Hoy he pasado por el portal de la casa en la que crecí, en el que pasé los años más bonitos y los más puros de mi vida. Toda etapa es diferente, pero esa, seguro será la mejor época de todas.
Paso muchas veces despistada pero hoy me he parado a mirarlo. Antes era verde, pero también era un hogar, ahora es gris y triste, la puerta de un órgano oficial. La puerta de un edificio sucio que alberga muchas cosas antiguas y bonitas, todas ellas intangibles.
Hoy ya no hay telefonillo. Desde ese aparato me despedía todos los Viernes de papá y mamá cuando salían a tomar algo. Decía adios a Casilda cuando se marchaba casi de forma ritual a diario. Desde allí bajábamos a la plaza, con nuestros uniformes elegidos por mamá y volvíamos del colegio. ¿Las cosas materiales tendrán recuerdos y conservarán de alguna forma la marca de las cosas que vieron? ¿Quedará en alguna parte algún rastro de la risa de Arturo, de mis juegos con María, del triángulo de los secretos? Quién sabe ya.
Ya no hay telefonillo, lo han arrancado para que la gente no moleste, aunque bueno ya no vive nadie. Han silenciado las voces infantiles que se desplazaban por el cable telefónico. Tampoco quedan creo, las escaleras de caracol por las que se cayó Arturo cuando era muy pequeño. Las casas de moqueta verde son oficinas y el edificio apunta un poco más alto al sol.
Este portal es un poco del símbolo del cambio de todo. Todo cambia, nada permanece. Las cosas siempre desaparecen por suerte o desgracia.
Sin embargo, a pesar de todo, cuando he visto bajar a papá del trabajo, he recordado (aunque ya suena un poco lejos) la risa de mamá y he sentido algo bueno. Ojalá pueda seguir muchos años buscando aquí a mi padre. Ya no rescatando recuerdos viejos, sino creando nuevos.
Quizá incluso la puerta sea testigo de como crece Mateo. De como crece la pequeña Elisa que aún es solo un proyecto del tamaño de un gatito.
Nos vamos convirtiendo en las historias que fueron, con los días. El tiempo da miedo, también perspectiva.
Me siento estática como la puerta del portal. A veces me siento sola y siento que solo me queda vivir de esos recuerdos, con los que precisamente empezaba a escribir en este blog.
Echo tanto de menos la felicidad que escondía esa puerta, que quizá eso me llevó hoy allí.

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