Ayer volví

 


Los recuerdos son puertas y los puede activar cualquier frase, cualquier palabra. Aquella frase en concreto, se me ha quedado grabada a fuego en la mente y me ha quitado el sueño dos noches seguidas, quién sabe porqué. "El infierno está en la tierra" dice un personaje, quizá mal escrito o mal interpretado, no sé, pero con un diálogo final capaz de removerme por dentro de forma desagradable.

Quizá no debería infravalorar ese personaje, sabiendo lo que cuesta hacer nacer uno de tus entradas, de tus recuerdos y de tus faltas.

La frase me abrasa por dentro, porque por un momento siento que es así y da sentido a todas y cada una de las vivencias que tengo en la cabeza ahora mismo. No podría escribirlas porque son demoledoras, no podría escribirlas porque ese hueco de mi intimidad, creo que jamás podré compartirlo con nadie, aunque me siga bombardeando con flashes de recuerdos que se activan sin motivo aparente.

"El infierno está en la tierra", literalmente lo explica todo.

Pienso en mi madre, y en cierta forma ese calvario que no podría desearle a nadie. Pienso en el dolor de papá y en mi hermano de nueve años que no se mueve de la habitación porque sabe que si lo hace se va a enterar de algo que lleva días esquivando, como la normalidad a nosotros. Pienso en la residencia que visité recientemente. E incluso en la escritura que he tenido en mis manos esta mañana, la herencia de una chica a la que asesinó su marido antes de tirarse a las vías del tren. Lo terrible de lo cotidiano, de lo que hacemos cotidiano. Pienso en lo horrible que es el mundo aunque nos empeñemos en verlo de forma hermosa porque no queda otra a veces.

Me siento tristísima de repente, pero me consuela esa frase que en cierta forma me acaricia el alma, como si fuera imposible que las cosas puedan ir a peor. Y yo...me doy cuenta de mi fortaleza, de todo lo que hemos pasado. De los mareos en la facultad, de la visión nublada, las parestesias, toda esa ansiedad que explotó como la tormenta perfecta años después de que se fuera mamá y que me hizo pensar que iba a perder la cabeza. Y de verdad, siento alivio. Como si hubiera llegado a la última pantalla del videojuego y me hubiera dado cuenta de que el villano final del templo no es para tanto.

Siento alivio. De que no venga nada más. De que el infierno esté en la tierra. De que todo esto tenga cierto significado, ¿no? porque lo tiene. La frase ha sido reveladora. Ha provocado la apertura de un portal, de un vendaval de emociones dispares. Bonitas algunas, terribles otras.

Cuando era pequeña tenía miedo a la infinitud del cielo y me daba ansiedad los bucles de la eternidad. ¿Cómo no tenerlo si ya desde chiquita tenía esos pensamientos tan oscuros?

Ahora pienso que después solo nos quedará descansar. Y no había reparado nunca en ello.

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