La bola negra

Hay un tema que ocupa mi mente un poquito más de lo normal desde el sábado, la idea de la trascendencia y la perpetuidad. 

"La bola negra" ha conseguido que me reencuentre con muchos pensamientos que viven en mi cabeza casi desde que nací, pero sobre todo los relacionados con sobrevivir al tiempo, con la supervivencia de cualquier tipo de arte. Incluso el mío, tan chiquito y mediocre.

Hay quienes ya hablan de la película como una obra magna, yo, prefiero ser más terrenal y definirlo como arte en el sentido más espiritual, el que ataca al alma sin que puedas defenderte, arrasa tus pulmones y hace que te queme la piel que parece un disfraz a la mitad de la proyección, cuando empiezas a sentirte pequeño en comparación con las dimensiones de un mundo en el que existe algo así, ese arte, con esa magnitud. La magnitud de quién retrata la muerte, el sexo, la guerra y el miedo con el preciosismo de quién dibuja un bello cuadro en tonos pastel que sobrevivirá mucho tiempo.

La conversación que se ha desatado en las redes sobre libertad, amor, de cualquier tipo y el arte que llena el alma, me ha calado de pleno. Y me siento una hormiga en comparación con la inmensidad de los pensamientos que nacen de la proyección, que repican como inmensas campanas dentro de mi cabeza. Me inspira Lorca, me inspira su poesía y los pájaros que piaban en su cabeza incansables invitándole a escribir sin miedo o con él. ¿Será que yo también necesito mundo para poder abrirme en canal y lograr expresar lo que siento?


Al final la idea es la misma, la supervivencia, el alma de un recuerdo. Entonces me doy cuenta de porqué temo tanto mis palabras y es que estas serán perecederas. Ellas son, serán, mi bola negra.

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