M
Hace tiempo habría descartado la idea de ir a cualquier sitio sola en tren. Ya lo hice muchas veces, tomé muchos autobuses por la persona equivocada, perdí mucho tiempo que podría haber invertido en mí, la verdad. En cualquier otra cosa.
Eso me hizo dependiente e inútil, al fin y al cabo.
Hoy, la idea de coger un tren a cuarenta grados me sigue pareciendo aterradora. Me confundiré de vía, me caeré, ¿sabré llegar yo sola hasta la calle de María sin perderme?....pero no, me obligo a cortar de golpe esos pensamientos y pienso en la última llamada de Mateo que pregunta que cuándo llego. Por supuesto no ha dicho eso, pero ha balbuceado algo que a mis oídos les ha sonado semejante y me conformo así.
Ahora cuando llegue el tren y me deslice bajo el calor por la calle de los Filipinos y detrás de "El campo grande" se que me esperará allí. Que me tirará un beso, me pintará, probablemente la nariz de verde, porque así lo he enseñado y me llamará "ia" veintincinco veces. Y a mí me parece la palabra más bonita del mundo la verdad.
La vida son contrastes. Por un lado no imagino, o sigo sin imaginar una vida sin mamá, aunque la viva, y por otra, no puedo recordar como sería todo sin ese ser de luz que nos ha hecho a todos mejores. Y todo es mejor, incompleto, pero mejor.
Hace tiempo no podría enfrentarme a la idea de ir en tren sola. Hoy no podría enfrentarme a la idea de una tarde de Martes sin Mateo.

Comentarios