La luz de urgencias hace que la piel se vea amoratada y amarilla. Esos fluorescentes blancos, hijos del mal, los colocan para que sientas la urgencia de marcharte pronto en lugar de quedarte y sanar. Todo es demasiado impoluto, inerte.
La gente que te atiende, insultántemente joven, te hace sentir anciano, los ancianoa desorientados de alrededor, desesperanzada.
orrillos de personas hablando en una voz muy intensa, de sexo. La luz, la multiculturalidad, el desasosiego y esas máquinas de matrix que te fotografian el alma.
Me hacen rayos x pero yo noto que no ha sido del tobillo porque me dejan desnuda abierta a mi mortalidad.
Odio los hospitales.

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