de predicadora de sus virtudes y efectos balsamicos. Eran buenos tiempos.

Y no fue por buscarlo poco, que al final lo encontre, mas que por casualidad por descuido, entre dependencias afectivas traducidas en encuentros ciberneticos furtivos y multiples necesidades fisiologicas que no solo idealizaron mi concepto de aquella cosa absurda, sino que con el tiempo me obligaron a aferrarme a el con fuerza como si de la unica cosa sobre la faz de la tierra se tratara, tonta de mi. Y es entonces cuando por inercia casi, descubri porque la gente no habla de esas cosas, porque no se abre a los demas cuando el dolor que provocan este tipo de relaciones en algunos casos es insufrible e incomprensible, porque en el mundo suceden tantas y tantas cosas raras por amor. Poco hablar me habia llevado a un basto desconocimiento y a una razonable confusion que abotargaba mi razon. ¿Si querer es esto porque hace tanto daño? ¿Realmente hay un manual que pueda explicar paso a paso nuestro absurdo proceder?

Y entonces entre en trance durante dias, pues no es facil ver morir uno de nuestras mas aseguradas verdades reducida a un mero idolo de oro, y en esa fase me sigo encontrando, desde quien sabe cuando. Y a veces pienso un rato, me evado y hago autocritica,y aunque por mas que piense no hay solucion que valga echo de menos todo lo anterior, la inseguridad, el misterio, el miedo a lo que puede pasar.

El hombre sufre igual, cuando tiene algo, cuando no lo tiene o lo quiere, cuando deja de tenerlo, asi que al final todo es igual, ese estupido y absurdo sinsentido sobre el que no merece la pena investigar, solo experimentar, una vez y otra, y otra. Al final seremos inmunes. Palabra. Si hay que sufrir, al menos que sepamos por que es.

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