El mundo es un lugar lleno de gente frívola

Es verdad lo que dicen de que algo se muere en el alma cuando un amigo se va. Pero también es verdad que hay otra cosa que nace. O eso quiero creer esta tarde en la que el sol brilla a pesar de todo. Esta tarde en que la ropa se pega al cuerpo, como las pestañas a los ojos, con esas legañas caprichosas que arrojan al llorar.

Me refiero, creo, a esa capacidad de echar de menos que es bonita siendo optimistas y al mismo tiempo amable. Que sigamos siendo capaces de amar aún en un mundo de locos egoístas. O al menos que algunos lo seamos, otros, otros no.

Llevo triste desde el sábado y el mundo me parece un lugar lleno de gente frívola que sigue su camino como si nada hubiera pasado. Como si nada de esto que ha pasado nos hubiera marcado o como si todo siguiera igual. No es así, no he sido ni capaz de levantarme para mi trabajo de tarde. Ya no, ya basta.

Vi una escritura en el armario del trabajo con tu nombre. ¿Como es posible que estuvieras aqui y ya no?

Te vi hace poco, flaca, cansada. Tan poco como para que aún sea más traumático. Te vi y me recordaste a alguien, lo que me hizo llorar. Ese día terminé fundida como si supiera como iba a terminar todo. Y efectivamente terminó como pude reconocer en la tristeza de tu mirada. La desesperanza del que no vence. Eso no es cierto porque sí ganaste al miedo y eso es grande.

No sé si soy generosa, o egoísta porque temo mi propia muerte. Pero si sé que si hoy sufro no es por mí, es por esas ausencias que ya pesan y que quitan las ganas de continuar.

La felicidad, ese lugar tranquilo, se me antoja ya desconocido. Está lejos. Como tú.

No puedo más. Hoy es ayer y mañana quizá ya haya terminado en otro universo donde todos estemos juntos. Nunca se sabe.


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