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martes, 27 de abril de 2010

¿Y ahora?



He llegado a la conclusión de que no soy capaz de querer. ¿Acaso sabías que el dolor que soporta el alma en esas ocasiones -amores, desamores, algo fingido sin corresponder-, es proporcional a la pena por la soledad que son capaces de sentir los cuerpos lánguidos? ¿Y acaso importa? ¿A quién le merece la pena sufrir por algo temporal?

Y aquí estamos, tú, yo, tu de nuevo con tu nombre inventado,como el personaje que creé para ahuyentar mi fingida soledad,con el que quizá en algún momento pensé que lograria engañarme,cosa que no logré ni por un instante. Pero aún mi mente, el lugar donde anidan todas mis falsas esperanzas -es curioso el comportamiento del ser humano- trata de ahuyentar posibles fantasmas del futuro con un vano autoconvencimiento de lo que jamás sucederá, creando historias de mentira que de existir solo harían que tener un nefasto final.

Pero ¿Sabes qué es lo cierto? No es que tú seas moralmente superior, o que mi lado irracional esté mucho más desarrollado, que también puede ser, es sólo que ella va mucho más allá, no se deja retener por los parámetros de lo socialmente aceptado, por lo humanamente necesario. ¿Qué reir es necesario? Por supuesto, pero llorar también, de otra manera resultaría imposible ahogar nuestros temores e inseguridades.

Y lo cierto es que ahora resulta imposible identificarnos, tú lo negro, yo lo blanco ¿antes? casi hubiéramos podido pasar por una misma persona. Y mientras mi mundo languidece, por una decisión mal tomada, por un temor insondable, por una soledad vana, mientras mis ideas mueren, abocadas al purgatorio para expiar todos sus males. De nuevo en algún momento, reinará la calma.

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