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martes, 24 de febrero de 2009

Memories



Me acuerdo que todos los Viernes salían a cenar, o casi todos, porque muchos preferían pasarlos en casa buscando excusas absurdas para no dejar a los niños solos, ahora que eran una familia completa con la llegada de Fernando. El recuerdo es muy nítido en mi mente porque nunca pude superar la censura de mi abuela ,que con su llegada alteraba la paz del hogar, con su monopolio de la programación televisiva y sus constantes críticas a los "besos apasionados",que según su trasnochado criterio, no eran apropiados para nuestras edades, y que yo veía a escondidas en la televisión pequeña cuando nadie se enteraba.


Seguíamos un ritual extraño mientras mamá se arreglaba, porque cuando después de mil horas terminaba, todos corríamos a la puerta de su cuarto para darla besos, (costumbre que se perdió mucho después), mientras papá despotricaba, voceando que una vez más, iban a llegar tarde, toda una constante en nuestras vidas, siempre bañadas con los gritos de nuestro padre.


Además me acuerdo de que siempre, esos días, me despedía por el telefonillo, no quería que se marcharan. Esperaba a que las últimas pisadas sonaran en los peldaños del portal y con un timbre inocente les decía que no tardaran, que la calle era peligrosa, y la casa con mi abuela aún más, ganándome alguna que otra bronca muchas de las veces.


Con el tiempo, perdí mis buenas costumbres. Me cansé de leer a Tintín en la sala de estar y trajeron un ordenador de mesa a casa. Dejó desde entonces, de escucharse mi voz a través del cascado telefonillo y dejamos de salir a la ventana a gritar tonterías varias en señal de agradecimiento, de dejar las notas en la entrada que ahora están guardadas en el cajón, con todos los trabajos del colegio, las postales de cumpleaños y del día de la madre, y que ellos atesoran aún por alguna extraña razón nostálgica.


Esa mañana, me percaté de que mamá bajaba las escaleras torpemente, las del portal de la casa nueva frente a la plaza arbolada en la que habíamos vivido ya casi doce años... cómo había pasado el tiempo. Me sentí exactamente igual que aquellas noches de Viernes con doce años, con una enorme sensación de dependencia, vacío y ansiedad. Se había despedido con un tono alegre fingido, a esas alturas no nos engañaba a nadie, pero en sus mejillas arreboladas, que resaltaban sobre el resto de la cara con un tono macilento y en sus ojos vidriosos se leía una gran preocupación. Con un nudo en el estómago y las lágrimas librando una ardúa batalla por no derramarse, agarré el telefonillo:



"Adiós Mamá, no volvaís tarde"

5 comentarios:

  1. muy bueno. Sniff, no puedo poner nada mejor.
    Claire.

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  2. Peter Llewelyn Davies: I still have no idea what to write.
    J.M. Barrie: Write about anything. Write about your family, write about the talking whale!
    Peter Llewelyn Davies: What whale?
    J.M. Barrie: The one that's trapped in your imagination and desperate to get out.

    Claire.

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  3. Hola señorita!! me gusta tu blog pero te daría un consejo. Quita la música. Si quieres que la gente lea con atención no es bueno tener distracciones por mínimas que sean.
    te seguiré leyendo, un besote.

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