Nunca nadie pudo volar

 


Me pregunto si soy así porque la música que escucho es triste, o estoy triste por la música que oigo. Algo así decía, no sé si John Cusack o Jack Black, referido a la música pop en "Alta fidelidad".

Lo cierto es que yo siempre he encontrado refugio en la tristeza que emana de las canciones, de las películas nostálgicas. Como si me llevaran a casa. Como si fueran parte de mí o me devolvieran a un sitio conocido que no recuerdo bien. Tengo algo deformada en la memoria esa tristeza imperecedera que empezó a venir a mi al leer por primera vez a Gustavo Adolfo Bécquer y sentir que su amor, y su dolor, eran míos, tanto como si fuéramos de la misma especie. Lo mismo que hizo que me identificara con Franz Kafka y sus oscuros desvelos, casi suicidas o depresivos.

Entonces no comprendo porqué ese afán de volar y salir corriendo, esas ganas de encontrar la felicidad cuando yo misma me pongo obstáculos; cuando con el paso de los días lo único que puedo escuchar es a Guille cantando "Nunca nadie pudo volar, nunca nadie pudo escapar de aquí", como si realmente la persona atrapada en ese laberinto fuera yo.

Supongo que mi prisión es mi mente. Un laberinto. Un caleidoscopio que deforma todo.

Comentarios

Entradas populares