Nuevos complejos, nuevas etapas
Esta mañana ha venido un señor. Un señor muy maleducado que, hace días, decidió llamarme gorda en mi puesto de trabajo. Así, de la nada. Sin que nadie le preguntara, sin que mi tamaño influyera para nada en mi desempeño de mi puesto de trabajo, sin que podamos decir que soy una persona "gorda", de verdad, al menos en términos absolutos, que a mí, los términos absolutos son los que más me gustan.
Pensamos que nuestras acciones y nuestras palabras rebotan en nuestros interlocutores sin ningún tipo de efecto, pero no es cierto. La verdad es que todo tiene sus consecuencias y en cuanto he visto al caballero en cuestión, lo primero en que he reparado es que tenía puesto un vestido largo hasta los tobillos, que dejaba al descubierto absolutamente todos mis brazos y se han activado todas las alarmas de mi cerebro, todas esas que, desequilibradas como mi serotonina luego me provocan mareos, náuseas y malestar.
"Mis brazos están gordos", he pensado. Y como no quería que me viera, sin querer he intentado disimular mi tamaño detrás de la pantalla del ordenador. Gestionar toda interacción con esta persona escondida detrás de una pantalla alta, por si se le ocurría volver a atacar de nuevo, sin venir a cuento. Me he tapado los brazos compulsivamente porque no quería exponerlos, no quería exponerme ni a mí, ni a mi cuerpo.
Hace días se refirió a mi tatuaje. ¿Podrás borrarlo con una goma? Lo dijo con sorna.
¿A quién hace daño esa conducta y cuál ha sido su detonante? y...¿ por qué tenemos que ser víctimas de las declaraciones desatinadas de otras personas?
Evidentemente, todo eso, ya viene de algo anterior. Un trauma enorme que me crearon desde pequeña entre muchos, un trauma tan grande como lo que para mí puede representar un insulto que igual para otros es nimio.
Mi conclusión ha sido clara. No podemos dejarnos afectar por la maldad de los demás, pero todos deberíamos reflexionar en qué momento de su vida se encuentra la persona en la que proyectamos nuestros odios. En mi caso, he perdido a mi tío, amigos, las fuerzas y la estabilidad emocional en medio año, no estoy capacitada para gestionar emociones básicas. No lo estoy.
Toca esperar, que la herida se cure. Y sobre todo esperar no volver a enfrentarme algo así, tan pequeño y tan grande al mismo tiempo. Porque las vendas se caen y las heridas se abren.
Y no es justo.
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