Atrezzo

 

La mayor parte de las cosas, en esta vida, son intrascedentes.

Es cierto que está bien tener un buen sueldo, que te valoren en tu trabajo, o incluso que tú trabajes cómoda y bien, irte de vacaciones y tener muchos amigos, pero en realidad, todas esas cosas son banales cuando nos falta lo más importante.

Resulta curioso que lo diga alguien que, como yo, soy tan materialista, pero precisamente, ese materialismo es el que me evita pensar en qué pasará cuando suceda cualquier catástrofe, y conste que para mí lo son todas.

Los últimos días me ha dado por pensar que no soy una persona triste, sino que me empeño en serlo. Es que he sufrido tanto en ciertos aspectos, que no creo que pueda soportar repetirlos. Tengo el recordatorio reciente de la enfermedad de papá y me aterra volver a sentir ese miedo de nuevo. Fue tan debilitante que pensaba que me arrastraría corriente abajo como un árbol a la deriva. Aunque todo salió bien, la vida tiene mil formas de salirse con la suya y no quiero. No me da la gana, es como si me hubiera plantado, es la típica escena de la película en que el villano dispara y alguien se pone delante para salvar a la protagonista, pero yo soy el escudo, porque seguramente me dolería menos el tiro, que sus consencuencias.

Anticipo los escenarios para que duela menos y la experiencia me dice que no sirve de nada. Ya me pasó en 2009. Aunque ahí no tenía madurez, tenía veintiún años y no sabía de qué narices iba eso de la pérdida. No sabía que tendría que coexistir con una suerte de agujerito mental que me acompañaría, seguro, hasta mi último día. Y que para colmo, el agujerito crecería con los años.

Así que...intento rodearme de cosas luminosas. Consumo en exceso. Vivo de más. Siento con una intensidad tan bestia que me provoca ataques de ansiedad. Pero detrás de todo, la verdadera máscara es la que intenta que los demás no vean que estoy sufriendo, porque tengo miedo. Porque sé que tarde o temprano algo malo puede pasar. Y la vida ya me ha dado muchas embestidas.

Lo que trato de decir, supongo, es que en realidad no podemos anticipar sufrir, no vamos a evitarlo. Quizá haya que rebajar el ego, la angustia y buscar la tonalidad brillante en la escala de grises. No soy una tacita de Mr Wonderful, y si lo fuera, sería una tacita triste, que nadie compraría. Pero sí me gustaría volver a creer en las frases motivacionales, en el poder del amor y en el altruismo como forma de salvación.

Quizá algún día. Ese día el sol brillará más fuerte y por fin volveré a ver mis estrellas

Comentarios

Entradas populares