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domingo, 28 de noviembre de 2010

Shine






Minúsculos copos de nieve se intuyen tras la ventana, tan fríos como el día, helador. La calefacción está a un nivel tan mínimo que incluso en la habitación se respira vaho por todas partes, aún a pesar de estar encerrados bajo un enorme fuerte, como en las películas del Oeste y en los juegos, construido a base de mantas que casi no logran tapar y dónde una respiración adormecida mece suavemente el pelo de mi nuca, que colocado estratégicamente trata de no rizarse demasiado, tarea imposible, batalla perdida. Un fuerte donde se acurrucan las mentiras que sólo susurran al oido palabras de consuelo por el momento. Nunca las cosas, volverán a ser como antes pero qué importa en ese momento.

No tardan en venir a mi mente en forma de sueño -aún en esa entrevela semiconsciente-, retazos de aquella velada nevada prenavideña, bajo un paraguas, con las zapatillas caladas de la humedad y los calcetines aferrazos con fuerza a mis meñiques que vaticinaban con éxito una afonía anunciada, nunca nadie te repite suficientes veces que las playeras no sirven para la lluvia. Las calles blancas y las voces roncas, y aún a pesar de todo, alrededor sólo pureza, que en breves horas se ennegrecería con la suciedad de los coches, como sucede con todas las cosas que no permanecen y son puras, ¿Por qué no iban a corromperse las cosas bellas? Pureza, ruido de campanas, pasan las doce. Todas las cosas importantes que de algún modo se conservan en mi mente, anuncian el tránsito, algo más. Ya lo decía el reloj.


Vuelvo a tí, nunca me he ido, ¿Cómo he podido mentirte tanto tiempo? ¿Mentirme a mí? Los días de nieve es mejor que no estés solo, con ese frío infernal, aún a pesar de las mantas, tantas mantas. Los fuertes no se construyen para una sola persona ¿Verdad? No resistirían los ataques, y los tiempos son malos. Me he dormido y he olvidado, ¿Qué pasó aquél día? Supongo que fue algo importante, que ya no tiene sentido. La nieve borra las cosas a su paso, el agua arrastra la suciedad y mi corazón está más que negro, supongo que se ha ido por fín, aunque yo no quería. Es fácil dejar que la suciedad se acumule, cuesta mucho trabajo ponerse a frotar.


¿Y sabes? que sí, ha sido la nieve. Aquél día, logró ocultar una lágrima de las mías, se confundió con ellas. Me encanta llorar, lo sabes, forma parte de la negrura de la que hablaba -Hablo contigo aunque duermas, pienso que en el fondo me oyes- aunque en el fondo se apreciar las cosas buenas, aquél día sólo era felicidad, no se iba a repetir mucho tiempo. Tenía los pies empapados, el frío se extiende, se contagia, es lo malo del invierno.


Vuelvo, vuelvo de nuevo, respiración acompasada, los calcetines empiezan a surtir efectos, ya no hace tantísimo frío. Las calles están desiertas, ¿Quizá me he perdido? no, nunca, he encontrado mi rumbo. He decidido que a partir de ahora, siempre voy a seguir las pisadas sobre la nieve. Creo que en algún lugar, al final de todas ellas, está mi casa. Seguiré caminando. Esta vez contigo. Siempre estaremos protegidos en nuestro fuerte.


1 comentario:

  1. simplemente me encanta, creo que has escrito algo precioso. Estoy impresionada por la manera en la que utilizas esos juegos de palabras

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