Inés y el jardín de las flores tristes

 


-Tienes un jardín lleno de flores bonitas, pero todas están tristes. -Musitó Adela.-
-¿Por qué será?-Le respondí con sorna.
Obvió mi comentario hiriente.
-Si quieres puedo prestarte las mías.-Se agachó y se arrodilló enfrente de la pequeña maceta que asomaba en la ventana del bar donde crecían alegrías y geranios de colores.- No es que sean gran cosa, pero todavía respiran.
Sonreí.

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