Cosas que hacen que la vida merezca la pena
La sonrisa de Mateo
Decorar cada rincón de la casa para que sea más mía.
Llegar a casa y que Lúa me espere de forma incondicional con su rabito en movimiento. Ver, que hemos hecho bien las cosas, al menos con ella.
Las ráfagas de aire de las tardes de paseo en el parque mientras bajamos al riachuelo donde se bañan todos los perritos.
Atravesar el puente del sotillo y que se tense la correa. La emoción. Las ganas. Recordar las primeras veces con ella.
Ser autónoma, no depender de nadie para las cosas básicas. Ser independiente y libre. Aunque ello se traduzca en tener que poner miles de lavadoras y estropear miles de platos o jerseys. Es divertido.
El calor asfixiante que nos hace echar mucho de menos el invierno (por eso, y sólo por eso)
Los conciertos que te devuelven las ganas de gritar a pleno pulmón, y a los quince años, a los veinte, aunque sea por segundos.
Mirar al cielo durante unos segundos mientras sientes el agua helada de la piscina calando tu alma y tus huesos.
La sensación de que el mundo pesa menos cuando flotas.
Sentarte en el montículo del parque mientras la perra corre en círculos con sus palitos.
Las cosas sencillas.
Reaprender a creer en el amor incondicional después de ver "Pillion", aunque no sea un amor al uso y signifique "dejar ir lo que hace mal".
Recordar esa sensación plena después de ver una película que te deja poso en el alma y dentro de tu ser.
Devorar una película y sentir que vives, por un rato, dentro de ella.
Amar, cualquier cosa, pero amar.
Ser capaz de dejar en el pasado lo que no debió ni siquiera pertenecer a este.
Aprender a volar e irme.
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