Leap day

No sé cuantos años tenía. Menos de treinta. Veía, allí, en una calle perdida de las Delicias, una película sobre una festividad irlandesa que te conecta con tu alma gemela. Salían, Matthew Goode, Amy Adams y una maleta de Louis Vuitton. Como olvidarlo.

Solo recuerdo que lloraba. Lloraba sin sentido. Y lloraba porque jamás iba a encontrar ese amor de película encarnado en una pareja de gente guapa que se enamora en parajes idílicos de la bonita Irlanda, que no era para gente como yo, fea y anodina. Gente normal que vive en sitios normales con vivencias aleatorias, casi anodinas.

Jamás debí hablar así a esa niña y jamás debí dejarla tomar tantas decisiones por su miedo al fracaso en todos los aspectos. Jamás debí dejar que la faltaran al respeto y pienso que tenía que haberla obligado a aspirar a Matthew Goode. Apuntar al cielo. Disparar. Caerme y ya si eso, luego, sacudir mis rodillas y curar las costras.

Pienso...

¿Y como le digo yo a esa niña que seguirá siendo así y que no tiene que llorar? ¿como se vence al miedo?

Algún día podré responderla. 

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