Todología
No sé si es el tiempo, o que las cosas que antes eran pequeñas se van haciendo más grandes. Quizá si es el tiempo, la impaciencia y el amor propio que aunque bajo, a veces tienes que regar un poco.
Y observas ciertos detalles, quizá mínimos, pero que te hacen pensar que hay mucha gente que piensa que no estás a la altura, o que simplemente, valen más que tú y por eso todo vale. La condescendencia, las órdenes, las faltas de respeto veladas que obedecen muchas veces a no plantar cara y a decir sí a todo como un perro faldero. No sé si es mi culpa, u obedece a una mala educación pandémica que se extiende haciendo alarde de ir a más con el tiempo.
Y entonces el tiempo pesa. Poner buenas caras. Aguantar. Aguantar que la gente piense que eres imbécil. Imbécil, así con todas las letras. Cuando tú solo adoleces de defectos físicos y de un marcado déficit de inteligencia emocional causado por una educación proteccionista en exceso.
Pero no importa, porque solo hay muestras. Dentro, fuera, en todos los lados.
Las faltas de detalles. La dejadez. La extremada dejadez. Quizá en el otro lado de la balanza los años pesan de forma incorrecta. Quizá no los han usado sabiamente, para crecer en vez de para convertirse en seres grises. Seres grises que arrastran a los demás a convertirse en algo parecido.
Y lo peor, la ignorancia. La todología. La ausencia de un confidente. Los que se quejan de aquello en que se han convertido y van camino de convertirse en lo que más odian.
No hay amigos, porque nos creemos con derecho a todo. A hacer el mal en provecho propio cuando las cosas no salen como tenemos planeado.
Vivimos tiempos oscuros, en los que hay que elegir bien a quien hacemos nuestras confesiones, porque a veces, pueden usarlo en tu contra. Y entonces lo que en algún momento te causó alivio, solo te causa hastío.
Comentarios