Y no tuve miedo

La primera vez fue poco después de que pasara y estaba yo sola en casa. Un móvil sin tarjeta y sin batería, el ordenador y otro electrodoméstico apagado y que hoy he olvidado, se encendieron de repente y empezaron a sonar hasta que a los pocos segundos, se apagaron de nuevo. 

Y no tuve miedo.

La segunda vez fue, creo, cuando llegó Coco a la casa de San Antonio, y entró, empezó a marcar todo y nunca jamás volvió a irse. Esa vez, me tuve que ir yo.


No sé si hubo tercera pero si he sentido muchos abrazos invisibles desde entonces, muchos abrazos vacíos y frases, susurros en sueños, que ahora me despiertan en calma. 

La última, cuando murió el tio Chuchi y tiempo después me enteré de que desperté exactamente a la misma hora que él se iba como si fuera un presagio.


Pensé que fue él pero hoy me doy cuenta.


¿Y sabes?


Tampoco tuve miedo.

Siempre supe que eras tú, que avisas desde tu nueva casa.

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