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jueves, 6 de junio de 2013

Carta a todas mis catástrofes




Los recuerdos se pierden fácilmente, yo en cambio puedo presumir de conservarlos íntegros, casi mecanografiados mentalmente: una gran maldición. Todo ello a pesar de lo que estoy pasando últimamente, que no es poco.

A veces me da la sensación de que me quedé en 2009 y que todo lo presente no forma parte de mi; no en vano en esa fecha empecé a tejer los hilos de un futuro que nunca llegaría a consumarse. Y eso lógicamente duele. Como si me clavaran un punzón en el pecho. Algo así.

Y es que me mordiste, me mordiste y nunca podré llegar a olvidarlo. O quizá por eso lo escribo, para que nunca pase, porque no quiero, nunca jamás me volverá a pasar algo así. En aquella estación de tren, cuándo las siete de la mañana llegaban, después de una noche en tu casa, me mordiste en el abrigo y desde entonces he sido incapaz de desprenderme de esa trenca verde que lo significa todo. Me recuerda que alguna vez signifiqué tanto a alguien como para que me persiguiera durante un año entero, en aquel lugar donde el tiempo pasaba mucho más lento, y las vacaciones en un hotel se convertían en un suplicio sin tus palabras. No puedo evitar ser cruel echando de menos todos esos momentos y la persona que era cuándo pasaban, cuándo todo lo demás no existía, solo tu, yo y esa relación simbiótica tan extraña.

Y me has olvidado, aunque ni siquiera quiero que me recuerdes como antes.O no lo se. Aquella persona por la que tiraste encima un periódico al pesado de turno, por miedo a perderme, aquella a la que declaraste tus sentimientos a la puerta de un concierto, aquella a la que tocabas con miedo, como si se fuera a romper, a pesar de esa cierta brusquedad innata tuya. La misma a la que supongo engañaste al decir que seríamos eternos.

Y cuando ahora me abrazas el mundo se para. Volvemos a 2009. Ya no crees que vayas a besarme, solo te alejas a pasos agigantados como un desconocido, como si nunca hubiéramos dormido juntos tan pegados que daba miedo. como si nunca hubiéramos sido siameses a pesar de todo. Y a pesar de los rumbos diferentes que han tomado nuestras vidas siempre formarás parte de la mia. Porque un día, en alguno de esos recovecos que inventamos para llevarnos bien, te quedaste dentro. Siempre te dije que tenías un compartimento para ti y siempre lo seguirás teniendo.

Te echo de menos, pese a todo.

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